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December 13 DIARIO DE VIAJE POR EL RÍO DE LAS AMAZONAS1er DÍA: luego de un abordaje desde la lancha, trepando por la baranda con todo y mochila al mejor estilo "Jack Sparrow" (ver la peli “Piratas del Caribe”), buscamos un buen lugarcito para atar las hamacas. Era el mediodía, pero igual convenía anticiparse ya que nos habían advertido que eso se transformaba al poco rato en un despelote de gente. Un amigo nos había recomendado colgarla “del lado de la pared” y eso fue lo que hice. De todas maneras, parecía innecesaria la recomendación hecha “para no quedar hecha sándwich entre las otras hamacas”, porque éramos tres personas más y nosotros. El barco zarpaba al día siguiente. Por la tarde, la tripulación fregaba hacendosamente la cubierta. Ni los palos que sostenían las barandas, quedaron sin limpiar. Una maravilla. Recorrida por el navío “ONZE DE MAIO” y evaluación de sus “comodidades”: PISO DE PASAJEROS, cuatro banhos con ducha (que me parecían medio pocos para las esperadas 160 personas); cuatro piletas de lavarse las manos, con jabón y espejo; un dispenser de agua fría (upa!); cuatro camarotes (con precio diferencial, obviamente) con dos cuchetas cada uno; dos banhos para compartir entre los cuatro camarotes; cuatro bancos largos, dos a la izquierda y dos a la derecha, acomodados a lo largo de la baranda. PISO DE ARRIBA: una barra de bar; dos parlantes grandes (chan!); mesas y sillas de plástico apilables; aprox. 20 botes salvavidas (muy bueno); techito amplio frente a la barra (sino, supongo que sería imposible estar en cubierta); cuatro camarotes más (con aire acondicionado y banho privado); cabina del capitán (a babor). BODEGA: no la vi porque no te dejan quedarte, pero más o menos tenía un agujero en el piso donde había un montón de tipos metidos, que iban atajando las cajas, bolsas y paquetes que los otros les pasaban. A la tardecita, famélicos (no habíamos almorzado), y viendo que el barcito del barco no abría ni a palos, decidimos bajar a comprar morfi y recorrer un poco el mercado que está frente al puerto. Como el mono de la lancha nos cobraba 6 mangos más por cabeza (casi dos comidas) para volver a cruzarnos, decidimos encarar nuestra condición de ilegales y pasar por el puerto (la salida “paga”) saludando al guardia en perfecto español. Atravesamos la salida sin problemas. Ya en tierra firme, chusmeamos por aquí y por allá, comimos un pescadito con arroz y ensalada, compramos algunas frutas y una vianda de la misma comida, y decidimos volver a abordar el barco por donde habíamos salido. Con nuestra más argenta cara de boludos quisimos cruzar otra vez la puerta, pero… oh oh! El guardia nos hizo “Martín Pescador” (juego antiquísimo que quizás recuerden los mayores de 30) y… casi no nos deja pasar!!! Por suerte, apiadándose de nuestras caras de caídos del catre, nos explicó lo que ya sabíamos y nos dijo que por esa vez nos hacía la excepción y nos dejaba volver al barco, pero que no podríamos salir más. Por suerte, contabilizábamos ahora entre nuestras provisiones: un repollo, un kg de zanahorias, cuatro tomates, queso, pan, leche en polvo, chocolate y café. Esa noche, demostrando que somos más evolucionados que un pollo, dormimos el suenho de los justos con todas las luces del barco encendidas. Entre una sinfonía multicolor que incluía: los gritos y carcajadas de los estibadores –los tipos no pararon de cargar en toda la noche!!!-, música popular brasilera (MPB) alentando el trabajo de nuestros guerreros, y el motor del barco que bombeaba el agua de las bodegas. Todo matizado por el olor a querosén de los motores de los camiones que venían a descargar. Un festival pa´l inconsciente, que como dicen algunos sigue despierto.
2do DÍA: primer amanecer en el barco. Dormí bien, calentita, y mi inconsciente ignoró con bastante éxito todos los estímulos. Conclusión, que a pesar de las patadas de Germán en mi cabeza (es que el cuerpo en la hamaca adopta posiciones algo bizarras) y los movimientos de mis vecinos, me desperté a las 9 de la manhana. En el barco, la cosa va tomando color: empezaron a caer vendedores de comida y chucherías, y luego llegó un señor con cara de mandamás a inspeccionar los papeles del barco. Lamento no entender portugués, porque me estoy perdiendo la conversación entre el tipo este, que parece ser de Salud, y el capitán. Al mediodía, la plataforma ya es un hervidero de gente, y un tipo (que después resultaría ser el capitán, con cara y humor de perros) nos colgó de mala manera una hamaca entre la de Germán y la mía. El barco comenzó a maniobrar y se acercó mucho a otro que está varado: el movimiento comienza a revolver un poco la panza. Mejor, porque no nos vendría mal un medio ayuno, después de tanta fritanga venezolana. Cosas que pasan vendiendo por cubierta: comida, anteojos, jugo, empanadas, helados, frutas, juguetitos, galletitas, relojes, CDs y DVDs, CDplayer, cinturones, bijouterie, estuches para celu, juguetitos electrónicos, platos, bichos con luz, sogas para atar la hamaca, gaseosas, sombreros. (14h) Entre Germán y yo ya hay 4 hamacas, y el compa casi se me pierde entre un montón de gente a diestra, siniestra, babor y estribor. Ambos decidimos apostarnos firmemente en nuestras respectivas hamacas, como para evitar que nos cuelguen una encima. Justamente, a mi derecha tengo dos vecinitos , un nene y una nena, contra quienes aparentemente me comprimiré para dormir esta noche. Algo genial de este sistema de dormir –además de que ocupás poco espacio, y podés descolgarlas de día (por supuesto, no en este contexto)- es que los costados de la tela te tapan la visual. Esto te da una cierta –precaria- intimidad que podés aprovechar para rascarte el culo libremente, sacarte los mocos, y otra serie de necesidades poco sociales a las que entre tanta gente sería imposible dar curso. Cosa que no deja de ser importante para mantener la subjetividad entre aproximadamente 200 personas en estado de hacinamiento colgante y flotante. El barco se mueve otra vez, y a juzgar por la cantidad de gente… ARRANCAMOS!!! (17h) Durante gran parte de nuestro recorrido, presenciamos la (des) unión de los ríos Negro y Solimões: sus aguas –de distinto color- se juntan pero no se mezclan, al menos no “gradualmente” sino en forma de “pedazos”, formando manchones que parecen retazos pegados. El Río Negro, que es el que pasa por Manaus, tiene aguas negrísimas, porque están formadas por muchas partículas biológicas en rápida descomposición, a causa de su ph ácido. Este tipo de ríos nace en las Guyanas (en la zona donde están los tepuyes!), en sitios con poca erosión y pocos sedimentos para arrastrar –inclusive en época de lluvias-; y corre de norte a sur porque. Después me enteré de que su visibilidad es de 4 metros!!. El Solimões, en cambio, es de aguas claras, barrosas: este tipo de ríos nace de los Andes (sí, leyeron bien!!!) y corre hasta el Atlántico; sus aguas arrastran muchos sedimentos y por eso tienen un color más claro, un pH más alcalino, y una visibilidad menor (0,1 a 0,5 m). Entre este último tipo está el propio Amazonas y sus formadores, que –como llevan más materia orgánica- tienen muy buena pesca y están rodeados de áreas muy fértiles. A propósito: sabían que el Amazonas cambia de nombre 7 VECES durante su recorrido, desde su nacimiento en los Andes peruanos hasta su desembocadura en el Atlántico?
3er DÍA: primer día de navegación, y de convivencia con el espíritu amazónico. Ayer, cuando todos terminaron de atar sus redes (así les dicen acá a las hamacas, independientemente del material con que estén hechas), Germán subió a la terraza quejándose de que “entre tanto amontonadero, no corre el aire: no sé cómo vamos a hacer para dormir esta noche”. Pero luego de que el barco arrancó, bajamos y oh sorpresa! Las redes flameaban enloquecidas con el viento que les daba el movimiento del navío. Conclusión: que anoche dormimos en medio de un viento que casi nos lleva volando, cosa que impidió nuestra compresión entre otras 200 buenas gentes. La mala noticia es que en realidad no fueron los ninhos mis vecinitos de hamaca, sino su señora madre: una gorda de 100 kg con una voz de bocina de bus choronicense, que por la noche me aplastó sin piedad contra la pared, y por la manhana me despertó gritándoles a los hijos en MI oreja. Felizmente, la mayoría de los pasajeros prefiere quedarse en sus redes, así que la terraza está muy tranquila: críos jugando con pistolitas de agua, madres de los críos controlando que ninguno se arroje a las amazónicas aguas, gringos tomando sol, tipos que matan el aburrimiento a porronazo limpio, y nosotros dos, gente sana y de bien, HACIENDO GIMNASIA MATINAL!!! Jejejeje…. Observando el barco, se activa mi neurona delirante (lo dije en singular?). ´Tá bueno el barco este, me refiero a uno sin tanta gente, para poder vivir. A ambos lados se ve el río, las costas a varios km, y arriba todo el cielo abierto: un patio interminable! Si a esto le agregamos unas cortinitas alrededor, unas plantas lindas y unos lindos sillones (y sí, una tiene su sentido estético también)… Lugar excelente para dar rienda suelta al suenho de tod@ teatrer@ de sangre aventurera: una función para adultos y otra para ninhos, con talleres varios para compartir con las comunidades ribereñas. Algo así como el “Nau Mon”de la Fura dels Baus, cosa que demuestra que los tipos no son ningunos boludos a fin de cuentas. (15h) El barco está detenido desde hace unas 3 hs en el Puerto de Parintins, cargando botellas de cerveza vacía. Deberían darnos al menos una cerveza gratis, por hacerle el aguante a los negocios del capitán. En la terraza no se puede ni estar del calor (ni te digo en cubierta), nos sentamos a hacer artesanías y las gotas de transpiración nos corren por el esternón que es un preciosor. Es que en la cubierta el sol da duro, y –como estamos detenidos- no sopla ni una mínima brisita. Por suerte, se viene un tormentón de aquellos que todos conocemos por esta zona, igualito al que nos despidió ayer de Manaus. Espero que el capitán termine su negocio antes de que nos agarre el aguacero en medio del río. Germán juega a las cartas con los compas de viaje, y aprovecha pa´chamuyar en portunhol, mientras los compas intentan hacer lo mismo pero en inglés… y eventualmente, solicitan mi asesoramiento para batirles algún piropo a las británicas. Jajajaja! AGUANTE LA BABEL FLOTANTE!! Entre estos amigotes, hay un camionero que viaja por el nordeste, un gringo grandote, locuaz e histriónico, que siempre está contando chistes y haciendo reír a todo el mundo. También hay un flaco (Magrâo) de Belem que trabaja en una maderera en el medio de la selva durante tres meses seguidos, y vuelve a la casa por quince días: así, desde hace dos anhos. Este amigo es un fiel exponente d la problemática socioeconómica local: su trabajo consiste en derrumbar árboles centenarios con una topadora (actividad ilegal), y nos cuenta que ese es uno de los escasísimos empleos de esta zona que le permite ganar un sueldo decente, con el cual mantener a sus tres hijos. Que por supuesto, sólo con mucha suerte conocerán la Amazonia que su padre ve. (19h) Tocamos otro puerto. Es de noche y las luces de la calle están llenísimas de bichos (imagínense si no), como nubes densas alrededor que –desde lejos- se ven preciosas. En la hilera para retirar la cena, nos pusimos a conversar con dos inglesas (bah, una es galesa), y comentábamos que es increíble la tranquilidad del barco. A pesar de que estamos todos amontonados, durmiendo literalmente encimados, con sólo 4 banhos con ducha para tod@s... NADIE SE QUEJA, NADIE PELEA, TODO FLUYE PACÍFICAMENTE! Hasta los críos, que son cerca de 10, están tranquilos y juegan sin atormentar! En el área de las redes, hasta se puede dormir en cualquier momento del día. Y en la terraza, la música está –increíblemente- a un volumen que permite el diálogo ameno. Además, el lugar se mantiene bastante limpio, para la densidad poblacional comentada (que me perdonen los hermanos bolivarianos, pero… CÓMO SE NOTA QUE NO ESTAMOS EN VENEZUELA!!) Sin embargo, en diferentes blogs hemos leído el comentario de viajer@s a quienes les tocaron en (mala) suerte barcos ruidosos, gente que se apretuja (acá eso ocurre, pero sólo de noche, cuando TOD@S nos acostamos a dormir), críos que corren y gritan entre las hamacas desde las 5 de la manhana, bar con pop “cutre” a todo volumen, en fin… Afortunadamente, en este barco no es así, y sólo pasan música brasileña, que está re buena! Lo único que no está tan bueno, es la comida. Adivinan? Cucharón de arroz, cucharón de feijao, breve estofado con sombra de carne, y cucharadita ínfima de “ensalada” (cebolla y tomate picaditos chiquiiiiiiiiiitos). Todo acompañado con ABUNDANTE farinha (harina de mandioca tostada), que -a decir de los locales- regada con mucho agua, se hincha en el estómago y te da sensación de saciedad. Cena del día: lo dicho. Puntuación: 6. Costo: 5 R$.
4to DÍA: (5.50 am) “por la boca muere el pez”: antes del amanecer, el barco obedecía exactamente a la descripción hecha por el amigo con mala fortuna. Críos llorando impacientes, gente hablando a los gritos, movimiento de bultos. Motivo? Llegamos a Santarem, principal puerto y ciudad más grande de la ribera del Amazonas. Acá el barco descarga y vuelve a cargar, así que nos quedamos hasta las 17h. Lo bueno es que te dejan bajar a tierra, así que nos iremos a dar una vueltita a ver qué onda. Ni les digo el amanecer que fotografié, un sol fucsia saliendo por detrás de las torres del puerto –que aún tenían las lucecitas encendidas- y todo el río tenhido de violeta… (16h) Dimos una vuelta por el pueblo: no mucho para ver, parece Villa Ocampo o Malabrigo (para quienes conocen el norte de Sta Fe). Fuimos al Mercado Municipal, y también pasamos por otro de pescados: es increíble la variedad y cantidad que hay, parecieran sacados del mar!! En el mercado nos encontramos con un montón de gente del barco, todos con buenísima onda; algunos nos convidaron cerveza, otra, sandía; otro, nos recomendó dónde ir a almorzar. Compramos provisiones –frutas y verduras- para el resto del viaje, que calculamos 3 días, y almorzamos un riquísimo pescado asado: también compramos otro para la cena. Cuando volvimos al barco, otra escena de la generosidad brasileña: el gringo grandote había comprado camarones de río (que en el mercado te venden a cuatro mangos el kilo) y convidaba a todo el mundo, estimulándolos a los gritos a comprobar si es verdad eso de que son afrodisíacos… Por supuesto, un coro de carcajadas le hacía eco todo el tiempo. Mientras tanto, otro gringo (este, auténtico: irlandés) ofrecía uvas para acompañar los camarones. Una auténtica bacanal. (Ahora que lo sé, me pregunto: habrá sabido esa buena gente, que para pescar una tonelada de camarón se desperdician 4 toneladas de pescaditos?) Tomé fotos de todo ese festejo, incluyendo a las británicas haciéndose la manicure sumergidas en sus hamacas. Y después aproveché para dormir un siestón, porque la gorda –que unos instantes antes estaba trabada en transversa- había salido de su hamaca, liberando el campo. Después me pondré a hacer algunas artesanías, a ver si vendo un par de cositas más (ayer vendí unos brochecitos para el pelo!!) (23h) Luego de la cena, tuvimos una linda charla en inglenhol con l@s representantes de Gran Bretaña (la inglesa, la galesa y el irlandés). Las chicas me contaban que quieren viajar por 7 meses hasta cruzar a la Antártica, y luego volver por Chile hasta Perú, en un caminito de hormiga inverso al nuestro (que iba pa´l norte buscando el calor…). Por supuesto que aprovechamos para darles todos los consejos de “viajeros experimentados”. La galesa (Mary) nos contaba que quiere viajar por Trelew y otra ciudad que está en frente, que son las dos únicas de Latinoamérica donde TODAVÍA SE HABLA EN GALÉS (o galo?)!! y que TRE significa ciudad, en galo. El irlandés me desburró un poco en relación a las guerras civiles en su país. Ha visto, todo lo que una aprende en un barco sobre el Amazonas?! Cena (y almuerzo) del día: remitirse al “4to DÍA”. Puntuación: 5. Costo: 5 R$ cada comida. Por suerte, nuestro repollo parece eterno!!!
5to DÍA: hoy otra vez amanecimos con bullicio; bocina de barco llegando al puerto, gente hablando a los gritos, críos llorando, estibadores llamándose, ruidos de carga y descarga… Es que arribamos a Parinhas, donde el barco estuvo descargando un par de horas más. En cubierta estuvimos conversando con otro personajito típico: un chico de 17 anhos, ayudante de carpintero, que vive en Santarem y va a Belem a rendir un examen para entrar en la Marina. Todo por la promesa de ganar un salario de R$ 2500, cosa impensable en su trabajo actual. (8h) Puerto. Mientras los estibadores cargaban y descargaban haciendo equilibrio sobre los palos del puerto (no había muelle), aproveché para comprarme un vasito de mazamorra y le encajé toneladas de canela… pero la mazamorra era SALADA!! PUAAAAAAAAAAAJJJJ!!! Obviamente siguió subiendo gente (cosa que no dejó de ocurrir en todos los puertos, a pesar de que no lo haya mencionado), cuando entre las hamacas ya no cabe un alfiler. Adivinan dónde colgaron sus hamacas? En la bodega. ARRANCAMOS!! Para demostrar cuánto le importan sus pasajeros, el “copado” del capitán dejó a dos tipos que bajaron a comprar un desayunito. A pesar de que toda la gente le gritaba que los espere, y que los pobres viejos se descostillaban haciéndole senhas (el barco recién estaba desatracando). Por suerte, una familia que recién salía en su lancha los acercó, y pudieron alcanzarnos otra vez. Aguante la solidaridad de los ribeirinhos!! En la terraza hay una vista preciosa. El río sigue siendo ANCHÍSIMO (a diferencia de lo que esperábamos encontrar, la típica imagen del Discovery donde el barco va por canales estrechos con orillas de fronda espesa) y su reflejo va cambiando con el color del cielo: violeta por la madrugada, luego rosa, naranja, rojizo, blanco, oscuro por la noche… es increíble la sensación de libertad que da tanto espacio abierto. Nos dijeron que a veces se pueden ver manadas de animales tomando agua en sus orillas, pero para ver un bicho desde acá necesitás un largavistas, salvo que sea un elefante. De día se oye la música del bar y las conversaciones, pero al amanecer –nuestro horario favorito para meditar y/o sacar fotos- sólo el motor del barco y el sonido del agua, porque los pájaros están muy lejos en los árboles de la orilla. (15h) Otro puerto! Llegamos a Almeirim, donde toda la tripulación se abalanzó sobre un heladero e hicimos una chanchada general con la chorreadera de los “picolés” (palitos helados de crema). Yo me comí dos, en una competencia sin tregua con la gorda. Y nuestro amigo Magrão nos regaló queso amazónico, que está riquísimo. (22h) OTRO PUERTO MÁS!! Creo que si el viaje se hiciera directo de Manaus a Belem, no tomaría más de 3 días. El puerto este se llama Guarupá, y no descargamos sino que cargamos… ACCIDENTADOS!!! Cartón lleno: suben dos tipos rengueando –uno con la pata fracturada, aparentemente-, y la moto destartalada. Van a Belen a hacerse una radiografía. Hay una luna llena preciosimísima, pa´agarrarse a besos en plena terraza (cosa que ya han hecho una austríaca y un yanqui que subieron separados, y ahora están bien acarameladitos… jejejeje!) Otra promesa de la noche: apenas salimos del puerto, empiezan a sonar cuetazos y tiros en la terraza. Motivo? “El pago de una promesa” me informa la gente del barco. Es que estamos pasando frente a la iglesia de San Benedicto, a quien los pirotécnicos le han hecho una promesa, y esta es la forma en que le demuestran su agradecimiento. Comida del día: remitirse al “4to DÍA”. Puntuación: 5. Costo: 5 R$ (sólo comimos almuerzo). Genial la de haber comprado verduras en Santarem: a la cena zafamos de los feijao con unos sándwiches de queso, lechuga y tomate.
6to DÍA: (10am) Descarga, en el que supuestamente sería el último puerto (a esta altura, ya perdí la cuenta de cuántos llevamos). Hoy me desperté a las 5 y aprovechando que todos dormían, me fui a meditar a la terraza. Cuando subí, todo estaba en penumbras, y a lo lejos parecía verse el habitual paisaje de las costas. Pero resulta que a poco de estar meditando, empiezo a sentir olor a flores: pensé que alguna tempranera como yo habría subido a la terraza recién banhada, y seguí absorta en lo mío. Al rato, olor a quemado: bueh, haasta que alguien de la voz de alarma porque se quema el barco, no pienso entregarme a los cardúmenes de pirañas. Y seguí meditando. Después oí críos gritando y jugando, cosa bastante difícil ya que aquí, en la terraza, ya que –como les comentara- el sonido no sube desde la cubierta. Ya cuando oí ladridos de perro, mi gato interno decidió suicidarse: la curiosidad me hizo abandonar la meditación, y al abrir los ojos FLASHEÉ ante el nuevo paisaje. El río se había estrechado a un quinto de su ancho anterior, y AHORA SÍ aparecía ante mí el típico paisaje del documental: el sol naranja del amanecer iluminaba un cauce estrecho, cercado de enormes árboles y palmeras entre los que asomaban casitas de madera construídas sobre pilotes. A pesar de que era muy temprano, varias canoítas con críos ribereños se acercaban al barco para alcanzar alguna de las bolsas que la gente le tiraba desde cubierta, con comida, ropa, etc. Esto me hizo reflexionar acerca de algunas cosas, a saber: 1°) est@s crí@s son hij@s del río en todos los sentidos: fueron concebidos y paridos al lado del río (se imaginan que acá habrá un parto hospitalario, a dos días de viaje del hospital más cercano?); su “patio” es el río, ya que las casitas están en su mayoría rodeadas por agua o por tierra semianegada; y viven del río, el río los alimenta, les da agua y en él se higienizan. Luego leí que la mayoría de la gente de esta zona saca el agua directamente del río, y la beben así nomás, sin ningún tratamiento. Obvio! 2°) la vida sí que debe ser ardua acá –aunque sin dudas sea tranquila: supongo que la gran mayoría de las cosas se debe hacer en casa, siendo que están a varios días de viaje en barco de cualquier tienda medianamente surtida… Y lo que no se puede hacer en casa, no existe! Y recordaba lo incómodo que era a veces la vida en Choroní, donde teníamos que esperar al miércoles (que era el día en que venía el camión) para comprar verdura fresca… Dentífrico, papel higiénico, saquitos de té? Jajaja!! Probablemente, las compras de una familia sean poco más que aceite y arroz. 3°) Y andá a conseguir una farmacia de turno para comprar aspirinas, preservativos, o toallitas… Hay otra opción que la medicina tradicional de diagnóstico empírico y tratamiento sintomático, a base de hierbas, en una zona a dos días de navegación de un aparato de rayos? 4°) Eso sí: como en todos lados, hay una sola cosa que no se produce en una casa, pero que tampoco falta en ninguna. Las antenas satelitales!!! Siii!!! La sociedad de los cerebros muertos también invade la Amazonia, y no hay casita, por humilde que sea, que no luzca sobre su techo un disco para captar la tv satelital. Y bueh, todo sea por la planificación familiar. (17h) Las británicas están tiradas al sol en la terraza, compartiendo auriculares y coreando compenetradamente a dúo todas las letras de los Rollings… diáspora a la vista: QUÉ NOSTALGIA DE LAS BERTOLINAS Y LAS GORDIS!!! Mientras tanto, Germán sigue timbeando con los amigotes del barco, que a esta altura ya en su mayoría están en pedo. En la terraza nos ponemos a conversar con Carmino, un ingeniero agrónomo que está haciendo un posgrado para venir a aplicar los conocimientos a la Amazonia (espero que no sea para talar árboles y meter vacas). Y a un colega aventurero cincuentón, que había estado viviendo tres meses en el alto Amazonas (cerca de Leticia, en la frontera con Colombia). Él nos contaba que –a pesar de lo que una pueda imaginarse, con tanta selva y árboles y plantas- la gente de acá sólo come pescado y farinha. No están habituados a alimentarse con vegetales y frutas, y esa es muchas veces una de las causas de malnutrición de los chicos. Una de las cosas más interesantes del viaje fue enterarnos de que este navío tuvo dos naufragios. Ambos, en la desembocadura del Amazonas, donde la corriente de salida se pone turbulenta al entrar en el mar, causando un fuerte oleaje. Y no deja de ser un detalle el hecho de que estamos cerca de la foz (la desembocadura) y sobre nosotros empieza a cernirse una tormenta digna de las apocalípticas películas yanquis. (20h) No, no era el último puerto. La tormenta maula nos obligó a parar otra vez, y por supuesto el capitán aprovechó para cargar un poquitín más el barco. La tormenta despuntó con un viento juerte juerte que enloqueció un poco el oleaje, y el correspondiente aguacero torrencial; pero por suerte no pasó de algunos efectos especiales durante algunas horas. Se ve que el capitán aprendió a respetar las razones de la naturaleza, y sólo cuando había cesado hasta la ínfima lluviecita, volvimos a arrancar.
7° DÍA: TIEEEEEEEEEEEEERRRRRRRRAAAAAAA!!!!! AL FIN!!! Tipo 5 am llegamos a Belén!!! La gorda se puso a atormentar con la bocineta desde las 3.30 am, así que hoy sí que Dios nos tiene que ayudar. Menos mal que llegamos, porque los banhos ya son un chiquero, todos inundados y sin una limpiadita desde hace dos días; no hay agua fría en el dispenser desde hace tres días; y nuestros estómagos claman por comida fresca y lácteos!!! De todos modos, llegamos muy felices. La experiencia fue hermosa, en el camino conocimos –y vivenciamos- algo que de otra manera no hubiéramos conocido: la forma de ser y vivir de l@s pobladores de la Amazonia. Aprendimos que aquí (sobre)vive gente capaz de enlazar un barco en marcha (miren sino la foto del tipo que ató su canoíta del barco, para intentar vender una botella de açaí), muchas veces ignorante de la riqueza inmensa que los rodea, hasta el punto de atentar contra ella con tal de ganar unos mangos. También conocimos –y degustamos!- la inmensa fertilidad de las aguas y la selva del Amazonas. En fin, que si tuviéramos la posibilidad, nos compramos un barco y hacemos la gran García Márquez. Así que a quien le gusten las experiencias de carácter antropológico… SE LA RECOMENDAMOS ENFÁTICAMENTE!!!! Y rápido, que hay que conocer la Amazonia para empezar a cuidarla de verdad... que no se cuida lo que no se ama, y no se puede amar lo que no se conoce!!!
***ULTIMAS ANOTACIONES PARA VIAJEROS: el nombre de nuestro navío era ONZE DE MAIO. A este sí que NO LO RECOMENDAMOS, porque la comida no es buena, carga demasiada gente, y la higiene tampoco es de lo mejor (salvo antes de la inspección del señor del Ministerio de Salud). Cosa corroborada por la gente que viajaba con nosotros, acostumbrada a subir y bajar el Amazonas en barco, y leída luego en diferentes blogs de otros viajeros. En caso de que piensen hacer este viaje, les sugerimos que primero averiguen en el puerto qué navíos salen en esos días (todos los puestitos te venden pasaje para los mismos), y compren en otra empresa. Costo total de nuestra travesía por el Amazonas: R$241 sólo de comidas y pasajes, a saber:150 de pasaje, más R$70 de almuerzo y cena (por los 7 días), más R$21 de los desayunos de los 7 días (R$ 3 por día). De todos modos, recuerden que en realidad el viaje es de 5 días (nosotros embarcamos un día y medio antes, lo que suma dos o tres comidas) y que fuimos comprando provisiones -y heladito, jejeje- por el camino, gastando un poco más. Creo que para comprar también algunas cervecitas y chucherías, habría que redondear en R$ 300 por persona.
December 12 LA AMAZONIA POR TIERRAPE PE PEPE PEPE, PE PE PEPE PEPE El camino atravesaba una zona semiárida con carteles que anunciaban que su explotación está reservada a las comunidades indígenas, y una se imaginaba a los pobres indios ordenhando piedras para sacarle agua, o preparándose una ensalada de espinillos. Claro, hasta que encuentren petróleo en la zona, y entonces al carajo el preservacionismo y los derechos humanos, metemos a los indios en el primer cohete y que se vayan a colonizar Marte (como verán, una a esta altura ya está un poco escéptica en relación al respeto de los derechos de los indios a la posesión y usufructo de sus tierras).
BOA VISTA La cuestión es que, sea como fuere, dormimos lindo y recuperamos fuerzas: tanto, que al otro día seguimos envalentonados, y nos pusimos otra vez a hacer dedo, qué tanto! Por supuesto, a las 11 y bajo un sol que nos cocinaba el área de Brocca de ambos hemisferios cerebrales, decidimos emprender la retirada y comprar de una vez por todas los benditos pasajes. (Supongo que no hace falta aclararles que, envueltos en un calor abrasador y con todos los bártulos encima, no teníamos ni las ganas ni las posibilidades de ir a recorrer la ciudad -que por otra parte, tampoco parecía tener demasiados atractivos, salvo un trazado urbano particular.) Cuestión que esa tarde aprovechamos para leer sentados en la terminal, banharnos cada dos horas como mi amiga Gabriela (jejee), y prepararnos para encarar limpitos rumbo a nuestro próximo puerto.
MANAUS Luego de viajar toda la noche, a la manhana siguiente llegamos a Manaus. Una ciudad enorme y moderna, la más grande de esta parte de Brasil, con edificios altos y buses organizados... Y una tan ignorante, que se imaginaba algo así como un campamento forestal aggiornado! "Preguntando se llega a Roma", y ya en Manaus llegamos bien y rápido a la terminal del puerto. Y por qué del puerto? Será que nuestro plagio de Odiseo no tiene límites?
No no no no!!!! jamás esa carta!! Paso a contarles: la Amazonia, como ustedes sabrán, es la región del planeta donde -aunque a duras penas- se conserva la mayor extensión continua de selva virgen; con una densidad de bichos tan grande que un humano adulto, con cada paso que diera, pisaría 1500 invertebrados!!! (desburráos, pobres mortales: invertebrados son los insectos, gusanos, protozoarios, etc. O sea, sin tener en cuenta las plantas, hongos, líquenes, y demás yuyoides). Tan densa es la Amazonia en algunos lugares, que un mono podría ir desde Ecuador hasta el Atlántico por las copas de los árboles, colgado de liana en liana a lo largo de... 3700 Km de selva!!! Ergo: si se mantiene todavía esa cantidad -y calidad- de selva, es porque hay varios lugares a donde no ha llegado nuestra especie voraz. Y si no ha llegado, es por un simple y sencillo motivo: no hay por dónde. Como ejemplo, valga recordar que la famosa "ruta transamazónica" que figura en nuestro mapa cual sendero d esperanza, es una mera ilusión; un simple camino de tierra que durante la estación lluviosa se vuelve intransitable. Recorrida por destartalados buses, a una velocidad promedio de 40 km/h, uniendo poblados ínfimos sumergidos en ese océano de árboles. Es decir: a la fecha, sólo hay dos maneras de recorrer la distancia entre Manaus ("capital de la selva", como le dicen algunos) y Belem (ciudad principal en la desembocadura del Amazonas). La más fácil y rápida -aunque despues nos enteramos de que tiene su versión "com emoção", coincidiendo con la tormenta cotidiana de las 4 de la tarde (pa´que no digan que el tiempo acá es loco)- es en avión. Y la más lenta y "antropológica", es en barco. Los susodichos barcos son viejos navíos de tres pisos, que automáticamente te remiten a aquel en que se echan su tardío polvo nuestros queridos Florentino Ariza y Fermina Daza, en " El amor en los tiempos del cólera". El piso inferior del barco es bodega, donde cargan todo tipo de cosas que luego van descargando en los puertos riberenhos, para volver a cargar otro montón de cosas -y gente. El del medio, es un amplio espacio donde se cuelga una cantidad impensada de hamacas paraguayas, es decir donde viaja la gente en "clase turista" (más adelante en el tiempo y el espacio, confirmaríamos que en realidad era "clase sardina" -muy apropiada al contexto acuático). Y el superior, es el "estar", donde l@s viajer@s se juntan a pasar el tiempo jugando a las cartas, tomado cerveza, asoleándose, sacando fotos, en fin... El viaje de descenso (Manaus-Belem, el que nosotros hicimos) por el colosal río, toma 5 días. Contrario al de ascenso (en sentido contracorriente), que demora 7 días. Eso en caso de que no te agarre una de las habituales tormentitas tropicales, obligando a anclar el barco para esperar que escampe, como diría Juan Domingo.
En fin, llegamos a Manaus y nos dispusimos a conseguir nuestro pasaje en algo que inicialmente parecía ser el crucero del amor, pero que luego terminó resultando algo así como la nave espacial de "Man in Black", donde todo tipo de extraterrestre convivía en completa -e increíble- armonía. El primer obstáculo, de tipo económico, se nos presentó en la terminal porturaria: contrariamente a lo que esperábamos, nos dicen que el pasaje sale R$ 220 y no incluye las comidas!!!! (siendo que en todos los lugares en que nos informamos, decía que el precio era aproximadamente de R$ 150 e incluía las comidas del trayecto). Preguntando otra vez, una senhora muy amable nos desburró rápidamente, informándonos de la infaltable -y clásica- "opcion trucha". ATENCIÓN VIAJER@S: PARA COMPRAR LOS PASAJES MANAUS-BELEM, NO HAY QUE ENTRAR EN LA TERMINAL DEL PUERTO!!! Porque ahí te incluyen en el pasaje, el impuesto de "derecho a tránsito" por el puerto (o sea: entrar y salir del barco cuando quieras, mientras este se encuentre parado). Averiguen bien y los compran afuera, a los tipos que los venden directamente para el barco. Son un montón de puestitos donde venden los tickets, y en la mayoría se les puede pelear el precio. Nosotros los conseguimos a R$ 140 c/u. Otra: resulta que AHORA NINGÚN PASAJE INCLUYE COMIDA. Ocurre que con el aumento del combustible, eliminar ese ítem fue la única manera de mantener fijo el costo del pasaje, fue eliminando las comidas. Que obviamente, te venden en el barco a un módico costo de R$5 la ración: depende de tu suerte la calidad de la comida, así que no está demás recomendarles que se aprovisionen en el mercado de algunas verduras y frutas (el menú del barco no incluye alimentos frescos), y algo pa´enganhar el estómago como dicen, porque ahí sólo sirven desayuno (cafecito ínfimo con un pan), almuerzo y cena (a las 18h) -en ambas comidas, el mismo menú.
En fin, cruzamos los dedos para que el barco y la comida fueran buenos, y compramos nuestro pasajito. Un vendedor con buena onda nos rebajó el precio, así que como les dijimos, lo conseguimos a R$ 150. Munidos de nuestro ticketcito, el mismo morocho nos cargó en una lancha y, a R$ 2 por cabeza, nos acercó hasta el barco. Como el barco salía al día siguiente y una habitación single en el hotel más barato cerca del puerto salía R$ 40, decidimos atar precozmente nuestras hamacas camoufladas compradas en la calle a sólo R$10 con cuerdas y todo, y dedicarnos a catar lentamente la cotidianeidad del barco. November 02 DE REGRESO POR VENEZUELACARACAS Otra vez en el camino. Y después de casi tres meses de selva, rumbo a la gran ciudad: más por falta de excusas (“Cómo es eso de que estuvieron en Venezuela y no conocieron Caracas?”) que por interés, ya que casi tod@s l@s caraqueñ@s que conocimos en Choroní nos advertían que la ciudad era fea, sucia y peligrosísima. Y más pa´una que es del campo… Por suerte, unos días antes había estado en lo de Lili un personaje amigo de Dani, llamado Marcel: mezcla de DJ con hippie, tranquilo y humilde, compañero inmutable de las clases de “Juana pelame la banana” a las 7 am. Marcel nos había dicho que seríamos bien recibidos en su casa, que en realidad era la casa de su mamá. Un poco escépticos por este motivo, llamamos por teléfono para ver si podíamos quedarnos: grande fue la sorpresa al escuchar a Dilcia diciéndonos que nos recibiría gustosa. Y más grande aún, al conocer a la “señora” en cuestión: una agente inmobiliaria hiperactiva y super agradable… ex hippie del palo!!!! Obviamente, qué más hubiera podido esperarse. La cuestión es que Dilcia nos recibió y nos atendió redil bien, haciéndonos sentir como si fuéramos de la familia. Y el Marcel, con toda la buena voluntad, nos acompanhó en un par de oportunidades y el resto del tiempo se mantuvo haciendo mil cosas, preparando su pronta partida hacia Argentina. En un intercambio cultural-culinario, ellos nos hicieron probar las famosas “arepas pepiadas”, un manjar de arepa con palta y pollo con mayonesa, y nosotros les cocinamos unas pizzas caseras de rechupete. Y acompañándola a Dilcia en su veloz trajinar por las calles de Caracas, recorrimos una ciudad que además de hermosa, es gigantesca. Cosa que se puede observar desde el cerro del Águila, un lugar reprecioso desde donde se tiene una vista panorámica, a donde nuestra amiga nos llevó a eliminar toxinas y purificar el alma a puro sudor de camiseta. El cerro es una reserva natural en plena ciudad, circuito de trekking –o mejor dicho, escalada- de much@s caraqueñ@s, y también tiene la opción telesférico para quienes tienen menos tiempo y más dinero. Desde sus laderas se ve la ciudad extendiéndose por los cerros aledaños, algo que la hace bastante similar a otras ciudades de Latinoamérica, como Medellín, Cali o La Paz, por ejemplo. Con la diferencia de que Caracas tiene muchos árboles y espacios verdes. Lo único jodido parece estar,como siempre, en los barrios periféricos, donde mucho del trazado de calles fue reemplazado por escaleritas, lo cual complica el acceso. También tiene muchos edificios super modernos, y el centro de la ciudad (conocido como El Silencio), con una arquitectura bien copada. Por supuesto, en Caracas hay bocha de espectáculos y cosas para hacer: en los pocos días que estuvimos, asistimos a una función de circo aéreo, y a dos recitales de hip hop!! En estos dos últimos, aprendimos frases como : C´m on, yo’!!! y “Una bulla ahí, una bulla, una bulla”, además de localismos como “coño e madre”, “mamaguevo”, “nojoda con esa vaina mierdosa” y otros términos sutiles al momento de dirigirse a artistas de otros países con quienes se comparte el escenario. Ya lo dijimos, los venezolanos son intensos. En cuanto a peligrosa, Caracas no es más peligrosa que Bs As, y lo de mugrienta… bueh, en eso sigue el padrón del resto de –lo que conocemos de- Venezuela: montañas de bolsas rotas se acumulan en las esquinas, porque el camión recolector pasa sólo tres veces por semana (imagínense Buenos Aires con esa frecuencia de recolección de basura). Y los malos olores pululan, por lo tanto, empañando un hermoso lugar, como ocurría en la maravillosa playa de Puerto Colombia (donde un container con pescado podrido aromatiza el camino de entrada a la postal). Pero reitero, CARACAS ES LINDA. A pesar de lo que digan algun@s caraqueñ@s.
Y MIENTRAS TANTO, EN ALGÚN LUGAR DEL DEDITO DEL PIE… Entre tanto, prosiguiendo ella también su divagar, la larva avanzaba día y noche. Sobre todo noche: alterada por el ritmo frenético de la gran ciudad, que no para ni para dormir, la muy calavera sobrellevaba su insomnio progresando por mi dedo inerme. Cosa que me producía un escozor que ni Bush con un discurso de Chávez. Ante esta falta de diplomacia por parte del bicho, empleé toda clase de tácticas naturistas para disuadirla en sus andanzas. Desde orinoterapia (el propio acto de mearse en las patas) y barroterapia hasta moxibustión (quemarle el rancho al bicho –o sea mi propio dedito, ay!- con unos bollitos chiquititititos hechos como de aserrín) y crioterapia (en castizo: cubito de hielo hasta que el dedito quede morado). Pero nada. Finalmente, alertada gracias a medline de que la situación podría prolongarse hasta 6 meses (6 MESES??!!!!) para que el bicho se muriera de causas naturales, decidí aportar mi mezquinado granito de arena a la industria farmacéutica internacional. Y mal que me pesara, terminé tragándome mis dos comprimidos de ivermectina 300 mg, cosa que apaciguó la situación en menos que se invade Irak. Liberados de nuestro Alien personal, partimos rumbo a Margarita, destino turístico internacional!!!
MARGARITA, PARAÍSO BURGUÉS Con un día de retraso causado por uno de los típicos embotellamientos-caraqueños-en-días-de-lluvia, que nos hizo llegar dos horas tarde (sí, dos horas) para tomar el cole, finalmente encaramos a Margarita. A pesar de que ya había pasado la temporada –y por ende, la venta fuerte del turismo-, queríamos aprovechar la cercanía para conocer ese lugar tan caro e inaccesible pa´ una que es del sur. Y además porque queríamos invertir en algunas perlas, cosa que en otro lado no se consigue (y ahí tienen cultivos). Así que llegados a Puerto La Cruz luego de un viaje bastante largo, y gracias a la intercesión de una amiga local (la que sale con nosotros en las fotos), compramos el pasaje de ferry. ATENTI VIAJEROS: LA EMPRESA DE FERRY ES UNA SOLA, ASÍ QUE NI SE LES OCURRA IR UNA HORA ANTES A COMPRAR EL PASAJE, PORQUE PUEDEN LLEGAR A PERDERLO. MEJOR, SI LO COMPRAN CON AL MENOS CUATRO HORAS DE ANTICIPACIÓN. Luego de 5horas en barco, durante las cuales me dediqué mayormente a dormir (ya que no había ningún delfín que nos siguiera, contrariamente a lo que nos habían dicho) y escasamente a contemplar un paisaje hermoso salpicado de islas desérticas, llegamos Margarita. Ya antes de subir al ferry, nos habíamos cruzado casualmente con Wilmer, un caraqueño que conocimos en Choroní. Wilmer es un venezolano atípico, porque en vez de la cerveza y el reggaetón, le gustan el buen vino y la tranquilidad. Casi un marciano. Y las casualidades nos llevaron a viajar a los tres el mismo día rumbo a la isla!! El amigo sería, sin saberlo, nuestro ángel guardián en Margarita: llegados a destino, nos llevó en su camioneta hacia playa El Agua (donde arbitrariamente habíamos decidido quedarnos, y hacia donde también él iba), distante a 3 hs del puerto: como el ferry llegó cerca de las 21 h, si él no nos hubiera llevado, dudo que hubiéramos conseguido bus. Nos dejó cerca de los hoteles y por cualquier cosa, nos dio las indicaciones para llegar a la posada en que él estaba. Eran las 22h, y estábamos con las mochilas a cuestas en un lugar desconocido, donde la noche de hotel costaba, en promedio, 80 dólares. Situación conocida sobradamente, así que vayamos al grano: terminamos en la posada del Wilmer, que estaba un poco más barata (nos dejaron a 40 la noche), tenía cocina y microondas, habitaciones con aire acondicionado y heladerita, y piscina. Y a dos cuadras de la playa. GUENIIIIIIIIIIIIIIISIMOOOOO!!! Al otro día, mientras yo seguía durmiendo, Germán bajó a la playa: poco y nada de gente, ninguna venta. Repitiendo “ANICCA” por lo bajo, decidimos tomarnos unos días de amburguesamiento, y nos dedicamos a despilfarrar nuestros ahorros choronicenses retozando en la piscina y en la cama –con aire acondicionado. Lo mejor de todo era que LA PILETA ERA PARA NOSOTROS DOS SOLOS!! Por lo que vimos, en la posada sólo estábamos Wilmer (que a todo esto, ni sabía que finalmente nos habíamos alojado ahí) con sus compañeras de trabajo, Germán y yo. Doblemente GUENIIIIIIIIIIIISIMOOOOOOOOOOO!!!! Margarita es una isla bien grande, con montón de pueblitos: todos están “interconectados” por sus playas, y de todas ellas pareciera que El Agua es la más linda y famosa. A eso no lo podría confirmar porque no conozco las otras, pero sí les puedo decir que es increíble, paradisíaca, Y SIN BOLSITAS DE PLÁSTICO!!! A diferencia de las playas continentales, y quizás también porque era temporada baja, acá sí la arena es limpia y el mar transparente. El paisaje de playa El Agua es de ensueño, a eso lo pueden ver en las fotos, y dan ganas de quedarse a vivir debajo de un cocotero. Por supuesto, acá se ve mucho –muchísimo- gringo, y muy poco turista nacional, los hoteles son super caros, y nadie hace comida ni escucha reggaetón a todo volumen en la playa. Como en los otros lugares paradisíacos que hemos visitado, hay muchos extranjeros propietarios de posadas, hoteles, y restaurantes: obviamente, todos europeos y yanquis, ningún boliviano ni dominicano. Lamentablemente, no se puede armar carpa sino en los campings (ese fue uno de los motivos por los que terminamos en la posada) y el más cercano es en el pueblo de al lado, que se llama El Tirano y queda a unos 3 km. Al otro día fuimos a recorrer Porlamar, la ciudad más grande, donde venden las perlas, y compramos algunas cositas. Al volver, casi anocheciendo, bajamos a la playa e hicimos una ventita para desquitar los buses. De noche comimos unos cangrejos y ostras compradas a dos mangos en Porlamar, y nos tomamos un vino tinto para festejar tanto lujo. Mientras tanto, de nuestro amigo ni noticias, porque todo el día estaba trabajando: recién a la mañana siguiente, mientras desayunábamos, nos encontramos nuevamente. Después salimos a vender a la playa, y volvimos a la posada a almorzar para luego emprender el regreso a tierra firme: era domingo, lo cual significa MUCHA GENTE, y aún teníamos que llegar a Porlamar, tomar otro bus hacia el puerto, y conseguir pasaje para el ferry que salía a las 20h. Siendo las 16 h, todavía estábamos esperando el bus, cuando otra vez Wilmer nos salvó el viaje: nos llevó hasta Porlamar, y nos dejó en la parada del cole. Conclusión, que a las 18h ya teníamos pasaje de ferry asegurado. Por suerte, porque una hora después, la sala de espera era un mundo de gente apiñada, por supuesto empujándose y vociferando. Y eso que no sabían que el barco se atrasaría una hora y media.
LAS GORDITAS COQUETAS: POÉTICA NATURALISTA BOLIVARIANA El contraste entre las playas de Margarita llenas de gring@s, y las playas continentales llenas de venezolan@s, nos hizo más evidentes los matices del país. Y el viaje de regreso en el ferry, nos los remarcó aún más. Al entrar en Venezuela, una se imagina la competencia desleal de las bellezas venezolanas, la exhuberancia de los machotes morenos, y la impecabilidad de las playas transparentes. Pero la desilusión puede ser grande si no se tienen los ojos abiertos para ver los propios prejuicios y la belleza agazapada. En lo que respecta a la cuestión ambiental, ya escribí sobradamente sobre la poética de las bolsitas de nylon en los médanos y las latas en el Caribe turquesa. Y en relación a esto, déjenme contarles que en este país la gente es intensa para todo: para el consumo, también. Quizás por esto, es bastante difícil encontrar a una persona sobria un sábado por la noche o sin resaca un domingo por la mañana, o una playa limpia, o un/a venezolano/a sin sobrepeso… excluyendo de este último grupo a la mayoría de las personas menores de 20 años, y a l@s modelos. En relación al consumo de comida: gran parte de nuestr@s herman@s bolivarian@s se la pasan comiendo comida chatarra y tomando cajas y cajas de cerveza y gaseosas (a veces, parece que aquí no hubiera agua!!), lo cual incrementa notablemente el sobrepeso en las personas adultas. En Venezuela hemos visto más obesos (sí, gordos patológicos, no “personas rellenitas”) que en toda Latinoamérica, y el único lugar que la supera –por lo menos, de los que conozco- es EEUU. O sea que es más factible que conozcan una venezolana gorda, que una increíble belleza como las Miss Mundo. Eso sí, gordita pero alegre. Y coqueta como pocas: las venezolanas son hiper coquetas, y por eso creo que la mejor representante de las mujeres locales no es una Miss Universo, sino la gordita simpática y bonita de Alessandra, la sexóloga mediática 100% actitud. También es bastante llamativo el consumo de sustancias: en cuanto al alcohol, y no me las doy de puritana porque una también tuvo su caravana, es notorio que en todas las sombrillas de una playa, a las 10 de la mañana, la gente esté tomando vodka con naranja o ron con coca, con dos o tres cajas de cerveza al lado. Y ni hablar de la guarapita, bebida DELICIOSA hecha con aguardiente y lo que fuere (cacao, coco, durazno, leche, etc), que se toma como jugo y te pega como querosén. O el de merca y crack -sobre todo este último~, más evidente en lugares turísticos como Choroní. A pesar de eso, y del “boqueo” (para los que no son argentin@s: irse de boca, hablar con palabras o tonos “fuertes”) típico de los locales, que hace que las cosas a veces se pongan medias oscuras , no es frecuente que haya violencia física -al menos no en los lugares públicos. Cosa que nos llamó bastante la atención (en Argentina es más típico que la gente se vaya a los puños por un “cruce de palabras”). Podríamos decir que los amigos venezolanos son “merqueros tranquilos”. Tampoco todos los morenos exhuberantes son lo que una quisiera: para qué contarles mi desilusión de las primeras caminatas por la playa, cuando veía tantos hombres hermosos, bronceados y esculpidos… y después descubría que eran gays!!! Eso sí, unos divinos súper divertidos y desprejuiciados, al punto que recomiendo enfáticamente una visita a estas playas, a todos mis amigos gays… para poder al menos disfrutar(los) con la alegría de los amigos!! También son intensos en el uso del aire acondicionado: le dan rosca a la refrigeración, de modo que afuera hace 40° C a la sombra y una humedad del 85%, y adentro se te congela la sangre de las orejas. El pasaje continuo de calor extremo a frío extremo y viceversa, cada vez que entrás a un cibercafé, a un shopping, o a un bus de larga distancia, te recuerda que “usted está exactamente aquí” (marcar en el mapa de America del Sur, el lugar indicado). En fin: intensa, contrastante, humana hasta los caracuces, Venezuela “es lo que es”. Y si bien este, que podría ser el paraíso de la tambora, es en realidad el paraíso del reggaetón… les prometo que si la visitan, se van a ir de acá moviendo un poco más el culo, y entendiendo mejor la clase de bicho que los humanos somos.
VUELTA RAUDA DE HORMIGA VOLADORA La vuelta en ferry fue muy diferente a la ida. Nos vendieron un pasaje dos bolos más barato, pero en un lugar del barco que era bastante similar a un cambiador de club de barrio venido a menos, con un candado soldado en la puerta de “SALIDA DE EMERGENCIA”. Para evitar la paranoia Titanic, y porque igual no se veía nada porque era de noche, me dediqué a seguir durmiendo durante el resto del viaje. Llegamos a Puerto La Cruz a las 3 de la mañana, así que no quedaba otra que esperar al otro día para tomar un bus hacia el sur, rumbeando ya para Brasil. Así que al mejor estilo homeless, que a fin de cuentas es lo que somos, nos acomodamos cada uno en una línea de asientos de la sala de espera del ferry (que dicho sea de paso, tiene aire acondicionado) y nos tapamos con cuanto trapo teníamos a mano. En ese estado de semi congelamiento, tuve un sueño extraño, seguramente inspirado por los conceptos de quienes siguen el calendario maya, que hablaba de la relación entre el tiempo (nuestra noción del tiempo) y el sistema de acumulación en que vivimos. Y me desperté con una frase dándome vueltas en la cabeza “primero nace el tiempo”, como una sugerencia de que “el tiempo que nace” condiciona todo lo demás. Y la imagen de una persona que me decía “nosotros somos los seres de este tiempo, predestinados a acumular. Pero vendrán los seres sin tiempo: ellos serán quienes repartan lo que nosotros hemos acumulado”. Y sí, después de una noche a 5°C, si no te transformás en oráculo, te volvés santa. Así amanecimos al otro día, agarrotados como momias inkas, para descongelarnos automáticamente apenas cruzamos la puerta: la temperatura y humedad promedio en esta zona nos hacían extrañar menos los eneros de Santa Fe, y más los tererés helados a la siesta. O por qué piensan que las posadas tienen aire acondicionado en todas sus habitaciones? Tomamos un bus hacia Anaco con la idea de hacer dedo ahí antes de que nos agarrara el mediodía, cosa que obviamente no ocurrió. Bajo el sol sin nubes del zenit, y a 47°C, nos pusimos a pedir cola hasta achicharrársenos el cerebro. Un alma caritativa nos llevó un poco más allá en su camioneta con-aire-acondicionado-a-temperatura-venezolana, a un peaje donde al menos había un arbolito que daba sombra. Acalorados pero menos, seguimos haciendo dedo. Un yanqui petrolero nos adelantó otro poco en su camioneta con aire acondicionado a escala local, cruzando la tormenta con las mochilas en la cabina, como siempre. En un acto desesperado y poco inteligente, Germán se cruzó a la cabina “porque las mochilas se estaban mojando”… supongo que para demostrarles a las mochilas algún tipo de empatía, ya que para taparlas no tenía (rimado y todo), o quizás para zafar de la conversación en inglés. Obviamente, terminó mojándose con todo y mochilas, mientras gesticulaba desesperado en pleno aguacero para que el gringo nos dejara en medio del camino (¿?????), cosa que obviamente no le traduje. El gringo se pasó de destino y de buenazo: nos dejó en El Tigrillo, sobre la ruta hacia Ciudad Guyana, donde podíamos hacer dedo con más éxito. La tormenta ya era recuerdo mojado sobre el asfalto (mierda, qué poética!!), y otra vez nos achicharrábamos al costado de la ruta, agradecidos porque así las mochilas se secaban más rápido y Germán también. Ahí conocimos a una pareja de un dominicano y una venezolana que regenteaban un bar, que nos compraron una pulserita y nos invitaron a comer… GUENIIIIIIIISIMOOO!! Pero en eso estábamos, cuando para un bus al que Germán le hizo dedo, y que iba directo a Ciudad Bolívar. Cuestión que los amigos nos regalaron unas galletitas y jugo para el viaje, y seguimos raudos nuestro camino. El bus iba vacío -salvo los dos choferes- pero el sistema de refrigeración obviamente estaba clavado en los 5°C... y Germán, MOJADO!! Nuestra temperatura corporal llegó al punto que, no suficiente con sacar los cubreasientos para taparnos, nos encerrábamos en el baño y abríamos la ventanilla, para que el viento tibio y húmedo de afuera nos hiciera entrar en calor. Por suerte, a las 19h los amigos del bus terminaron con nuestra odisea de pollo de supermercado, y nos dejaron en la estación terminal!!! Ahí, la buena señora que atiende el baño nos dio un balde y un jarro con agua, para pegarnos una duchita de ocasión y sacarnos toda la tierra y la transpiración acumuladas y congeladas (un desperdicio de minerales, qué lo parió). Y luego de comer alguito, con el corazón contento, tomamos un bus que nos dejaría al otro día por la mañana en Santa Elena de Guairen, frontera con Brasil.
TEPUYES Y SANTA ELENA A las 6 de la manhana, con el clarear del cielo, nos despertamos porque ibamos en el primer asiento del piso de arriba del bus. No sé si con palabras les pueda describir el paisaje que vimos, que a mi entender es el más hermoso de todos los que he contemplado hasta ahora: frente a nosotros se extendía la Gran Sabana, una serie de mesetas cubiertas por una alfombra de pasto verde y sin árboles, y a lo lejos se levantaban los colosales tepuyes. Los tepuyes son los vestigios de las montañas más viejas del mundo: especie de torres naturales, o montañas con el pico trunco, con una gran meseta en su parte superior y las laderas en línea recta con el suelo; el más grande de ellos es el Roraima pero al costado de la ruta hay otros menores. Según hemos visto en fotos, el paisaje de encima es tipo volcánico y parece extraterrestre. Algunos dicen que es uno de los centros energéticos más fuertes del mundo porque hay un yacimiento de cristales de cuarzo a cielo abierto, y les aseguro que esa es la sensación que da de sólo contemplarlos a la distancia. Las nubes, que con el frío de la noche habían descendido hacia la tierra, se extendían bajo los tepuyes cubriendo la sabana y lentamente comenzaban a subir. El paisaje tenía un silencio estridente, palpable, visible. Y la luz del sol todavía oculto, lo iba tornando de violeta, a rosa. Casi me largo a llorar de la emoción. Tomamos cuantas fotos pudimos, pero obviamente no alcanza. Así que les recomiendo visitarlos, si está en sus posibilidades. Lamentablemente, la expedición a los tepuyes no la pudimos hacer porque son 7 días y nuestra visa turista se vencía ese mismo día, además de que es super cara (hay otro paisaje similar a este solamente en África). Como opción también hay campings por ahí cerca, en el camino, donde da para quedarse porque además tienen cursos de agua bastante cerca (no se olviden que el paisaje es desolado, no hay ni un mísero arbolito): el problema es que están lejos de la terminal y del pueblo -aproximadamente 70km-, por lo que sólo se puede llegar en taxi o con una camioneta de turismo, e imagínense el precio. Obviamente, el turismo es principalmente extranjero. De todos modos, me quedó esa imagen grabada, y es una de las cosas más hermosas que he visto. En Santa Elena aprovechamos para comprar cuarzos –seguramente, usurpados a los tepuyes- y luego de cambiar nuestros bolívares fuertes por la mitad en reales, ahí nomás cruzamos... RUMBO AL ÚLTIMO PAÍS EN EL ITINERARIO DE HORMIGA!!! CHORONÍ Y EL DOCTORADO E HIPPISMOLlegamos POR FIN!!! a la casa de la Lili, madre espiritual de Germancito y de todo el que se le cruce. Una especie de bruja-manosanta-medica naturista-diva hippie-artista, a quien nuestro queridos ex-gobernadores Reutemann y Obeid disuadieron mediante sus tácticas inundatorias, para que pasara a mejor vida. Esta se lo tomó literalmente, y se mudó al lugar más hermoso de Venezuela. Guiada por su nieta Luna, según ella misma dice, la muy astuta se vino a auto-exorcizar de tanta catástrofe, en un poblado de unas 50 casas llamado ilustrativamente “La Planta”, situado casi en medio del Parque Nacional Henri Pittier. Y se consiguió una casa entre árboles centenarios, plantas de cacao, flores de agua colonia (o lirio) y al lado de un arroyuelo de montaña que -junto con los pajaritos- musicaliza el ambiente las 24 hs. Cruzando el arroyito, viven Vicky y Dani (hija y yerno de Lili) con sus hijitos Luna (2 años) y Luca (5 años). Así que también pudimos despuntar el vicio de tiísmo, que ya estábamos desesperados de tanto extrañar a nuestr@s respectiv@s sobris. Un poco más allá de lo de Vicky hay un río hermosísimo, como los ríos de Misiones: rodeado de selva, con piedras y cascadas que van formando piletas de hidromasaje, y agua cristalina y heladita para las siestas caribenas. Para mayor regocijo, su casa está cerquísima de Choroní, un pueblo con casitas de todos colores estilo colonial, con una onda muy similar a Antigua, en Guatemala (aunque sin terremoto). Pegado a este y ya sobre el mar, está Puerto Colombia, que tiene una playa de postal: con cocoteros, arena blanca, y un mar tibio y transparente coloreado con toda la gama de turquesas. Aquí se llega en una hora andando a pie, por un camino en la casi-selva, vadeando arroyitos bajo arboles gigantescos, o en 15 min en carro o en bus. Con ese perfil geográfico y energético, obviamente no somos los únicos que se le instalan largo y tendido. Cosa que ha transformado su lar en una especie de casa abierta a pesar de que ella reniegue del gregarismo: cuando llegamos, nos encontramos con dos porteños, una francesa y un colombiano. Todos ellos artesanos y de los buenos, que en el tiempo que estuvimos nos enseñaron bocha de cosas. En ese, su pequeño paraíso, estuvimos recuperándonos de tanto hormiguismo viajero durante casi dos meses, custodiados por Santa Bárbara, testaferro católica de Changó..
EN CHORONÍ, CON SUPER CHANGÓ –Y OTR@S ORISHAS!!!! Santa Bárbara tiene muchos altares, levantados por los habitantes de la zona; se los ve al costado de la carretera o en los patios de las casas. Uno de los más grandes de la zona, está en el patio delantero de la casa de Lili. Pero así como la Lili, transformada en manosanta-naturista-reflexóloga, tiene bajo ese cuero “suave” muchos años de militancia montonera junto a mis tíos (por lo que yo, por esas cosas de la historia, vengo a ser algo así como una reminiscencia de su pasado), Santa Bárbara es en realidad Changó, dios de la guerra y el tambor. A Changó, “uno de los dioses orishas más venerados del panteón yoruba”, los africanos lo trajeron en los barcos traficantes de esclavos y luego lo disfrazaron de Santa Bárbara para que no sucumbiera a la inquisición. Es que Changó es el prototipo de oveja negra de la iglesia católica: descrito por algunos como un dios hermafrodita, es seductor y juerguero, amante de los dulces y bebedor de cerveza. Donde hay guerra o fiesta, ahí están Changó. Él y quienes son sus hij@s, no se rinden, no desisten, no cejan ante las injusticias y a quien comete alguna lo fulminan con un rayo. En su lado fiestero, Changó viene a ser algo así como el prototipo del choronicense medio. Ocurre que Choroní, como habrán adivinado, es un pueblo que en sus “años de oro” de la colonia, nació a la sombra de los negros que bajaban de los barcos, convertidos en esclavos. Estos fueron incorporados a las plantaciones de cacao: en esta zona, tienen uno de los mejores chocolate del mundo, que –entre otros- se exporta también a Argentina (mirá vos, dónde había estado la cuna del “chocolate bariloche”!!!). Pero no hay mal que dure más de 600 años, y cuando vino la abolición los negros y negras se desquitaron como corresponde de tanto trabajo forzado, dedicándose a pescar, chupar cerveza, tocar tambora, revender baratijas y… bailar reggaetón!!! (también los afrodescendientes padecen de globalización). Así es como este lugar se ha transformado en un destino festivo de l@s venezolan@s (gente fiestera a tiempo completo), que en las vacaciones rebalsa de turistas por todos lados, ya que –como reza un conocido adagio local- “a Choroní no se viene a dormir”. El pueblo es también un símbolo de la libertad sexual: en la playa es común ver parejas de todos los tipos y colores haciéndose arrumacos, o grupos de gays bronceados luciendo sus cuerpos esculpidos embadurnados de aceite bronceante. Parece que este fenómeno se dio luego de que Elton John la eligiera como destino para su luna de miel… O será otra de las manifestaciones del espíritu de Changó? Otros “dioses encubiertos” a quienes se rinde culto en la zona, son Oggun, dios regente de los herreros, de las guerras, vigía de los seres humanos, cuyo nombre proviene del Yoruba Òggún (guerra), escondido bajo la apariencia de San Juan. A él se lo celebra cada 24 de junio, en la Noche de San Juan (les suena, amiguet@s de Guillermito Shakespeare?). Y como para compensar tanto guerrerismo y juerga, la patrona de Choroní es Yewá, diosa africana que vive dentro del cementerio, entre las tumbas y los muertos, en cuya presencia nadie puede desnudarse, ni tener amores o disputas y ni siquiera, hablar en voz alta o comportarse con rudeza; Yerwá representa la soledad, la contención de los sentimientos, la castidad femenina, la virginidad y la esterilidad, y se equipara –entre otr@s- a Santa Clara de Asís. A ustedes les queda seguir investigando en internet.
QUEFLUYISMO Y ANICCA (anitcha): LA POLÍTICA DE LA CASA En la baticueva de la Lili se curte actitud contemplativa zen, y quién es una pa´contradecirla. Cosa imposible, por otra parte, ya que con esa postura de que “todo es aprendizaje”, ni modo. Así que como para entonarme un poco más, a los pocos días de llegar me mandé otro retiro Vipassana, por supuesto mucho más productivo que el primero. Empecinada en entrenarme el desapego, la profe Mirjam no me dejó salir un día antes de que terminara el curso, para ir a festejar el cumple de Germencito. Respiré hondo, y repitiendo “anicca, anicca” (“impermanente, impermanente”) como don Goenka , me reivindiqué al otro día con unas pizzas-arepas que estaban de rechupete. Incentivando nuestro continuo aprendizaje, por supuesto no faltaron otr@s maestr@s en esta Universidad del Quefluyismo. Por ejemplo la vecina del frente, que casi todos los días a las 7 am (hora en que una, haciendo un esfuerzo mental extremo, se levantaba a meditar) nos recordaba cuánto nos falta por aprender, al son de un reggaeton a 120 decibeles cuyo estribillo decía “Juana, Juana, pelame la banana. Si no me la pelas, me la pela tu hermana”. O el del fondo-fondo, que cada tanto venía a darnos una secada de oreja con todos los “transfondos vinculares” (por no decir puteríos) del caserío aledaño. Una, que en principio casi montaba en cólera ante tanto despliegue de estímulos auditivos, luego del vipassana comenzó a agradecer, y finalmente a corear los estribillos… pasando la meditación para más tarde. Así es como refresqué en mi mente las letras de “nadie me quiere, todos me odian, pero me como un gusanito… le arranco la cabeza, le saco lo de adentro y.. chup! Qué rico el gusanito” o “mama, que será lo que quiere el negro… mama, qué será lo que quiere el negro…”recordando en esta última a la Gordi y la Jesi en el recital de Gustavo Ceratti. En el continuo ejercicio del quefluyismo, al final una terminó por aprenderse todas las letras de La Factoría y de Héctor Lavoe, reviviendo además los éxitos de Gabi, Fofó y Miliky (placer sólo conocido por los de más de 30) –es que la vecina tiene un par de hijitas pequeñas que también tienen derecho a aprender. Todo esto duraba hasta aproximadamente las 9 de la mañana, y justo cuando ya estábamos empezando a corear la canción sin olvidarnos de ninguna parte, la maula bajaba el volumen… y otra vez volvíamos a transformarnos en hippies colgados con el sonido del arroyito. También nuestros nuevos sobrinos colaboraban en las enseñanzas, con la sabiduría inimputable que caracteriza a los niños: el Lucas, jugando con cuanta cosa no era conveniente que jugara (como esos profesores astutos que te adivinan justo la parte de la materia que jamá´ ni nunca te leíste), y la Luna echándose unas meadas intempestivas en el colchón en que dormíamos. Esa política del quefluyismo nos llevó a los tres (la Lili, Germán y yo, ya que el resto de la comunidad internacional partió a la semana de llegar nosotros) hacia rumbos impensados del leripí (“let it be”), laissez-fair o masí (“mas, sí”)… hasta el punto de que un bicho de la arena se me metió en la pata, y me empezó a comer el dedito medio!!!!
UNIVERSIDAD DEL QUEFLUYISMO- DOCTORADO EN HIPPISMO: Con las enseñanzas de la Lili y flia (tod@s artesan@s expert@s), fuimos poco a poco nutriendo nuestro panho, hasta transformarlo en algo digno. Finalmente, la incorporación de las postales acuareladas de Germán, terminó por convertirlo en algo interesante, haciendo que toda la gente se parara a ver al “señor que pinta las acuarelas” haciendo su trabajo para tod@s l@s turistas. Lo que nos dio la oportunidad de oro, además de la hospitalidad de nuestra familia venezolana, fue que a los 15 días de que llegamos, comenzara la temporada de vacaciones largas. Ocasión inmejorable para recuperar nuestra economía, conocer un poco más de la idiosincrasia local, y aprender a hacer artesanías de verdad. De manera tal que nuestra tesis del doctorado en hippismo, con tant@s y tan capacitad@s maestr@s , se transformó en algo equiparable a las investigaciones de Milstein sobre los anticuerpos monoclonales… lástima que no exista un Nobel en hippismo!! De entrada nomás, nos mandamos a vender en la feria artesanal del malecón (paseo de la costanera) de Puerto Colombia, donde conocimos a varios e ilustres maestros y maestras locales. Algun@s de ell@s: Mauro, presidente de la asociación local de artesanos, que nos recibió con la mejor onda y compartió generosamente su material con nosotros; Jenny y Tucuso, una pareja HERMOSA de artesanos rocker-jevimétal ochentosos, padres adoptantes de todos los perros del malecón, y vecinos nuestros del country de la playa; Edwin, colombiano que no le reculaba ante los ultravioletas, y sin el cual la playa era menos playa; Glorilín y su esposo Adrián, que nos ayudaron permanentemente y con quienes compartimos la mesa de artesanías… Al principio de la temporada decidimos instalarnos con nuestra carpita en la playa, lugar paradisíaco y tranquilo. Craso error: a los pocos días de comenzadas las vacaciones, la playa era un quilombo constante, abarrotada de gente, llena de mugre, y donde una podía hacer cualquier cosa menos descansar. Por lo cual decidimos volvernos pa´las casas, y bajar solamente a trabajar. Como dirían unos amigos: la “plaia” dejó de ser la postal turquesa, para transformarse en algo semejante a una oficina al aire libre. Aprovechando que yo soy una chica dada, por lo cual se me facilitan las RRPP (relaciones públicas), y que Germán es más hábil y prolijo para hacer las artesanías, nos abocamos cada uno a lo que mejor sabe hacer. En plena temporada, entonces, durante la mañana yo bajaba a vender y Germán se quedaba a hacer artesanías o pintar postales. Mi rutina casi cotidiana consistía caminar la “plaia” ida y vuelta unas 348 veces durante un lapso de entre 4 y 6 horas. Por supuesto, embadurnada en filtro solar factor 36 para evitar el achicharramiento precoz. Allí, entre otras cosas, me dedicaba a hacer “yuyitos” (conocidos en otros lugares como “mechitas”), habilidad aprendida in situ y con la cual se ganaba la vida nuestra amiga Vanja en las playas de Máncora. Por la tarde, entre las 16 y las 18, terminaba mi horario de trabajo y me iba para el malecón (que estaba a unas 5 cuadras), donde Germán ya me esperaba bañadito y peinadito, dispuesto a hacerse cargo del puesto de artesanías. Ahí le dejaba las cosas, que él organizaba con primor junto a sus acuarelas, y subía a la casa de la Lili a tomarme un merecido descanso. Él se quedaba en el malecón, de donde volvía tipo medianoche. Pero no todas son flores donde los choferes de buses trabajan según su conveniencia: conseguir un medio de transporte para regresar a la casa, podía transformarse en una infructuosa tarea. O en un gasto que nos chupaba el 50% de la ganancia de ese día, por lo que bajar al malecón podía no ser algo muy redituable. Por este mismo motivo, era conveniente ir temprano a la playa, a fin de asegurar al menos el dinero para desquitar el pasaje. De manera que los fines de semana, para ahorrar el gasto, nos quedábamos ambos a pernoctar en la concurrida playa. En nuestro country-camping de los fines de semana, teníamos como vecinos –entre mil quinientos catorce venezolanos más- a Tucuso y Sra junto con sus hijoperros, y a Yuri –que después se mudó pa´l pueblo- una futura ingeniera forestal que también estaba cursando su doctorado en hippismo. Y por supuesto, la presencia diaria de Edwin, veterinario vocacional de todos los hijoperros de nuestros vecinos, y miembro fundador del Club de Caminantes de la Playa.
REPUBLICA ARGENTINA DE CHORONÍ- REENCUENTRO CON NUESTROS INSPIRADORES Para sorpresa nuestra, apenas llegados nos encontramos también con… UN MONTÓN DE ARGENTINOS!!!! Algunos de ellos cursando un doctorado, otros hippies vocacionales, otros hippies profesionales. Para que se den una idea de la avalancha de argentin@s, en mitad de la temporada había en el malecón unos 60 artesan@s argentin@s, frente a no más de 30 locales, y en la playa (de unos 500 m) podías encontrarte con 10 o 15 argentinos ofreciendo sus artesanías a l@s turistas. Lo cual justificaba la pregunta de rigor de l@s venezolan@s “Por qué hay tant@s argentin@s?”. Ensayo la respuesta de que porque somos hereder@s de la sangre aventurera de nuestr@s bisabuel@s. A propósito de situaciones, imaginen lo que esto representa para el artesanato local, que trabaja todo el año para tener una oferta interesante en época de vacaciones, porque el resto del tiempo acá no pasa nada. Pero de prepo les caen, en el momento de máxima venta, 60 extranjeros… con quienes se ven obligados a dividir todo, desde el lugar de trabajo hasta las ganancias. Con Germán quedamos asombrados de la tolerancia de esta buena gente, y del hecho de que no sólo no nos hayan sacado a patadas, sino que también tuvieran reservado un lugar para “visitantes” entre las mesas “oficiales” de la cooperativa de artesanos. Les tiro la reflexión: se imaginan que sería posible esta situación en Argentina, donde la misma municipalidad les levanta los puestos a los vendedores callejeros locales? Con much@s de est@s compatriotas nómadas compartimos más que el trabajo, y tod@s ell@s fueron también grandes maestr@s de artesanías y de la vida: Marquitos y la Cele, la imagen de la generosidad, que también nos pasaron el truco de sus exitosas vinchas (cintillos, en venezolano); Diego, doctor en hippismo y representante del nomadismo, que tenía conocida media sudamérica y gustaba de bañarse en bolas en las cascadas ante los ojos desconcertados de las pudorosas venezolanas; la Juli, personita maravillosa con quien compartimos el panho –y que después se perdió en la bahía de Cata-, Marito y Damián, integrantes-itinerantes del grupo conocido como “los hippies del Cerrito”, la Flor, etc etc etc. Pero el destino nos deparaba una sorpresa aún más maravillosa: entre tant@ argentin@ nuevo, nos reencontramos (ya lo intuíamos, ya lo intuíamos!!) con… MATI Y COTI!!! Mati y Coti son (sí, hoy 1 de noviembre digo SON) una hermosa pareja que conocimos en Máncora y con quienes –a pesar de haber compartido sólo algunas horas de charla- tenemos muchas cosas en común. Ellos fueron también quienes nos inspiraron y alentaron para dedicarnos a las artesanías, al saber de nuestros magros sueldos (y pesados horarios) como ayudante de cocina y mesera. Como se imaginarán, son la buena onda en partida doble. Aunque su itinerario no incluía Centroamérica, nuestros caminos por sudamérica eran similares, y en un principio supusimos que íbamos a encontrarlos en Colombia (donde Coti quería festejar su cumple). Pero cruzamos a Panamá, y ni noticias de ellos. Para nuestra enorme alegría, nos vinimos a encontrar otra vez en Choroní, y con familia!! Sí sí sí, en el camino habían sumado perra –la Chola, cachorra ecuatoriana que llegó hasta Venezuela oculta en la mochila- y… UN BABY!!! El pequeño heredero, gestado entre el mar turquesa y la selva verde esmeralda, había sido descubierto un día antes en un análisis de rutina, y ahora nuestros amigos nos recibían con los ojos llenos de lágrimas de tanta felicidad por esa hermosísima noticia. Y con el corazón diez veces contento, por el reencuentro, las buenas noticias, y el hecho de sentirnos “en casa”, festejamos el día del amigo rodeados de compatriotas en plena Venezuela.
LOS NÓMADAS DEL DESIERTO: VISITANDO A NUESTRO AMIGO OTTO Como impasse de nuestra vida choronicense, y gracias a la invitación de Otto (un amigo de Lili y flia que gentilmente nos recibió en su casa), cerca del final de temporada rumbeamos para Adícora, una playa de la península de Paraguaná. Llegamos en un bus de SITSSA, una empresa de buses estatal que tiene pasajes a mitad de precio (ATENCIÓN A TOD@S L@S VIAJER@S!!!)... y el aire acondicionado a triple punto de congelación, cosa que –al mejor estilo Nosferatus- nos puso los pelos de punta y la piel de gallina. Como solemos hacer los seres humanos, bajamos del bus quejándonos del frío en vez de disfrutar del presente: cálidos momentos nos esperaban en los días venideros. Curiosamente, siendo una zona árida y de fuertes vientos, durante esta época apenas si tiene una brisita humilde y llueve la exageración de… una vez por semana!! Adivinaron? La península de Paraguaná es un desierto, extensión marina del desierto de la Guajira que abarca todo el noroeste de Venezuela. Ya entrando en la región, nos recibe un extensísimo campo de médanos, una reserva natural que se continúa en el mar a ambos lados de la carretera -por supuesto llena de bolsitas que se enredan entre las escasas matas espinosas. La vegetación autóctona está representada por unos arbolitos que alcanzan escasamente los 2m de altura, achaparrados y ralos. Y la temperatura ronda los 40º durante el día, descendiendo 5 o 6 grados durante la noche. Todo esto hace que la vida en la Península de Paraguaná sea una delicia… para los reptiles. Las playas aquí son kilométricas, una seguida por la otra, como en el sur de Costa Rica. Pero a diferencia de otros lugares, aquí no hay cocoteros ni selva para resguardarse, por lo que la única opción son las lucrativas sombrillas –que te alquilan a 30 dólares el día, en promedio. Lo que generó en nuestras cabezas, casi simultáneamente, la fantasía de convertirnos en superhéroes futuristas y teletransportarnos a Choroní. Allí pudimos presenciar un fenómeno típico de esta época del año, llamado por los locales “mar de levas”. Este coincide con el momento más álgido de los huracanes en el Caribe norte, lo cual revuelve fuertemente el fondo marino: las corrientes se hacen irregulares y caprichosas, con un gran peligro para los bañistas, y la playa se llena de cuanta porquería –natural o no- una pueda imaginarse. Desde inmensas cantidades de algas, que transforman la arena el algo similar a una plantación de lechuga, hasta pedazos de bichos muertos (encontramos hasta una aleta de tortuga marina!!) y las consabidas y profusas bolsitas de plástico, que le agregan el “color local” a la mugre. En Adícora estuvimos dos días, pero como no pintaba mucho trabajo en el lugar, decidimos dejar nuestras cosas en lo de Otto e ir a probar suerte a Villa Marina, una de las playas más top del país. Llegamos a dedo y bastante rápido: a las 10 de la mañana ya estábamos pateando la arena. Siendo el nuestro un negocio itinerante, nos dedicamos a caminar, caminar y caminar durante todo el día, haciendo yuyitos hasta la cuasi insolación. Por supuesto, el detalle de los buses tampoco falta aquí, por lo que a las 17 h ya no teníamos modo de regresar a Adícora: nos quedamos varados en Villa Marina, situada a 3 hs de la casa de Otto. Para que se den una idea de nuestra situación: habíamos recorrido la playa durante todo el día (entre las 10 y las 17 h), no teníamos carpa, ni bolsa de dormir, ni comida, ni agua… y el precio mínimo de una habitación rasca –por una noche- era aproximadamente 60 dólares. Se nos vino la noche en el sentido más literal de la expresión, y nos encontramos haciendo dedo en plena oscuridad. Por suerte, nunca falta alguien que te ayude en este mundo generoso, y por intercesión de los encargados de una posada, conocimos a una familia que nos prestó una carpa para pasar la noche. Al otro día amanecimos a pocas cuadras de la playa, y ya que estábamos en el baile aprovechamos para pegarnos otra insoladita y acumular ultravioletas por el equivalente a 10 años más. Por supuesto, a las 15 h ya estábamos saliendo para Adícora. Esa noche intentamos infructuosamente recuperarnos del cansancio acumulado, entre un coro de mosquitos a 36ºC. Obviamente, apenas despuntó el sol, le agradecimos a nuestro querido Otto por su hospitalidad y partimos raudos rumbo a la selva. En nuestro veloz retorno, pasamos por lugares como Tucacas, un pueblo de complejos hoteleros muy similar a la Bristol, y por Morón, un complejo gigantesco de industrias petroquímicas que te obliga a cerrar las ventanillas o cubrirte la cara, tan fuertes son los vapores de amoníaco que libera al medioambiente. Por la noche, con el último suspiro y el post último bus, llegamos finalmente al susurro del arroyo en La Planta…
DESPEDIDAS VARIAS Y EVENTOS FAMILIARES Nada es para siempre, como dice la Fabi. Los compatriotas empezaron a emigrar: algunos en pos de mejores rumbos, otras siguiendo su caminito trazado, otros de regreso al pago… entre estos últimos, la Lili, que por primera vez en un año volvía a la Argentina, y Coti y Mati, embarazados de cuatro meses y con el Mati con problemas de salud. La temporada llegaba a su fin, y se sentía: en la playa ya casi no había colegas, el malecón de los domingos era silencioso y sin tamboras, la arena estaba casi limpia. Así no tiene gracia. Antes de la despedida, festejamos algunos acontecimientos familiares. El último fin de semana, fuimos padrinos colados en el casamiento de Vicky y Dani -una redundancia que igualmente sirvió como excusa para la joda, con tambora y arreglos florales incluídos. Y los días antes de irnos, asistimos a los ensayos de debut de preescolar de Luca: emperifollado y con mochila nueva, nuestro sobrino fue a la escuela en el día que supuestamente empezaban las clases… para volverse a la media hora, porque “están limpiando la escuela porque está muy llena de malezas” -genial, se ve que no sólo en Misiones se acuerdan de limpiar la escuela recién el primer día del calendario escolar. Y antes de irnos, festejamos tantos lindos momentos en la casa de la Lili, con un pescado con vinito.
RETOMANDO EL CAMINITO… DE LARVA CUTANEA MIGRANS- UN CACHO DE CULTURA, LARÁ LARÁ LARÁ Una será muy artesana pero sigue teniendo el Farreras (tratado de medicina interna) en una parte de su corazón, y haciéndole honores les rendí mi humilde homenaje a las queridas e ignotas patologías tropicales. Como testigo mudo de las caminatas en patas por la arena y herencia pruriginosa de la fauna local, y para no ser menos que nuestros amigos que ya tenían hijo y perro, en los días previos a la partida adopté finalmente una mascota. Algo que comenzara como una simple picazón en la segunda falange del tercer dedito del pie izquierdo, que en principio atribuí a algún puri puri (jejenes fanatizados por nuestra sangre), terminó luego adquiriendo un trayecto lineal por la piel. El bicho en cuestión, un parásito subcutáneo conocido en el medio como “bicho geográfico” y en el académico como “larva cutánea migrans”, es un parásito cuyos huevitos están en la caca de los perros: con el calor de la arena, eclosionan y se transforman en larvas que se meten por debajo de la piel de las zonas expuestas. En este caso, mi dedito del pie. Por ahí van migrando como una por Latinoamérica, sin ton ni son sino por el simple impulso de migrar. Y finalmente se mueren como todos, en un lapso que puede demorar de 2 semanas a seis meses. Y una, que en el fondo es hipersensible por no decir atópica, se encariñó con el bicho al punto de trabar con él un pacto tácito en el cual el empréstito de mi dedo caducaría al momento de abandonar Choroní -que a fin de cuentas él es una criatura de playa, qué joder. Pero la criaturita ´e Dios se había aquerenciado, y sin coraje ni Ivermectina para desalojarlo, retomamos el caminito de hormiga rumbo a Brasil siendo tres: Germán, el bicho, y yo. Siendo los perros tan fáciles de conseguir, como dice la Jesi…
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"NOS ESTAMOS VIENDO"(y si no nos vemos, nos tanteamos) |
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