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12月13日 DIARIO DE VIAJE POR EL RÍO DE LAS AMAZONAS1er DÍA: luego de un abordaje desde la lancha, trepando por la baranda con todo y mochila al mejor estilo "Jack Sparrow" (ver la peli “Piratas del Caribe”), buscamos un buen lugarcito para atar las hamacas. Era el mediodía, pero igual convenía anticiparse ya que nos habían advertido que eso se transformaba al poco rato en un despelote de gente. Un amigo nos había recomendado colgarla “del lado de la pared” y eso fue lo que hice. De todas maneras, parecía innecesaria la recomendación hecha “para no quedar hecha sándwich entre las otras hamacas”, porque éramos tres personas más y nosotros. El barco zarpaba al día siguiente. Por la tarde, la tripulación fregaba hacendosamente la cubierta. Ni los palos que sostenían las barandas, quedaron sin limpiar. Una maravilla. Recorrida por el navío “ONZE DE MAIO” y evaluación de sus “comodidades”: PISO DE PASAJEROS, cuatro banhos con ducha (que me parecían medio pocos para las esperadas 160 personas); cuatro piletas de lavarse las manos, con jabón y espejo; un dispenser de agua fría (upa!); cuatro camarotes (con precio diferencial, obviamente) con dos cuchetas cada uno; dos banhos para compartir entre los cuatro camarotes; cuatro bancos largos, dos a la izquierda y dos a la derecha, acomodados a lo largo de la baranda. PISO DE ARRIBA: una barra de bar; dos parlantes grandes (chan!); mesas y sillas de plástico apilables; aprox. 20 botes salvavidas (muy bueno); techito amplio frente a la barra (sino, supongo que sería imposible estar en cubierta); cuatro camarotes más (con aire acondicionado y banho privado); cabina del capitán (a babor). BODEGA: no la vi porque no te dejan quedarte, pero más o menos tenía un agujero en el piso donde había un montón de tipos metidos, que iban atajando las cajas, bolsas y paquetes que los otros les pasaban. A la tardecita, famélicos (no habíamos almorzado), y viendo que el barcito del barco no abría ni a palos, decidimos bajar a comprar morfi y recorrer un poco el mercado que está frente al puerto. Como el mono de la lancha nos cobraba 6 mangos más por cabeza (casi dos comidas) para volver a cruzarnos, decidimos encarar nuestra condición de ilegales y pasar por el puerto (la salida “paga”) saludando al guardia en perfecto español. Atravesamos la salida sin problemas. Ya en tierra firme, chusmeamos por aquí y por allá, comimos un pescadito con arroz y ensalada, compramos algunas frutas y una vianda de la misma comida, y decidimos volver a abordar el barco por donde habíamos salido. Con nuestra más argenta cara de boludos quisimos cruzar otra vez la puerta, pero… oh oh! El guardia nos hizo “Martín Pescador” (juego antiquísimo que quizás recuerden los mayores de 30) y… casi no nos deja pasar!!! Por suerte, apiadándose de nuestras caras de caídos del catre, nos explicó lo que ya sabíamos y nos dijo que por esa vez nos hacía la excepción y nos dejaba volver al barco, pero que no podríamos salir más. Por suerte, contabilizábamos ahora entre nuestras provisiones: un repollo, un kg de zanahorias, cuatro tomates, queso, pan, leche en polvo, chocolate y café. Esa noche, demostrando que somos más evolucionados que un pollo, dormimos el suenho de los justos con todas las luces del barco encendidas. Entre una sinfonía multicolor que incluía: los gritos y carcajadas de los estibadores –los tipos no pararon de cargar en toda la noche!!!-, música popular brasilera (MPB) alentando el trabajo de nuestros guerreros, y el motor del barco que bombeaba el agua de las bodegas. Todo matizado por el olor a querosén de los motores de los camiones que venían a descargar. Un festival pa´l inconsciente, que como dicen algunos sigue despierto.
2do DÍA: primer amanecer en el barco. Dormí bien, calentita, y mi inconsciente ignoró con bastante éxito todos los estímulos. Conclusión, que a pesar de las patadas de Germán en mi cabeza (es que el cuerpo en la hamaca adopta posiciones algo bizarras) y los movimientos de mis vecinos, me desperté a las 9 de la manhana. En el barco, la cosa va tomando color: empezaron a caer vendedores de comida y chucherías, y luego llegó un señor con cara de mandamás a inspeccionar los papeles del barco. Lamento no entender portugués, porque me estoy perdiendo la conversación entre el tipo este, que parece ser de Salud, y el capitán. Al mediodía, la plataforma ya es un hervidero de gente, y un tipo (que después resultaría ser el capitán, con cara y humor de perros) nos colgó de mala manera una hamaca entre la de Germán y la mía. El barco comenzó a maniobrar y se acercó mucho a otro que está varado: el movimiento comienza a revolver un poco la panza. Mejor, porque no nos vendría mal un medio ayuno, después de tanta fritanga venezolana. Cosas que pasan vendiendo por cubierta: comida, anteojos, jugo, empanadas, helados, frutas, juguetitos, galletitas, relojes, CDs y DVDs, CDplayer, cinturones, bijouterie, estuches para celu, juguetitos electrónicos, platos, bichos con luz, sogas para atar la hamaca, gaseosas, sombreros. (14h) Entre Germán y yo ya hay 4 hamacas, y el compa casi se me pierde entre un montón de gente a diestra, siniestra, babor y estribor. Ambos decidimos apostarnos firmemente en nuestras respectivas hamacas, como para evitar que nos cuelguen una encima. Justamente, a mi derecha tengo dos vecinitos , un nene y una nena, contra quienes aparentemente me comprimiré para dormir esta noche. Algo genial de este sistema de dormir –además de que ocupás poco espacio, y podés descolgarlas de día (por supuesto, no en este contexto)- es que los costados de la tela te tapan la visual. Esto te da una cierta –precaria- intimidad que podés aprovechar para rascarte el culo libremente, sacarte los mocos, y otra serie de necesidades poco sociales a las que entre tanta gente sería imposible dar curso. Cosa que no deja de ser importante para mantener la subjetividad entre aproximadamente 200 personas en estado de hacinamiento colgante y flotante. El barco se mueve otra vez, y a juzgar por la cantidad de gente… ARRANCAMOS!!! (17h) Durante gran parte de nuestro recorrido, presenciamos la (des) unión de los ríos Negro y Solimões: sus aguas –de distinto color- se juntan pero no se mezclan, al menos no “gradualmente” sino en forma de “pedazos”, formando manchones que parecen retazos pegados. El Río Negro, que es el que pasa por Manaus, tiene aguas negrísimas, porque están formadas por muchas partículas biológicas en rápida descomposición, a causa de su ph ácido. Este tipo de ríos nace en las Guyanas (en la zona donde están los tepuyes!), en sitios con poca erosión y pocos sedimentos para arrastrar –inclusive en época de lluvias-; y corre de norte a sur porque. Después me enteré de que su visibilidad es de 4 metros!!. El Solimões, en cambio, es de aguas claras, barrosas: este tipo de ríos nace de los Andes (sí, leyeron bien!!!) y corre hasta el Atlántico; sus aguas arrastran muchos sedimentos y por eso tienen un color más claro, un pH más alcalino, y una visibilidad menor (0,1 a 0,5 m). Entre este último tipo está el propio Amazonas y sus formadores, que –como llevan más materia orgánica- tienen muy buena pesca y están rodeados de áreas muy fértiles. A propósito: sabían que el Amazonas cambia de nombre 7 VECES durante su recorrido, desde su nacimiento en los Andes peruanos hasta su desembocadura en el Atlántico?
3er DÍA: primer día de navegación, y de convivencia con el espíritu amazónico. Ayer, cuando todos terminaron de atar sus redes (así les dicen acá a las hamacas, independientemente del material con que estén hechas), Germán subió a la terraza quejándose de que “entre tanto amontonadero, no corre el aire: no sé cómo vamos a hacer para dormir esta noche”. Pero luego de que el barco arrancó, bajamos y oh sorpresa! Las redes flameaban enloquecidas con el viento que les daba el movimiento del navío. Conclusión: que anoche dormimos en medio de un viento que casi nos lleva volando, cosa que impidió nuestra compresión entre otras 200 buenas gentes. La mala noticia es que en realidad no fueron los ninhos mis vecinitos de hamaca, sino su señora madre: una gorda de 100 kg con una voz de bocina de bus choronicense, que por la noche me aplastó sin piedad contra la pared, y por la manhana me despertó gritándoles a los hijos en MI oreja. Felizmente, la mayoría de los pasajeros prefiere quedarse en sus redes, así que la terraza está muy tranquila: críos jugando con pistolitas de agua, madres de los críos controlando que ninguno se arroje a las amazónicas aguas, gringos tomando sol, tipos que matan el aburrimiento a porronazo limpio, y nosotros dos, gente sana y de bien, HACIENDO GIMNASIA MATINAL!!! Jejejeje…. Observando el barco, se activa mi neurona delirante (lo dije en singular?). ´Tá bueno el barco este, me refiero a uno sin tanta gente, para poder vivir. A ambos lados se ve el río, las costas a varios km, y arriba todo el cielo abierto: un patio interminable! Si a esto le agregamos unas cortinitas alrededor, unas plantas lindas y unos lindos sillones (y sí, una tiene su sentido estético también)… Lugar excelente para dar rienda suelta al suenho de tod@ teatrer@ de sangre aventurera: una función para adultos y otra para ninhos, con talleres varios para compartir con las comunidades ribereñas. Algo así como el “Nau Mon”de la Fura dels Baus, cosa que demuestra que los tipos no son ningunos boludos a fin de cuentas. (15h) El barco está detenido desde hace unas 3 hs en el Puerto de Parintins, cargando botellas de cerveza vacía. Deberían darnos al menos una cerveza gratis, por hacerle el aguante a los negocios del capitán. En la terraza no se puede ni estar del calor (ni te digo en cubierta), nos sentamos a hacer artesanías y las gotas de transpiración nos corren por el esternón que es un preciosor. Es que en la cubierta el sol da duro, y –como estamos detenidos- no sopla ni una mínima brisita. Por suerte, se viene un tormentón de aquellos que todos conocemos por esta zona, igualito al que nos despidió ayer de Manaus. Espero que el capitán termine su negocio antes de que nos agarre el aguacero en medio del río. Germán juega a las cartas con los compas de viaje, y aprovecha pa´chamuyar en portunhol, mientras los compas intentan hacer lo mismo pero en inglés… y eventualmente, solicitan mi asesoramiento para batirles algún piropo a las británicas. Jajajaja! AGUANTE LA BABEL FLOTANTE!! Entre estos amigotes, hay un camionero que viaja por el nordeste, un gringo grandote, locuaz e histriónico, que siempre está contando chistes y haciendo reír a todo el mundo. También hay un flaco (Magrâo) de Belem que trabaja en una maderera en el medio de la selva durante tres meses seguidos, y vuelve a la casa por quince días: así, desde hace dos anhos. Este amigo es un fiel exponente d la problemática socioeconómica local: su trabajo consiste en derrumbar árboles centenarios con una topadora (actividad ilegal), y nos cuenta que ese es uno de los escasísimos empleos de esta zona que le permite ganar un sueldo decente, con el cual mantener a sus tres hijos. Que por supuesto, sólo con mucha suerte conocerán la Amazonia que su padre ve. (19h) Tocamos otro puerto. Es de noche y las luces de la calle están llenísimas de bichos (imagínense si no), como nubes densas alrededor que –desde lejos- se ven preciosas. En la hilera para retirar la cena, nos pusimos a conversar con dos inglesas (bah, una es galesa), y comentábamos que es increíble la tranquilidad del barco. A pesar de que estamos todos amontonados, durmiendo literalmente encimados, con sólo 4 banhos con ducha para tod@s... NADIE SE QUEJA, NADIE PELEA, TODO FLUYE PACÍFICAMENTE! Hasta los críos, que son cerca de 10, están tranquilos y juegan sin atormentar! En el área de las redes, hasta se puede dormir en cualquier momento del día. Y en la terraza, la música está –increíblemente- a un volumen que permite el diálogo ameno. Además, el lugar se mantiene bastante limpio, para la densidad poblacional comentada (que me perdonen los hermanos bolivarianos, pero… CÓMO SE NOTA QUE NO ESTAMOS EN VENEZUELA!!) Sin embargo, en diferentes blogs hemos leído el comentario de viajer@s a quienes les tocaron en (mala) suerte barcos ruidosos, gente que se apretuja (acá eso ocurre, pero sólo de noche, cuando TOD@S nos acostamos a dormir), críos que corren y gritan entre las hamacas desde las 5 de la manhana, bar con pop “cutre” a todo volumen, en fin… Afortunadamente, en este barco no es así, y sólo pasan música brasileña, que está re buena! Lo único que no está tan bueno, es la comida. Adivinan? Cucharón de arroz, cucharón de feijao, breve estofado con sombra de carne, y cucharadita ínfima de “ensalada” (cebolla y tomate picaditos chiquiiiiiiiiiitos). Todo acompañado con ABUNDANTE farinha (harina de mandioca tostada), que -a decir de los locales- regada con mucho agua, se hincha en el estómago y te da sensación de saciedad. Cena del día: lo dicho. Puntuación: 6. Costo: 5 R$.
4to DÍA: (5.50 am) “por la boca muere el pez”: antes del amanecer, el barco obedecía exactamente a la descripción hecha por el amigo con mala fortuna. Críos llorando impacientes, gente hablando a los gritos, movimiento de bultos. Motivo? Llegamos a Santarem, principal puerto y ciudad más grande de la ribera del Amazonas. Acá el barco descarga y vuelve a cargar, así que nos quedamos hasta las 17h. Lo bueno es que te dejan bajar a tierra, así que nos iremos a dar una vueltita a ver qué onda. Ni les digo el amanecer que fotografié, un sol fucsia saliendo por detrás de las torres del puerto –que aún tenían las lucecitas encendidas- y todo el río tenhido de violeta… (16h) Dimos una vuelta por el pueblo: no mucho para ver, parece Villa Ocampo o Malabrigo (para quienes conocen el norte de Sta Fe). Fuimos al Mercado Municipal, y también pasamos por otro de pescados: es increíble la variedad y cantidad que hay, parecieran sacados del mar!! En el mercado nos encontramos con un montón de gente del barco, todos con buenísima onda; algunos nos convidaron cerveza, otra, sandía; otro, nos recomendó dónde ir a almorzar. Compramos provisiones –frutas y verduras- para el resto del viaje, que calculamos 3 días, y almorzamos un riquísimo pescado asado: también compramos otro para la cena. Cuando volvimos al barco, otra escena de la generosidad brasileña: el gringo grandote había comprado camarones de río (que en el mercado te venden a cuatro mangos el kilo) y convidaba a todo el mundo, estimulándolos a los gritos a comprobar si es verdad eso de que son afrodisíacos… Por supuesto, un coro de carcajadas le hacía eco todo el tiempo. Mientras tanto, otro gringo (este, auténtico: irlandés) ofrecía uvas para acompañar los camarones. Una auténtica bacanal. (Ahora que lo sé, me pregunto: habrá sabido esa buena gente, que para pescar una tonelada de camarón se desperdician 4 toneladas de pescaditos?) Tomé fotos de todo ese festejo, incluyendo a las británicas haciéndose la manicure sumergidas en sus hamacas. Y después aproveché para dormir un siestón, porque la gorda –que unos instantes antes estaba trabada en transversa- había salido de su hamaca, liberando el campo. Después me pondré a hacer algunas artesanías, a ver si vendo un par de cositas más (ayer vendí unos brochecitos para el pelo!!) (23h) Luego de la cena, tuvimos una linda charla en inglenhol con l@s representantes de Gran Bretaña (la inglesa, la galesa y el irlandés). Las chicas me contaban que quieren viajar por 7 meses hasta cruzar a la Antártica, y luego volver por Chile hasta Perú, en un caminito de hormiga inverso al nuestro (que iba pa´l norte buscando el calor…). Por supuesto que aprovechamos para darles todos los consejos de “viajeros experimentados”. La galesa (Mary) nos contaba que quiere viajar por Trelew y otra ciudad que está en frente, que son las dos únicas de Latinoamérica donde TODAVÍA SE HABLA EN GALÉS (o galo?)!! y que TRE significa ciudad, en galo. El irlandés me desburró un poco en relación a las guerras civiles en su país. Ha visto, todo lo que una aprende en un barco sobre el Amazonas?! Cena (y almuerzo) del día: remitirse al “4to DÍA”. Puntuación: 5. Costo: 5 R$ cada comida. Por suerte, nuestro repollo parece eterno!!!
5to DÍA: hoy otra vez amanecimos con bullicio; bocina de barco llegando al puerto, gente hablando a los gritos, críos llorando, estibadores llamándose, ruidos de carga y descarga… Es que arribamos a Parinhas, donde el barco estuvo descargando un par de horas más. En cubierta estuvimos conversando con otro personajito típico: un chico de 17 anhos, ayudante de carpintero, que vive en Santarem y va a Belem a rendir un examen para entrar en la Marina. Todo por la promesa de ganar un salario de R$ 2500, cosa impensable en su trabajo actual. (8h) Puerto. Mientras los estibadores cargaban y descargaban haciendo equilibrio sobre los palos del puerto (no había muelle), aproveché para comprarme un vasito de mazamorra y le encajé toneladas de canela… pero la mazamorra era SALADA!! PUAAAAAAAAAAAJJJJ!!! Obviamente siguió subiendo gente (cosa que no dejó de ocurrir en todos los puertos, a pesar de que no lo haya mencionado), cuando entre las hamacas ya no cabe un alfiler. Adivinan dónde colgaron sus hamacas? En la bodega. ARRANCAMOS!! Para demostrar cuánto le importan sus pasajeros, el “copado” del capitán dejó a dos tipos que bajaron a comprar un desayunito. A pesar de que toda la gente le gritaba que los espere, y que los pobres viejos se descostillaban haciéndole senhas (el barco recién estaba desatracando). Por suerte, una familia que recién salía en su lancha los acercó, y pudieron alcanzarnos otra vez. Aguante la solidaridad de los ribeirinhos!! En la terraza hay una vista preciosa. El río sigue siendo ANCHÍSIMO (a diferencia de lo que esperábamos encontrar, la típica imagen del Discovery donde el barco va por canales estrechos con orillas de fronda espesa) y su reflejo va cambiando con el color del cielo: violeta por la madrugada, luego rosa, naranja, rojizo, blanco, oscuro por la noche… es increíble la sensación de libertad que da tanto espacio abierto. Nos dijeron que a veces se pueden ver manadas de animales tomando agua en sus orillas, pero para ver un bicho desde acá necesitás un largavistas, salvo que sea un elefante. De día se oye la música del bar y las conversaciones, pero al amanecer –nuestro horario favorito para meditar y/o sacar fotos- sólo el motor del barco y el sonido del agua, porque los pájaros están muy lejos en los árboles de la orilla. (15h) Otro puerto! Llegamos a Almeirim, donde toda la tripulación se abalanzó sobre un heladero e hicimos una chanchada general con la chorreadera de los “picolés” (palitos helados de crema). Yo me comí dos, en una competencia sin tregua con la gorda. Y nuestro amigo Magrão nos regaló queso amazónico, que está riquísimo. (22h) OTRO PUERTO MÁS!! Creo que si el viaje se hiciera directo de Manaus a Belem, no tomaría más de 3 días. El puerto este se llama Guarupá, y no descargamos sino que cargamos… ACCIDENTADOS!!! Cartón lleno: suben dos tipos rengueando –uno con la pata fracturada, aparentemente-, y la moto destartalada. Van a Belen a hacerse una radiografía. Hay una luna llena preciosimísima, pa´agarrarse a besos en plena terraza (cosa que ya han hecho una austríaca y un yanqui que subieron separados, y ahora están bien acarameladitos… jejejeje!) Otra promesa de la noche: apenas salimos del puerto, empiezan a sonar cuetazos y tiros en la terraza. Motivo? “El pago de una promesa” me informa la gente del barco. Es que estamos pasando frente a la iglesia de San Benedicto, a quien los pirotécnicos le han hecho una promesa, y esta es la forma en que le demuestran su agradecimiento. Comida del día: remitirse al “4to DÍA”. Puntuación: 5. Costo: 5 R$ (sólo comimos almuerzo). Genial la de haber comprado verduras en Santarem: a la cena zafamos de los feijao con unos sándwiches de queso, lechuga y tomate.
6to DÍA: (10am) Descarga, en el que supuestamente sería el último puerto (a esta altura, ya perdí la cuenta de cuántos llevamos). Hoy me desperté a las 5 y aprovechando que todos dormían, me fui a meditar a la terraza. Cuando subí, todo estaba en penumbras, y a lo lejos parecía verse el habitual paisaje de las costas. Pero resulta que a poco de estar meditando, empiezo a sentir olor a flores: pensé que alguna tempranera como yo habría subido a la terraza recién banhada, y seguí absorta en lo mío. Al rato, olor a quemado: bueh, haasta que alguien de la voz de alarma porque se quema el barco, no pienso entregarme a los cardúmenes de pirañas. Y seguí meditando. Después oí críos gritando y jugando, cosa bastante difícil ya que aquí, en la terraza, ya que –como les comentara- el sonido no sube desde la cubierta. Ya cuando oí ladridos de perro, mi gato interno decidió suicidarse: la curiosidad me hizo abandonar la meditación, y al abrir los ojos FLASHEÉ ante el nuevo paisaje. El río se había estrechado a un quinto de su ancho anterior, y AHORA SÍ aparecía ante mí el típico paisaje del documental: el sol naranja del amanecer iluminaba un cauce estrecho, cercado de enormes árboles y palmeras entre los que asomaban casitas de madera construídas sobre pilotes. A pesar de que era muy temprano, varias canoítas con críos ribereños se acercaban al barco para alcanzar alguna de las bolsas que la gente le tiraba desde cubierta, con comida, ropa, etc. Esto me hizo reflexionar acerca de algunas cosas, a saber: 1°) est@s crí@s son hij@s del río en todos los sentidos: fueron concebidos y paridos al lado del río (se imaginan que acá habrá un parto hospitalario, a dos días de viaje del hospital más cercano?); su “patio” es el río, ya que las casitas están en su mayoría rodeadas por agua o por tierra semianegada; y viven del río, el río los alimenta, les da agua y en él se higienizan. Luego leí que la mayoría de la gente de esta zona saca el agua directamente del río, y la beben así nomás, sin ningún tratamiento. Obvio! 2°) la vida sí que debe ser ardua acá –aunque sin dudas sea tranquila: supongo que la gran mayoría de las cosas se debe hacer en casa, siendo que están a varios días de viaje en barco de cualquier tienda medianamente surtida… Y lo que no se puede hacer en casa, no existe! Y recordaba lo incómodo que era a veces la vida en Choroní, donde teníamos que esperar al miércoles (que era el día en que venía el camión) para comprar verdura fresca… Dentífrico, papel higiénico, saquitos de té? Jajaja!! Probablemente, las compras de una familia sean poco más que aceite y arroz. 3°) Y andá a conseguir una farmacia de turno para comprar aspirinas, preservativos, o toallitas… Hay otra opción que la medicina tradicional de diagnóstico empírico y tratamiento sintomático, a base de hierbas, en una zona a dos días de navegación de un aparato de rayos? 4°) Eso sí: como en todos lados, hay una sola cosa que no se produce en una casa, pero que tampoco falta en ninguna. Las antenas satelitales!!! Siii!!! La sociedad de los cerebros muertos también invade la Amazonia, y no hay casita, por humilde que sea, que no luzca sobre su techo un disco para captar la tv satelital. Y bueh, todo sea por la planificación familiar. (17h) Las británicas están tiradas al sol en la terraza, compartiendo auriculares y coreando compenetradamente a dúo todas las letras de los Rollings… diáspora a la vista: QUÉ NOSTALGIA DE LAS BERTOLINAS Y LAS GORDIS!!! Mientras tanto, Germán sigue timbeando con los amigotes del barco, que a esta altura ya en su mayoría están en pedo. En la terraza nos ponemos a conversar con Carmino, un ingeniero agrónomo que está haciendo un posgrado para venir a aplicar los conocimientos a la Amazonia (espero que no sea para talar árboles y meter vacas). Y a un colega aventurero cincuentón, que había estado viviendo tres meses en el alto Amazonas (cerca de Leticia, en la frontera con Colombia). Él nos contaba que –a pesar de lo que una pueda imaginarse, con tanta selva y árboles y plantas- la gente de acá sólo come pescado y farinha. No están habituados a alimentarse con vegetales y frutas, y esa es muchas veces una de las causas de malnutrición de los chicos. Una de las cosas más interesantes del viaje fue enterarnos de que este navío tuvo dos naufragios. Ambos, en la desembocadura del Amazonas, donde la corriente de salida se pone turbulenta al entrar en el mar, causando un fuerte oleaje. Y no deja de ser un detalle el hecho de que estamos cerca de la foz (la desembocadura) y sobre nosotros empieza a cernirse una tormenta digna de las apocalípticas películas yanquis. (20h) No, no era el último puerto. La tormenta maula nos obligó a parar otra vez, y por supuesto el capitán aprovechó para cargar un poquitín más el barco. La tormenta despuntó con un viento juerte juerte que enloqueció un poco el oleaje, y el correspondiente aguacero torrencial; pero por suerte no pasó de algunos efectos especiales durante algunas horas. Se ve que el capitán aprendió a respetar las razones de la naturaleza, y sólo cuando había cesado hasta la ínfima lluviecita, volvimos a arrancar.
7° DÍA: TIEEEEEEEEEEEEERRRRRRRRAAAAAAA!!!!! AL FIN!!! Tipo 5 am llegamos a Belén!!! La gorda se puso a atormentar con la bocineta desde las 3.30 am, así que hoy sí que Dios nos tiene que ayudar. Menos mal que llegamos, porque los banhos ya son un chiquero, todos inundados y sin una limpiadita desde hace dos días; no hay agua fría en el dispenser desde hace tres días; y nuestros estómagos claman por comida fresca y lácteos!!! De todos modos, llegamos muy felices. La experiencia fue hermosa, en el camino conocimos –y vivenciamos- algo que de otra manera no hubiéramos conocido: la forma de ser y vivir de l@s pobladores de la Amazonia. Aprendimos que aquí (sobre)vive gente capaz de enlazar un barco en marcha (miren sino la foto del tipo que ató su canoíta del barco, para intentar vender una botella de açaí), muchas veces ignorante de la riqueza inmensa que los rodea, hasta el punto de atentar contra ella con tal de ganar unos mangos. También conocimos –y degustamos!- la inmensa fertilidad de las aguas y la selva del Amazonas. En fin, que si tuviéramos la posibilidad, nos compramos un barco y hacemos la gran García Márquez. Así que a quien le gusten las experiencias de carácter antropológico… SE LA RECOMENDAMOS ENFÁTICAMENTE!!!! Y rápido, que hay que conocer la Amazonia para empezar a cuidarla de verdad... que no se cuida lo que no se ama, y no se puede amar lo que no se conoce!!!
***ULTIMAS ANOTACIONES PARA VIAJEROS: el nombre de nuestro navío era ONZE DE MAIO. A este sí que NO LO RECOMENDAMOS, porque la comida no es buena, carga demasiada gente, y la higiene tampoco es de lo mejor (salvo antes de la inspección del señor del Ministerio de Salud). Cosa corroborada por la gente que viajaba con nosotros, acostumbrada a subir y bajar el Amazonas en barco, y leída luego en diferentes blogs de otros viajeros. En caso de que piensen hacer este viaje, les sugerimos que primero averiguen en el puerto qué navíos salen en esos días (todos los puestitos te venden pasaje para los mismos), y compren en otra empresa. Costo total de nuestra travesía por el Amazonas: R$241 sólo de comidas y pasajes, a saber:150 de pasaje, más R$70 de almuerzo y cena (por los 7 días), más R$21 de los desayunos de los 7 días (R$ 3 por día). De todos modos, recuerden que en realidad el viaje es de 5 días (nosotros embarcamos un día y medio antes, lo que suma dos o tres comidas) y que fuimos comprando provisiones -y heladito, jejeje- por el camino, gastando un poco más. Creo que para comprar también algunas cervecitas y chucherías, habría que redondear en R$ 300 por persona.
12月12日 LA AMAZONIA POR TIERRAPE PE PEPE PEPE, PE PE PEPE PEPE El camino atravesaba una zona semiárida con carteles que anunciaban que su explotación está reservada a las comunidades indígenas, y una se imaginaba a los pobres indios ordenhando piedras para sacarle agua, o preparándose una ensalada de espinillos. Claro, hasta que encuentren petróleo en la zona, y entonces al carajo el preservacionismo y los derechos humanos, metemos a los indios en el primer cohete y que se vayan a colonizar Marte (como verán, una a esta altura ya está un poco escéptica en relación al respeto de los derechos de los indios a la posesión y usufructo de sus tierras).
BOA VISTA La cuestión es que, sea como fuere, dormimos lindo y recuperamos fuerzas: tanto, que al otro día seguimos envalentonados, y nos pusimos otra vez a hacer dedo, qué tanto! Por supuesto, a las 11 y bajo un sol que nos cocinaba el área de Brocca de ambos hemisferios cerebrales, decidimos emprender la retirada y comprar de una vez por todas los benditos pasajes. (Supongo que no hace falta aclararles que, envueltos en un calor abrasador y con todos los bártulos encima, no teníamos ni las ganas ni las posibilidades de ir a recorrer la ciudad -que por otra parte, tampoco parecía tener demasiados atractivos, salvo un trazado urbano particular.) Cuestión que esa tarde aprovechamos para leer sentados en la terminal, banharnos cada dos horas como mi amiga Gabriela (jejee), y prepararnos para encarar limpitos rumbo a nuestro próximo puerto.
MANAUS Luego de viajar toda la noche, a la manhana siguiente llegamos a Manaus. Una ciudad enorme y moderna, la más grande de esta parte de Brasil, con edificios altos y buses organizados... Y una tan ignorante, que se imaginaba algo así como un campamento forestal aggiornado! "Preguntando se llega a Roma", y ya en Manaus llegamos bien y rápido a la terminal del puerto. Y por qué del puerto? Será que nuestro plagio de Odiseo no tiene límites?
No no no no!!!! jamás esa carta!! Paso a contarles: la Amazonia, como ustedes sabrán, es la región del planeta donde -aunque a duras penas- se conserva la mayor extensión continua de selva virgen; con una densidad de bichos tan grande que un humano adulto, con cada paso que diera, pisaría 1500 invertebrados!!! (desburráos, pobres mortales: invertebrados son los insectos, gusanos, protozoarios, etc. O sea, sin tener en cuenta las plantas, hongos, líquenes, y demás yuyoides). Tan densa es la Amazonia en algunos lugares, que un mono podría ir desde Ecuador hasta el Atlántico por las copas de los árboles, colgado de liana en liana a lo largo de... 3700 Km de selva!!! Ergo: si se mantiene todavía esa cantidad -y calidad- de selva, es porque hay varios lugares a donde no ha llegado nuestra especie voraz. Y si no ha llegado, es por un simple y sencillo motivo: no hay por dónde. Como ejemplo, valga recordar que la famosa "ruta transamazónica" que figura en nuestro mapa cual sendero d esperanza, es una mera ilusión; un simple camino de tierra que durante la estación lluviosa se vuelve intransitable. Recorrida por destartalados buses, a una velocidad promedio de 40 km/h, uniendo poblados ínfimos sumergidos en ese océano de árboles. Es decir: a la fecha, sólo hay dos maneras de recorrer la distancia entre Manaus ("capital de la selva", como le dicen algunos) y Belem (ciudad principal en la desembocadura del Amazonas). La más fácil y rápida -aunque despues nos enteramos de que tiene su versión "com emoção", coincidiendo con la tormenta cotidiana de las 4 de la tarde (pa´que no digan que el tiempo acá es loco)- es en avión. Y la más lenta y "antropológica", es en barco. Los susodichos barcos son viejos navíos de tres pisos, que automáticamente te remiten a aquel en que se echan su tardío polvo nuestros queridos Florentino Ariza y Fermina Daza, en " El amor en los tiempos del cólera". El piso inferior del barco es bodega, donde cargan todo tipo de cosas que luego van descargando en los puertos riberenhos, para volver a cargar otro montón de cosas -y gente. El del medio, es un amplio espacio donde se cuelga una cantidad impensada de hamacas paraguayas, es decir donde viaja la gente en "clase turista" (más adelante en el tiempo y el espacio, confirmaríamos que en realidad era "clase sardina" -muy apropiada al contexto acuático). Y el superior, es el "estar", donde l@s viajer@s se juntan a pasar el tiempo jugando a las cartas, tomado cerveza, asoleándose, sacando fotos, en fin... El viaje de descenso (Manaus-Belem, el que nosotros hicimos) por el colosal río, toma 5 días. Contrario al de ascenso (en sentido contracorriente), que demora 7 días. Eso en caso de que no te agarre una de las habituales tormentitas tropicales, obligando a anclar el barco para esperar que escampe, como diría Juan Domingo.
En fin, llegamos a Manaus y nos dispusimos a conseguir nuestro pasaje en algo que inicialmente parecía ser el crucero del amor, pero que luego terminó resultando algo así como la nave espacial de "Man in Black", donde todo tipo de extraterrestre convivía en completa -e increíble- armonía. El primer obstáculo, de tipo económico, se nos presentó en la terminal porturaria: contrariamente a lo que esperábamos, nos dicen que el pasaje sale R$ 220 y no incluye las comidas!!!! (siendo que en todos los lugares en que nos informamos, decía que el precio era aproximadamente de R$ 150 e incluía las comidas del trayecto). Preguntando otra vez, una senhora muy amable nos desburró rápidamente, informándonos de la infaltable -y clásica- "opcion trucha". ATENCIÓN VIAJER@S: PARA COMPRAR LOS PASAJES MANAUS-BELEM, NO HAY QUE ENTRAR EN LA TERMINAL DEL PUERTO!!! Porque ahí te incluyen en el pasaje, el impuesto de "derecho a tránsito" por el puerto (o sea: entrar y salir del barco cuando quieras, mientras este se encuentre parado). Averiguen bien y los compran afuera, a los tipos que los venden directamente para el barco. Son un montón de puestitos donde venden los tickets, y en la mayoría se les puede pelear el precio. Nosotros los conseguimos a R$ 140 c/u. Otra: resulta que AHORA NINGÚN PASAJE INCLUYE COMIDA. Ocurre que con el aumento del combustible, eliminar ese ítem fue la única manera de mantener fijo el costo del pasaje, fue eliminando las comidas. Que obviamente, te venden en el barco a un módico costo de R$5 la ración: depende de tu suerte la calidad de la comida, así que no está demás recomendarles que se aprovisionen en el mercado de algunas verduras y frutas (el menú del barco no incluye alimentos frescos), y algo pa´enganhar el estómago como dicen, porque ahí sólo sirven desayuno (cafecito ínfimo con un pan), almuerzo y cena (a las 18h) -en ambas comidas, el mismo menú.
En fin, cruzamos los dedos para que el barco y la comida fueran buenos, y compramos nuestro pasajito. Un vendedor con buena onda nos rebajó el precio, así que como les dijimos, lo conseguimos a R$ 150. Munidos de nuestro ticketcito, el mismo morocho nos cargó en una lancha y, a R$ 2 por cabeza, nos acercó hasta el barco. Como el barco salía al día siguiente y una habitación single en el hotel más barato cerca del puerto salía R$ 40, decidimos atar precozmente nuestras hamacas camoufladas compradas en la calle a sólo R$10 con cuerdas y todo, y dedicarnos a catar lentamente la cotidianeidad del barco. 11月2日 DE REGRESO POR VENEZUELACARACAS Otra vez en el camino. Y después de casi tres meses de selva, rumbo a la gran ciudad: más por falta de excusas (“Cómo es eso de que estuvieron en Venezuela y no conocieron Caracas?”) que por interés, ya que casi tod@s l@s caraqueñ@s que conocimos en Choroní nos advertían que la ciudad era fea, sucia y peligrosísima. Y más pa´una que es del campo… Por suerte, unos días antes había estado en lo de Lili un personaje amigo de Dani, llamado Marcel: mezcla de DJ con hippie, tranquilo y humilde, compañero inmutable de las clases de “Juana pelame la banana” a las 7 am. Marcel nos había dicho que seríamos bien recibidos en su casa, que en realidad era la casa de su mamá. Un poco escépticos por este motivo, llamamos por teléfono para ver si podíamos quedarnos: grande fue la sorpresa al escuchar a Dilcia diciéndonos que nos recibiría gustosa. Y más grande aún, al conocer a la “señora” en cuestión: una agente inmobiliaria hiperactiva y super agradable… ex hippie del palo!!!! Obviamente, qué más hubiera podido esperarse. La cuestión es que Dilcia nos recibió y nos atendió redil bien, haciéndonos sentir como si fuéramos de la familia. Y el Marcel, con toda la buena voluntad, nos acompanhó en un par de oportunidades y el resto del tiempo se mantuvo haciendo mil cosas, preparando su pronta partida hacia Argentina. En un intercambio cultural-culinario, ellos nos hicieron probar las famosas “arepas pepiadas”, un manjar de arepa con palta y pollo con mayonesa, y nosotros les cocinamos unas pizzas caseras de rechupete. Y acompañándola a Dilcia en su veloz trajinar por las calles de Caracas, recorrimos una ciudad que además de hermosa, es gigantesca. Cosa que se puede observar desde el cerro del Águila, un lugar reprecioso desde donde se tiene una vista panorámica, a donde nuestra amiga nos llevó a eliminar toxinas y purificar el alma a puro sudor de camiseta. El cerro es una reserva natural en plena ciudad, circuito de trekking –o mejor dicho, escalada- de much@s caraqueñ@s, y también tiene la opción telesférico para quienes tienen menos tiempo y más dinero. Desde sus laderas se ve la ciudad extendiéndose por los cerros aledaños, algo que la hace bastante similar a otras ciudades de Latinoamérica, como Medellín, Cali o La Paz, por ejemplo. Con la diferencia de que Caracas tiene muchos árboles y espacios verdes. Lo único jodido parece estar,como siempre, en los barrios periféricos, donde mucho del trazado de calles fue reemplazado por escaleritas, lo cual complica el acceso. También tiene muchos edificios super modernos, y el centro de la ciudad (conocido como El Silencio), con una arquitectura bien copada. Por supuesto, en Caracas hay bocha de espectáculos y cosas para hacer: en los pocos días que estuvimos, asistimos a una función de circo aéreo, y a dos recitales de hip hop!! En estos dos últimos, aprendimos frases como : C´m on, yo’!!! y “Una bulla ahí, una bulla, una bulla”, además de localismos como “coño e madre”, “mamaguevo”, “nojoda con esa vaina mierdosa” y otros términos sutiles al momento de dirigirse a artistas de otros países con quienes se comparte el escenario. Ya lo dijimos, los venezolanos son intensos. En cuanto a peligrosa, Caracas no es más peligrosa que Bs As, y lo de mugrienta… bueh, en eso sigue el padrón del resto de –lo que conocemos de- Venezuela: montañas de bolsas rotas se acumulan en las esquinas, porque el camión recolector pasa sólo tres veces por semana (imagínense Buenos Aires con esa frecuencia de recolección de basura). Y los malos olores pululan, por lo tanto, empañando un hermoso lugar, como ocurría en la maravillosa playa de Puerto Colombia (donde un container con pescado podrido aromatiza el camino de entrada a la postal). Pero reitero, CARACAS ES LINDA. A pesar de lo que digan algun@s caraqueñ@s.
Y MIENTRAS TANTO, EN ALGÚN LUGAR DEL DEDITO DEL PIE… Entre tanto, prosiguiendo ella también su divagar, la larva avanzaba día y noche. Sobre todo noche: alterada por el ritmo frenético de la gran ciudad, que no para ni para dormir, la muy calavera sobrellevaba su insomnio progresando por mi dedo inerme. Cosa que me producía un escozor que ni Bush con un discurso de Chávez. Ante esta falta de diplomacia por parte del bicho, empleé toda clase de tácticas naturistas para disuadirla en sus andanzas. Desde orinoterapia (el propio acto de mearse en las patas) y barroterapia hasta moxibustión (quemarle el rancho al bicho –o sea mi propio dedito, ay!- con unos bollitos chiquititititos hechos como de aserrín) y crioterapia (en castizo: cubito de hielo hasta que el dedito quede morado). Pero nada. Finalmente, alertada gracias a medline de que la situación podría prolongarse hasta 6 meses (6 MESES??!!!!) para que el bicho se muriera de causas naturales, decidí aportar mi mezquinado granito de arena a la industria farmacéutica internacional. Y mal que me pesara, terminé tragándome mis dos comprimidos de ivermectina 300 mg, cosa que apaciguó la situación en menos que se invade Irak. Liberados de nuestro Alien personal, partimos rumbo a Margarita, destino turístico internacional!!!
MARGARITA, PARAÍSO BURGUÉS Con un día de retraso causado por uno de los típicos embotellamientos-caraqueños-en-días-de-lluvia, que nos hizo llegar dos horas tarde (sí, dos horas) para tomar el cole, finalmente encaramos a Margarita. A pesar de que ya había pasado la temporada –y por ende, la venta fuerte del turismo-, queríamos aprovechar la cercanía para conocer ese lugar tan caro e inaccesible pa´ una que es del sur. Y además porque queríamos invertir en algunas perlas, cosa que en otro lado no se consigue (y ahí tienen cultivos). Así que llegados a Puerto La Cruz luego de un viaje bastante largo, y gracias a la intercesión de una amiga local (la que sale con nosotros en las fotos), compramos el pasaje de ferry. ATENTI VIAJEROS: LA EMPRESA DE FERRY ES UNA SOLA, ASÍ QUE NI SE LES OCURRA IR UNA HORA ANTES A COMPRAR EL PASAJE, PORQUE PUEDEN LLEGAR A PERDERLO. MEJOR, SI LO COMPRAN CON AL MENOS CUATRO HORAS DE ANTICIPACIÓN. Luego de 5horas en barco, durante las cuales me dediqué mayormente a dormir (ya que no había ningún delfín que nos siguiera, contrariamente a lo que nos habían dicho) y escasamente a contemplar un paisaje hermoso salpicado de islas desérticas, llegamos Margarita. Ya antes de subir al ferry, nos habíamos cruzado casualmente con Wilmer, un caraqueño que conocimos en Choroní. Wilmer es un venezolano atípico, porque en vez de la cerveza y el reggaetón, le gustan el buen vino y la tranquilidad. Casi un marciano. Y las casualidades nos llevaron a viajar a los tres el mismo día rumbo a la isla!! El amigo sería, sin saberlo, nuestro ángel guardián en Margarita: llegados a destino, nos llevó en su camioneta hacia playa El Agua (donde arbitrariamente habíamos decidido quedarnos, y hacia donde también él iba), distante a 3 hs del puerto: como el ferry llegó cerca de las 21 h, si él no nos hubiera llevado, dudo que hubiéramos conseguido bus. Nos dejó cerca de los hoteles y por cualquier cosa, nos dio las indicaciones para llegar a la posada en que él estaba. Eran las 22h, y estábamos con las mochilas a cuestas en un lugar desconocido, donde la noche de hotel costaba, en promedio, 80 dólares. Situación conocida sobradamente, así que vayamos al grano: terminamos en la posada del Wilmer, que estaba un poco más barata (nos dejaron a 40 la noche), tenía cocina y microondas, habitaciones con aire acondicionado y heladerita, y piscina. Y a dos cuadras de la playa. GUENIIIIIIIIIIIIIIISIMOOOOO!!! Al otro día, mientras yo seguía durmiendo, Germán bajó a la playa: poco y nada de gente, ninguna venta. Repitiendo “ANICCA” por lo bajo, decidimos tomarnos unos días de amburguesamiento, y nos dedicamos a despilfarrar nuestros ahorros choronicenses retozando en la piscina y en la cama –con aire acondicionado. Lo mejor de todo era que LA PILETA ERA PARA NOSOTROS DOS SOLOS!! Por lo que vimos, en la posada sólo estábamos Wilmer (que a todo esto, ni sabía que finalmente nos habíamos alojado ahí) con sus compañeras de trabajo, Germán y yo. Doblemente GUENIIIIIIIIIIIISIMOOOOOOOOOOO!!!! Margarita es una isla bien grande, con montón de pueblitos: todos están “interconectados” por sus playas, y de todas ellas pareciera que El Agua es la más linda y famosa. A eso no lo podría confirmar porque no conozco las otras, pero sí les puedo decir que es increíble, paradisíaca, Y SIN BOLSITAS DE PLÁSTICO!!! A diferencia de las playas continentales, y quizás también porque era temporada baja, acá sí la arena es limpia y el mar transparente. El paisaje de playa El Agua es de ensueño, a eso lo pueden ver en las fotos, y dan ganas de quedarse a vivir debajo de un cocotero. Por supuesto, acá se ve mucho –muchísimo- gringo, y muy poco turista nacional, los hoteles son super caros, y nadie hace comida ni escucha reggaetón a todo volumen en la playa. Como en los otros lugares paradisíacos que hemos visitado, hay muchos extranjeros propietarios de posadas, hoteles, y restaurantes: obviamente, todos europeos y yanquis, ningún boliviano ni dominicano. Lamentablemente, no se puede armar carpa sino en los campings (ese fue uno de los motivos por los que terminamos en la posada) y el más cercano es en el pueblo de al lado, que se llama El Tirano y queda a unos 3 km. Al otro día fuimos a recorrer Porlamar, la ciudad más grande, donde venden las perlas, y compramos algunas cositas. Al volver, casi anocheciendo, bajamos a la playa e hicimos una ventita para desquitar los buses. De noche comimos unos cangrejos y ostras compradas a dos mangos en Porlamar, y nos tomamos un vino tinto para festejar tanto lujo. Mientras tanto, de nuestro amigo ni noticias, porque todo el día estaba trabajando: recién a la mañana siguiente, mientras desayunábamos, nos encontramos nuevamente. Después salimos a vender a la playa, y volvimos a la posada a almorzar para luego emprender el regreso a tierra firme: era domingo, lo cual significa MUCHA GENTE, y aún teníamos que llegar a Porlamar, tomar otro bus hacia el puerto, y conseguir pasaje para el ferry que salía a las 20h. Siendo las 16 h, todavía estábamos esperando el bus, cuando otra vez Wilmer nos salvó el viaje: nos llevó hasta Porlamar, y nos dejó en la parada del cole. Conclusión, que a las 18h ya teníamos pasaje de ferry asegurado. Por suerte, porque una hora después, la sala de espera era un mundo de gente apiñada, por supuesto empujándose y vociferando. Y eso que no sabían que el barco se atrasaría una hora y media.
LAS GORDITAS COQUETAS: POÉTICA NATURALISTA BOLIVARIANA El contraste entre las playas de Margarita llenas de gring@s, y las playas continentales llenas de venezolan@s, nos hizo más evidentes los matices del país. Y el viaje de regreso en el ferry, nos los remarcó aún más. Al entrar en Venezuela, una se imagina la competencia desleal de las bellezas venezolanas, la exhuberancia de los machotes morenos, y la impecabilidad de las playas transparentes. Pero la desilusión puede ser grande si no se tienen los ojos abiertos para ver los propios prejuicios y la belleza agazapada. En lo que respecta a la cuestión ambiental, ya escribí sobradamente sobre la poética de las bolsitas de nylon en los médanos y las latas en el Caribe turquesa. Y en relación a esto, déjenme contarles que en este país la gente es intensa para todo: para el consumo, también. Quizás por esto, es bastante difícil encontrar a una persona sobria un sábado por la noche o sin resaca un domingo por la mañana, o una playa limpia, o un/a venezolano/a sin sobrepeso… excluyendo de este último grupo a la mayoría de las personas menores de 20 años, y a l@s modelos. En relación al consumo de comida: gran parte de nuestr@s herman@s bolivarian@s se la pasan comiendo comida chatarra y tomando cajas y cajas de cerveza y gaseosas (a veces, parece que aquí no hubiera agua!!), lo cual incrementa notablemente el sobrepeso en las personas adultas. En Venezuela hemos visto más obesos (sí, gordos patológicos, no “personas rellenitas”) que en toda Latinoamérica, y el único lugar que la supera –por lo menos, de los que conozco- es EEUU. O sea que es más factible que conozcan una venezolana gorda, que una increíble belleza como las Miss Mundo. Eso sí, gordita pero alegre. Y coqueta como pocas: las venezolanas son hiper coquetas, y por eso creo que la mejor representante de las mujeres locales no es una Miss Universo, sino la gordita simpática y bonita de Alessandra, la sexóloga mediática 100% actitud. También es bastante llamativo el consumo de sustancias: en cuanto al alcohol, y no me las doy de puritana porque una también tuvo su caravana, es notorio que en todas las sombrillas de una playa, a las 10 de la mañana, la gente esté tomando vodka con naranja o ron con coca, con dos o tres cajas de cerveza al lado. Y ni hablar de la guarapita, bebida DELICIOSA hecha con aguardiente y lo que fuere (cacao, coco, durazno, leche, etc), que se toma como jugo y te pega como querosén. O el de merca y crack -sobre todo este último~, más evidente en lugares turísticos como Choroní. A pesar de eso, y del “boqueo” (para los que no son argentin@s: irse de boca, hablar con palabras o tonos “fuertes”) típico de los locales, que hace que las cosas a veces se pongan medias oscuras , no es frecuente que haya violencia física -al menos no en los lugares públicos. Cosa que nos llamó bastante la atención (en Argentina es más típico que la gente se vaya a los puños por un “cruce de palabras”). Podríamos decir que los amigos venezolanos son “merqueros tranquilos”. Tampoco todos los morenos exhuberantes son lo que una quisiera: para qué contarles mi desilusión de las primeras caminatas por la playa, cuando veía tantos hombres hermosos, bronceados y esculpidos… y después descubría que eran gays!!! Eso sí, unos divinos súper divertidos y desprejuiciados, al punto que recomiendo enfáticamente una visita a estas playas, a todos mis amigos gays… para poder al menos disfrutar(los) con la alegría de los amigos!! También son intensos en el uso del aire acondicionado: le dan rosca a la refrigeración, de modo que afuera hace 40° C a la sombra y una humedad del 85%, y adentro se te congela la sangre de las orejas. El pasaje continuo de calor extremo a frío extremo y viceversa, cada vez que entrás a un cibercafé, a un shopping, o a un bus de larga distancia, te recuerda que “usted está exactamente aquí” (marcar en el mapa de America del Sur, el lugar indicado). En fin: intensa, contrastante, humana hasta los caracuces, Venezuela “es lo que es”. Y si bien este, que podría ser el paraíso de la tambora, es en realidad el paraíso del reggaetón… les prometo que si la visitan, se van a ir de acá moviendo un poco más el culo, y entendiendo mejor la clase de bicho que los humanos somos.
VUELTA RAUDA DE HORMIGA VOLADORA La vuelta en ferry fue muy diferente a la ida. Nos vendieron un pasaje dos bolos más barato, pero en un lugar del barco que era bastante similar a un cambiador de club de barrio venido a menos, con un candado soldado en la puerta de “SALIDA DE EMERGENCIA”. Para evitar la paranoia Titanic, y porque igual no se veía nada porque era de noche, me dediqué a seguir durmiendo durante el resto del viaje. Llegamos a Puerto La Cruz a las 3 de la mañana, así que no quedaba otra que esperar al otro día para tomar un bus hacia el sur, rumbeando ya para Brasil. Así que al mejor estilo homeless, que a fin de cuentas es lo que somos, nos acomodamos cada uno en una línea de asientos de la sala de espera del ferry (que dicho sea de paso, tiene aire acondicionado) y nos tapamos con cuanto trapo teníamos a mano. En ese estado de semi congelamiento, tuve un sueño extraño, seguramente inspirado por los conceptos de quienes siguen el calendario maya, que hablaba de la relación entre el tiempo (nuestra noción del tiempo) y el sistema de acumulación en que vivimos. Y me desperté con una frase dándome vueltas en la cabeza “primero nace el tiempo”, como una sugerencia de que “el tiempo que nace” condiciona todo lo demás. Y la imagen de una persona que me decía “nosotros somos los seres de este tiempo, predestinados a acumular. Pero vendrán los seres sin tiempo: ellos serán quienes repartan lo que nosotros hemos acumulado”. Y sí, después de una noche a 5°C, si no te transformás en oráculo, te volvés santa. Así amanecimos al otro día, agarrotados como momias inkas, para descongelarnos automáticamente apenas cruzamos la puerta: la temperatura y humedad promedio en esta zona nos hacían extrañar menos los eneros de Santa Fe, y más los tererés helados a la siesta. O por qué piensan que las posadas tienen aire acondicionado en todas sus habitaciones? Tomamos un bus hacia Anaco con la idea de hacer dedo ahí antes de que nos agarrara el mediodía, cosa que obviamente no ocurrió. Bajo el sol sin nubes del zenit, y a 47°C, nos pusimos a pedir cola hasta achicharrársenos el cerebro. Un alma caritativa nos llevó un poco más allá en su camioneta con-aire-acondicionado-a-temperatura-venezolana, a un peaje donde al menos había un arbolito que daba sombra. Acalorados pero menos, seguimos haciendo dedo. Un yanqui petrolero nos adelantó otro poco en su camioneta con aire acondicionado a escala local, cruzando la tormenta con las mochilas en la cabina, como siempre. En un acto desesperado y poco inteligente, Germán se cruzó a la cabina “porque las mochilas se estaban mojando”… supongo que para demostrarles a las mochilas algún tipo de empatía, ya que para taparlas no tenía (rimado y todo), o quizás para zafar de la conversación en inglés. Obviamente, terminó mojándose con todo y mochilas, mientras gesticulaba desesperado en pleno aguacero para que el gringo nos dejara en medio del camino (¿?????), cosa que obviamente no le traduje. El gringo se pasó de destino y de buenazo: nos dejó en El Tigrillo, sobre la ruta hacia Ciudad Guyana, donde podíamos hacer dedo con más éxito. La tormenta ya era recuerdo mojado sobre el asfalto (mierda, qué poética!!), y otra vez nos achicharrábamos al costado de la ruta, agradecidos porque así las mochilas se secaban más rápido y Germán también. Ahí conocimos a una pareja de un dominicano y una venezolana que regenteaban un bar, que nos compraron una pulserita y nos invitaron a comer… GUENIIIIIIIISIMOOO!! Pero en eso estábamos, cuando para un bus al que Germán le hizo dedo, y que iba directo a Ciudad Bolívar. Cuestión que los amigos nos regalaron unas galletitas y jugo para el viaje, y seguimos raudos nuestro camino. El bus iba vacío -salvo los dos choferes- pero el sistema de refrigeración obviamente estaba clavado en los 5°C... y Germán, MOJADO!! Nuestra temperatura corporal llegó al punto que, no suficiente con sacar los cubreasientos para taparnos, nos encerrábamos en el baño y abríamos la ventanilla, para que el viento tibio y húmedo de afuera nos hiciera entrar en calor. Por suerte, a las 19h los amigos del bus terminaron con nuestra odisea de pollo de supermercado, y nos dejaron en la estación terminal!!! Ahí, la buena señora que atiende el baño nos dio un balde y un jarro con agua, para pegarnos una duchita de ocasión y sacarnos toda la tierra y la transpiración acumuladas y congeladas (un desperdicio de minerales, qué lo parió). Y luego de comer alguito, con el corazón contento, tomamos un bus que nos dejaría al otro día por la mañana en Santa Elena de Guairen, frontera con Brasil.
TEPUYES Y SANTA ELENA A las 6 de la manhana, con el clarear del cielo, nos despertamos porque ibamos en el primer asiento del piso de arriba del bus. No sé si con palabras les pueda describir el paisaje que vimos, que a mi entender es el más hermoso de todos los que he contemplado hasta ahora: frente a nosotros se extendía la Gran Sabana, una serie de mesetas cubiertas por una alfombra de pasto verde y sin árboles, y a lo lejos se levantaban los colosales tepuyes. Los tepuyes son los vestigios de las montañas más viejas del mundo: especie de torres naturales, o montañas con el pico trunco, con una gran meseta en su parte superior y las laderas en línea recta con el suelo; el más grande de ellos es el Roraima pero al costado de la ruta hay otros menores. Según hemos visto en fotos, el paisaje de encima es tipo volcánico y parece extraterrestre. Algunos dicen que es uno de los centros energéticos más fuertes del mundo porque hay un yacimiento de cristales de cuarzo a cielo abierto, y les aseguro que esa es la sensación que da de sólo contemplarlos a la distancia. Las nubes, que con el frío de la noche habían descendido hacia la tierra, se extendían bajo los tepuyes cubriendo la sabana y lentamente comenzaban a subir. El paisaje tenía un silencio estridente, palpable, visible. Y la luz del sol todavía oculto, lo iba tornando de violeta, a rosa. Casi me largo a llorar de la emoción. Tomamos cuantas fotos pudimos, pero obviamente no alcanza. Así que les recomiendo visitarlos, si está en sus posibilidades. Lamentablemente, la expedición a los tepuyes no la pudimos hacer porque son 7 días y nuestra visa turista se vencía ese mismo día, además de que es super cara (hay otro paisaje similar a este solamente en África). Como opción también hay campings por ahí cerca, en el camino, donde da para quedarse porque además tienen cursos de agua bastante cerca (no se olviden que el paisaje es desolado, no hay ni un mísero arbolito): el problema es que están lejos de la terminal y del pueblo -aproximadamente 70km-, por lo que sólo se puede llegar en taxi o con una camioneta de turismo, e imagínense el precio. Obviamente, el turismo es principalmente extranjero. De todos modos, me quedó esa imagen grabada, y es una de las cosas más hermosas que he visto. En Santa Elena aprovechamos para comprar cuarzos –seguramente, usurpados a los tepuyes- y luego de cambiar nuestros bolívares fuertes por la mitad en reales, ahí nomás cruzamos... RUMBO AL ÚLTIMO PAÍS EN EL ITINERARIO DE HORMIGA!!! CHORONÍ Y EL DOCTORADO E HIPPISMOLlegamos POR FIN!!! a la casa de la Lili, madre espiritual de Germancito y de todo el que se le cruce. Una especie de bruja-manosanta-medica naturista-diva hippie-artista, a quien nuestro queridos ex-gobernadores Reutemann y Obeid disuadieron mediante sus tácticas inundatorias, para que pasara a mejor vida. Esta se lo tomó literalmente, y se mudó al lugar más hermoso de Venezuela. Guiada por su nieta Luna, según ella misma dice, la muy astuta se vino a auto-exorcizar de tanta catástrofe, en un poblado de unas 50 casas llamado ilustrativamente “La Planta”, situado casi en medio del Parque Nacional Henri Pittier. Y se consiguió una casa entre árboles centenarios, plantas de cacao, flores de agua colonia (o lirio) y al lado de un arroyuelo de montaña que -junto con los pajaritos- musicaliza el ambiente las 24 hs. Cruzando el arroyito, viven Vicky y Dani (hija y yerno de Lili) con sus hijitos Luna (2 años) y Luca (5 años). Así que también pudimos despuntar el vicio de tiísmo, que ya estábamos desesperados de tanto extrañar a nuestr@s respectiv@s sobris. Un poco más allá de lo de Vicky hay un río hermosísimo, como los ríos de Misiones: rodeado de selva, con piedras y cascadas que van formando piletas de hidromasaje, y agua cristalina y heladita para las siestas caribenas. Para mayor regocijo, su casa está cerquísima de Choroní, un pueblo con casitas de todos colores estilo colonial, con una onda muy similar a Antigua, en Guatemala (aunque sin terremoto). Pegado a este y ya sobre el mar, está Puerto Colombia, que tiene una playa de postal: con cocoteros, arena blanca, y un mar tibio y transparente coloreado con toda la gama de turquesas. Aquí se llega en una hora andando a pie, por un camino en la casi-selva, vadeando arroyitos bajo arboles gigantescos, o en 15 min en carro o en bus. Con ese perfil geográfico y energético, obviamente no somos los únicos que se le instalan largo y tendido. Cosa que ha transformado su lar en una especie de casa abierta a pesar de que ella reniegue del gregarismo: cuando llegamos, nos encontramos con dos porteños, una francesa y un colombiano. Todos ellos artesanos y de los buenos, que en el tiempo que estuvimos nos enseñaron bocha de cosas. En ese, su pequeño paraíso, estuvimos recuperándonos de tanto hormiguismo viajero durante casi dos meses, custodiados por Santa Bárbara, testaferro católica de Changó..
EN CHORONÍ, CON SUPER CHANGÓ –Y OTR@S ORISHAS!!!! Santa Bárbara tiene muchos altares, levantados por los habitantes de la zona; se los ve al costado de la carretera o en los patios de las casas. Uno de los más grandes de la zona, está en el patio delantero de la casa de Lili. Pero así como la Lili, transformada en manosanta-naturista-reflexóloga, tiene bajo ese cuero “suave” muchos años de militancia montonera junto a mis tíos (por lo que yo, por esas cosas de la historia, vengo a ser algo así como una reminiscencia de su pasado), Santa Bárbara es en realidad Changó, dios de la guerra y el tambor. A Changó, “uno de los dioses orishas más venerados del panteón yoruba”, los africanos lo trajeron en los barcos traficantes de esclavos y luego lo disfrazaron de Santa Bárbara para que no sucumbiera a la inquisición. Es que Changó es el prototipo de oveja negra de la iglesia católica: descrito por algunos como un dios hermafrodita, es seductor y juerguero, amante de los dulces y bebedor de cerveza. Donde hay guerra o fiesta, ahí están Changó. Él y quienes son sus hij@s, no se rinden, no desisten, no cejan ante las injusticias y a quien comete alguna lo fulminan con un rayo. En su lado fiestero, Changó viene a ser algo así como el prototipo del choronicense medio. Ocurre que Choroní, como habrán adivinado, es un pueblo que en sus “años de oro” de la colonia, nació a la sombra de los negros que bajaban de los barcos, convertidos en esclavos. Estos fueron incorporados a las plantaciones de cacao: en esta zona, tienen uno de los mejores chocolate del mundo, que –entre otros- se exporta también a Argentina (mirá vos, dónde había estado la cuna del “chocolate bariloche”!!!). Pero no hay mal que dure más de 600 años, y cuando vino la abolición los negros y negras se desquitaron como corresponde de tanto trabajo forzado, dedicándose a pescar, chupar cerveza, tocar tambora, revender baratijas y… bailar reggaetón!!! (también los afrodescendientes padecen de globalización). Así es como este lugar se ha transformado en un destino festivo de l@s venezolan@s (gente fiestera a tiempo completo), que en las vacaciones rebalsa de turistas por todos lados, ya que –como reza un conocido adagio local- “a Choroní no se viene a dormir”. El pueblo es también un símbolo de la libertad sexual: en la playa es común ver parejas de todos los tipos y colores haciéndose arrumacos, o grupos de gays bronceados luciendo sus cuerpos esculpidos embadurnados de aceite bronceante. Parece que este fenómeno se dio luego de que Elton John la eligiera como destino para su luna de miel… O será otra de las manifestaciones del espíritu de Changó? Otros “dioses encubiertos” a quienes se rinde culto en la zona, son Oggun, dios regente de los herreros, de las guerras, vigía de los seres humanos, cuyo nombre proviene del Yoruba Òggún (guerra), escondido bajo la apariencia de San Juan. A él se lo celebra cada 24 de junio, en la Noche de San Juan (les suena, amiguet@s de Guillermito Shakespeare?). Y como para compensar tanto guerrerismo y juerga, la patrona de Choroní es Yewá, diosa africana que vive dentro del cementerio, entre las tumbas y los muertos, en cuya presencia nadie puede desnudarse, ni tener amores o disputas y ni siquiera, hablar en voz alta o comportarse con rudeza; Yerwá representa la soledad, la contención de los sentimientos, la castidad femenina, la virginidad y la esterilidad, y se equipara –entre otr@s- a Santa Clara de Asís. A ustedes les queda seguir investigando en internet.
QUEFLUYISMO Y ANICCA (anitcha): LA POLÍTICA DE LA CASA En la baticueva de la Lili se curte actitud contemplativa zen, y quién es una pa´contradecirla. Cosa imposible, por otra parte, ya que con esa postura de que “todo es aprendizaje”, ni modo. Así que como para entonarme un poco más, a los pocos días de llegar me mandé otro retiro Vipassana, por supuesto mucho más productivo que el primero. Empecinada en entrenarme el desapego, la profe Mirjam no me dejó salir un día antes de que terminara el curso, para ir a festejar el cumple de Germencito. Respiré hondo, y repitiendo “anicca, anicca” (“impermanente, impermanente”) como don Goenka , me reivindiqué al otro día con unas pizzas-arepas que estaban de rechupete. Incentivando nuestro continuo aprendizaje, por supuesto no faltaron otr@s maestr@s en esta Universidad del Quefluyismo. Por ejemplo la vecina del frente, que casi todos los días a las 7 am (hora en que una, haciendo un esfuerzo mental extremo, se levantaba a meditar) nos recordaba cuánto nos falta por aprender, al son de un reggaeton a 120 decibeles cuyo estribillo decía “Juana, Juana, pelame la banana. Si no me la pelas, me la pela tu hermana”. O el del fondo-fondo, que cada tanto venía a darnos una secada de oreja con todos los “transfondos vinculares” (por no decir puteríos) del caserío aledaño. Una, que en principio casi montaba en cólera ante tanto despliegue de estímulos auditivos, luego del vipassana comenzó a agradecer, y finalmente a corear los estribillos… pasando la meditación para más tarde. Así es como refresqué en mi mente las letras de “nadie me quiere, todos me odian, pero me como un gusanito… le arranco la cabeza, le saco lo de adentro y.. chup! Qué rico el gusanito” o “mama, que será lo que quiere el negro… mama, qué será lo que quiere el negro…”recordando en esta última a la Gordi y la Jesi en el recital de Gustavo Ceratti. En el continuo ejercicio del quefluyismo, al final una terminó por aprenderse todas las letras de La Factoría y de Héctor Lavoe, reviviendo además los éxitos de Gabi, Fofó y Miliky (placer sólo conocido por los de más de 30) –es que la vecina tiene un par de hijitas pequeñas que también tienen derecho a aprender. Todo esto duraba hasta aproximadamente las 9 de la mañana, y justo cuando ya estábamos empezando a corear la canción sin olvidarnos de ninguna parte, la maula bajaba el volumen… y otra vez volvíamos a transformarnos en hippies colgados con el sonido del arroyito. También nuestros nuevos sobrinos colaboraban en las enseñanzas, con la sabiduría inimputable que caracteriza a los niños: el Lucas, jugando con cuanta cosa no era conveniente que jugara (como esos profesores astutos que te adivinan justo la parte de la materia que jamá´ ni nunca te leíste), y la Luna echándose unas meadas intempestivas en el colchón en que dormíamos. Esa política del quefluyismo nos llevó a los tres (la Lili, Germán y yo, ya que el resto de la comunidad internacional partió a la semana de llegar nosotros) hacia rumbos impensados del leripí (“let it be”), laissez-fair o masí (“mas, sí”)… hasta el punto de que un bicho de la arena se me metió en la pata, y me empezó a comer el dedito medio!!!!
UNIVERSIDAD DEL QUEFLUYISMO- DOCTORADO EN HIPPISMO: Con las enseñanzas de la Lili y flia (tod@s artesan@s expert@s), fuimos poco a poco nutriendo nuestro panho, hasta transformarlo en algo digno. Finalmente, la incorporación de las postales acuareladas de Germán, terminó por convertirlo en algo interesante, haciendo que toda la gente se parara a ver al “señor que pinta las acuarelas” haciendo su trabajo para tod@s l@s turistas. Lo que nos dio la oportunidad de oro, además de la hospitalidad de nuestra familia venezolana, fue que a los 15 días de que llegamos, comenzara la temporada de vacaciones largas. Ocasión inmejorable para recuperar nuestra economía, conocer un poco más de la idiosincrasia local, y aprender a hacer artesanías de verdad. De manera tal que nuestra tesis del doctorado en hippismo, con tant@s y tan capacitad@s maestr@s , se transformó en algo equiparable a las investigaciones de Milstein sobre los anticuerpos monoclonales… lástima que no exista un Nobel en hippismo!! De entrada nomás, nos mandamos a vender en la feria artesanal del malecón (paseo de la costanera) de Puerto Colombia, donde conocimos a varios e ilustres maestros y maestras locales. Algun@s de ell@s: Mauro, presidente de la asociación local de artesanos, que nos recibió con la mejor onda y compartió generosamente su material con nosotros; Jenny y Tucuso, una pareja HERMOSA de artesanos rocker-jevimétal ochentosos, padres adoptantes de todos los perros del malecón, y vecinos nuestros del country de la playa; Edwin, colombiano que no le reculaba ante los ultravioletas, y sin el cual la playa era menos playa; Glorilín y su esposo Adrián, que nos ayudaron permanentemente y con quienes compartimos la mesa de artesanías… Al principio de la temporada decidimos instalarnos con nuestra carpita en la playa, lugar paradisíaco y tranquilo. Craso error: a los pocos días de comenzadas las vacaciones, la playa era un quilombo constante, abarrotada de gente, llena de mugre, y donde una podía hacer cualquier cosa menos descansar. Por lo cual decidimos volvernos pa´las casas, y bajar solamente a trabajar. Como dirían unos amigos: la “plaia” dejó de ser la postal turquesa, para transformarse en algo semejante a una oficina al aire libre. Aprovechando que yo soy una chica dada, por lo cual se me facilitan las RRPP (relaciones públicas), y que Germán es más hábil y prolijo para hacer las artesanías, nos abocamos cada uno a lo que mejor sabe hacer. En plena temporada, entonces, durante la mañana yo bajaba a vender y Germán se quedaba a hacer artesanías o pintar postales. Mi rutina casi cotidiana consistía caminar la “plaia” ida y vuelta unas 348 veces durante un lapso de entre 4 y 6 horas. Por supuesto, embadurnada en filtro solar factor 36 para evitar el achicharramiento precoz. Allí, entre otras cosas, me dedicaba a hacer “yuyitos” (conocidos en otros lugares como “mechitas”), habilidad aprendida in situ y con la cual se ganaba la vida nuestra amiga Vanja en las playas de Máncora. Por la tarde, entre las 16 y las 18, terminaba mi horario de trabajo y me iba para el malecón (que estaba a unas 5 cuadras), donde Germán ya me esperaba bañadito y peinadito, dispuesto a hacerse cargo del puesto de artesanías. Ahí le dejaba las cosas, que él organizaba con primor junto a sus acuarelas, y subía a la casa de la Lili a tomarme un merecido descanso. Él se quedaba en el malecón, de donde volvía tipo medianoche. Pero no todas son flores donde los choferes de buses trabajan según su conveniencia: conseguir un medio de transporte para regresar a la casa, podía transformarse en una infructuosa tarea. O en un gasto que nos chupaba el 50% de la ganancia de ese día, por lo que bajar al malecón podía no ser algo muy redituable. Por este mismo motivo, era conveniente ir temprano a la playa, a fin de asegurar al menos el dinero para desquitar el pasaje. De manera que los fines de semana, para ahorrar el gasto, nos quedábamos ambos a pernoctar en la concurrida playa. En nuestro country-camping de los fines de semana, teníamos como vecinos –entre mil quinientos catorce venezolanos más- a Tucuso y Sra junto con sus hijoperros, y a Yuri –que después se mudó pa´l pueblo- una futura ingeniera forestal que también estaba cursando su doctorado en hippismo. Y por supuesto, la presencia diaria de Edwin, veterinario vocacional de todos los hijoperros de nuestros vecinos, y miembro fundador del Club de Caminantes de la Playa.
REPUBLICA ARGENTINA DE CHORONÍ- REENCUENTRO CON NUESTROS INSPIRADORES Para sorpresa nuestra, apenas llegados nos encontramos también con… UN MONTÓN DE ARGENTINOS!!!! Algunos de ellos cursando un doctorado, otros hippies vocacionales, otros hippies profesionales. Para que se den una idea de la avalancha de argentin@s, en mitad de la temporada había en el malecón unos 60 artesan@s argentin@s, frente a no más de 30 locales, y en la playa (de unos 500 m) podías encontrarte con 10 o 15 argentinos ofreciendo sus artesanías a l@s turistas. Lo cual justificaba la pregunta de rigor de l@s venezolan@s “Por qué hay tant@s argentin@s?”. Ensayo la respuesta de que porque somos hereder@s de la sangre aventurera de nuestr@s bisabuel@s. A propósito de situaciones, imaginen lo que esto representa para el artesanato local, que trabaja todo el año para tener una oferta interesante en época de vacaciones, porque el resto del tiempo acá no pasa nada. Pero de prepo les caen, en el momento de máxima venta, 60 extranjeros… con quienes se ven obligados a dividir todo, desde el lugar de trabajo hasta las ganancias. Con Germán quedamos asombrados de la tolerancia de esta buena gente, y del hecho de que no sólo no nos hayan sacado a patadas, sino que también tuvieran reservado un lugar para “visitantes” entre las mesas “oficiales” de la cooperativa de artesanos. Les tiro la reflexión: se imaginan que sería posible esta situación en Argentina, donde la misma municipalidad les levanta los puestos a los vendedores callejeros locales? Con much@s de est@s compatriotas nómadas compartimos más que el trabajo, y tod@s ell@s fueron también grandes maestr@s de artesanías y de la vida: Marquitos y la Cele, la imagen de la generosidad, que también nos pasaron el truco de sus exitosas vinchas (cintillos, en venezolano); Diego, doctor en hippismo y representante del nomadismo, que tenía conocida media sudamérica y gustaba de bañarse en bolas en las cascadas ante los ojos desconcertados de las pudorosas venezolanas; la Juli, personita maravillosa con quien compartimos el panho –y que después se perdió en la bahía de Cata-, Marito y Damián, integrantes-itinerantes del grupo conocido como “los hippies del Cerrito”, la Flor, etc etc etc. Pero el destino nos deparaba una sorpresa aún más maravillosa: entre tant@ argentin@ nuevo, nos reencontramos (ya lo intuíamos, ya lo intuíamos!!) con… MATI Y COTI!!! Mati y Coti son (sí, hoy 1 de noviembre digo SON) una hermosa pareja que conocimos en Máncora y con quienes –a pesar de haber compartido sólo algunas horas de charla- tenemos muchas cosas en común. Ellos fueron también quienes nos inspiraron y alentaron para dedicarnos a las artesanías, al saber de nuestros magros sueldos (y pesados horarios) como ayudante de cocina y mesera. Como se imaginarán, son la buena onda en partida doble. Aunque su itinerario no incluía Centroamérica, nuestros caminos por sudamérica eran similares, y en un principio supusimos que íbamos a encontrarlos en Colombia (donde Coti quería festejar su cumple). Pero cruzamos a Panamá, y ni noticias de ellos. Para nuestra enorme alegría, nos vinimos a encontrar otra vez en Choroní, y con familia!! Sí sí sí, en el camino habían sumado perra –la Chola, cachorra ecuatoriana que llegó hasta Venezuela oculta en la mochila- y… UN BABY!!! El pequeño heredero, gestado entre el mar turquesa y la selva verde esmeralda, había sido descubierto un día antes en un análisis de rutina, y ahora nuestros amigos nos recibían con los ojos llenos de lágrimas de tanta felicidad por esa hermosísima noticia. Y con el corazón diez veces contento, por el reencuentro, las buenas noticias, y el hecho de sentirnos “en casa”, festejamos el día del amigo rodeados de compatriotas en plena Venezuela.
LOS NÓMADAS DEL DESIERTO: VISITANDO A NUESTRO AMIGO OTTO Como impasse de nuestra vida choronicense, y gracias a la invitación de Otto (un amigo de Lili y flia que gentilmente nos recibió en su casa), cerca del final de temporada rumbeamos para Adícora, una playa de la península de Paraguaná. Llegamos en un bus de SITSSA, una empresa de buses estatal que tiene pasajes a mitad de precio (ATENCIÓN A TOD@S L@S VIAJER@S!!!)... y el aire acondicionado a triple punto de congelación, cosa que –al mejor estilo Nosferatus- nos puso los pelos de punta y la piel de gallina. Como solemos hacer los seres humanos, bajamos del bus quejándonos del frío en vez de disfrutar del presente: cálidos momentos nos esperaban en los días venideros. Curiosamente, siendo una zona árida y de fuertes vientos, durante esta época apenas si tiene una brisita humilde y llueve la exageración de… una vez por semana!! Adivinaron? La península de Paraguaná es un desierto, extensión marina del desierto de la Guajira que abarca todo el noroeste de Venezuela. Ya entrando en la región, nos recibe un extensísimo campo de médanos, una reserva natural que se continúa en el mar a ambos lados de la carretera -por supuesto llena de bolsitas que se enredan entre las escasas matas espinosas. La vegetación autóctona está representada por unos arbolitos que alcanzan escasamente los 2m de altura, achaparrados y ralos. Y la temperatura ronda los 40º durante el día, descendiendo 5 o 6 grados durante la noche. Todo esto hace que la vida en la Península de Paraguaná sea una delicia… para los reptiles. Las playas aquí son kilométricas, una seguida por la otra, como en el sur de Costa Rica. Pero a diferencia de otros lugares, aquí no hay cocoteros ni selva para resguardarse, por lo que la única opción son las lucrativas sombrillas –que te alquilan a 30 dólares el día, en promedio. Lo que generó en nuestras cabezas, casi simultáneamente, la fantasía de convertirnos en superhéroes futuristas y teletransportarnos a Choroní. Allí pudimos presenciar un fenómeno típico de esta época del año, llamado por los locales “mar de levas”. Este coincide con el momento más álgido de los huracanes en el Caribe norte, lo cual revuelve fuertemente el fondo marino: las corrientes se hacen irregulares y caprichosas, con un gran peligro para los bañistas, y la playa se llena de cuanta porquería –natural o no- una pueda imaginarse. Desde inmensas cantidades de algas, que transforman la arena el algo similar a una plantación de lechuga, hasta pedazos de bichos muertos (encontramos hasta una aleta de tortuga marina!!) y las consabidas y profusas bolsitas de plástico, que le agregan el “color local” a la mugre. En Adícora estuvimos dos días, pero como no pintaba mucho trabajo en el lugar, decidimos dejar nuestras cosas en lo de Otto e ir a probar suerte a Villa Marina, una de las playas más top del país. Llegamos a dedo y bastante rápido: a las 10 de la mañana ya estábamos pateando la arena. Siendo el nuestro un negocio itinerante, nos dedicamos a caminar, caminar y caminar durante todo el día, haciendo yuyitos hasta la cuasi insolación. Por supuesto, el detalle de los buses tampoco falta aquí, por lo que a las 17 h ya no teníamos modo de regresar a Adícora: nos quedamos varados en Villa Marina, situada a 3 hs de la casa de Otto. Para que se den una idea de nuestra situación: habíamos recorrido la playa durante todo el día (entre las 10 y las 17 h), no teníamos carpa, ni bolsa de dormir, ni comida, ni agua… y el precio mínimo de una habitación rasca –por una noche- era aproximadamente 60 dólares. Se nos vino la noche en el sentido más literal de la expresión, y nos encontramos haciendo dedo en plena oscuridad. Por suerte, nunca falta alguien que te ayude en este mundo generoso, y por intercesión de los encargados de una posada, conocimos a una familia que nos prestó una carpa para pasar la noche. Al otro día amanecimos a pocas cuadras de la playa, y ya que estábamos en el baile aprovechamos para pegarnos otra insoladita y acumular ultravioletas por el equivalente a 10 años más. Por supuesto, a las 15 h ya estábamos saliendo para Adícora. Esa noche intentamos infructuosamente recuperarnos del cansancio acumulado, entre un coro de mosquitos a 36ºC. Obviamente, apenas despuntó el sol, le agradecimos a nuestro querido Otto por su hospitalidad y partimos raudos rumbo a la selva. En nuestro veloz retorno, pasamos por lugares como Tucacas, un pueblo de complejos hoteleros muy similar a la Bristol, y por Morón, un complejo gigantesco de industrias petroquímicas que te obliga a cerrar las ventanillas o cubrirte la cara, tan fuertes son los vapores de amoníaco que libera al medioambiente. Por la noche, con el último suspiro y el post último bus, llegamos finalmente al susurro del arroyo en La Planta…
DESPEDIDAS VARIAS Y EVENTOS FAMILIARES Nada es para siempre, como dice la Fabi. Los compatriotas empezaron a emigrar: algunos en pos de mejores rumbos, otras siguiendo su caminito trazado, otros de regreso al pago… entre estos últimos, la Lili, que por primera vez en un año volvía a la Argentina, y Coti y Mati, embarazados de cuatro meses y con el Mati con problemas de salud. La temporada llegaba a su fin, y se sentía: en la playa ya casi no había colegas, el malecón de los domingos era silencioso y sin tamboras, la arena estaba casi limpia. Así no tiene gracia. Antes de la despedida, festejamos algunos acontecimientos familiares. El último fin de semana, fuimos padrinos colados en el casamiento de Vicky y Dani -una redundancia que igualmente sirvió como excusa para la joda, con tambora y arreglos florales incluídos. Y los días antes de irnos, asistimos a los ensayos de debut de preescolar de Luca: emperifollado y con mochila nueva, nuestro sobrino fue a la escuela en el día que supuestamente empezaban las clases… para volverse a la media hora, porque “están limpiando la escuela porque está muy llena de malezas” -genial, se ve que no sólo en Misiones se acuerdan de limpiar la escuela recién el primer día del calendario escolar. Y antes de irnos, festejamos tantos lindos momentos en la casa de la Lili, con un pescado con vinito.
RETOMANDO EL CAMINITO… DE LARVA CUTANEA MIGRANS- UN CACHO DE CULTURA, LARÁ LARÁ LARÁ Una será muy artesana pero sigue teniendo el Farreras (tratado de medicina interna) en una parte de su corazón, y haciéndole honores les rendí mi humilde homenaje a las queridas e ignotas patologías tropicales. Como testigo mudo de las caminatas en patas por la arena y herencia pruriginosa de la fauna local, y para no ser menos que nuestros amigos que ya tenían hijo y perro, en los días previos a la partida adopté finalmente una mascota. Algo que comenzara como una simple picazón en la segunda falange del tercer dedito del pie izquierdo, que en principio atribuí a algún puri puri (jejenes fanatizados por nuestra sangre), terminó luego adquiriendo un trayecto lineal por la piel. El bicho en cuestión, un parásito subcutáneo conocido en el medio como “bicho geográfico” y en el académico como “larva cutánea migrans”, es un parásito cuyos huevitos están en la caca de los perros: con el calor de la arena, eclosionan y se transforman en larvas que se meten por debajo de la piel de las zonas expuestas. En este caso, mi dedito del pie. Por ahí van migrando como una por Latinoamérica, sin ton ni son sino por el simple impulso de migrar. Y finalmente se mueren como todos, en un lapso que puede demorar de 2 semanas a seis meses. Y una, que en el fondo es hipersensible por no decir atópica, se encariñó con el bicho al punto de trabar con él un pacto tácito en el cual el empréstito de mi dedo caducaría al momento de abandonar Choroní -que a fin de cuentas él es una criatura de playa, qué joder. Pero la criaturita ´e Dios se había aquerenciado, y sin coraje ni Ivermectina para desalojarlo, retomamos el caminito de hormiga rumbo a Brasil siendo tres: Germán, el bicho, y yo. Siendo los perros tan fáciles de conseguir, como dice la Jesi… 10月27日 ATENCIÓN A TOD@S NUESTR@S AMIG@S DEL BLOG!!!POR FAVOR, CUANDO NOS ENVÍEN ALGÚN MENSAJE PREGUNTÁNDONOS ALGO, ADJUNTEN SU DIRECCIÓN DE E-MAIL EN EL CUERPO DEL MENSAJE!!!!
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OBRIGADA 10月8日 VENEZUELAAA!!SUPERANDO EQUÌVOCOS IMPERIALISTAS Como les decìa, cruzamos a Venezuela sin un céntimo en el bolsillo. Por suerte, los venezolanos son gente de llevarte a dedo; es que en Venezuela, es bastante frecuente que la gente te de la cola… pero a no asustarse!!! Ese es el tèrmino que se usa aquí para decir “llevar a dedo”, como “dar un ride (en Centroamèrica)”, o “dar carona” en Brasil. Y “hacer dedo”, o “pedir carona”, se dice “pedir la cola” (aclaración para los no-argentinos: el tèrmin “dar/pedir la cola”, en Argentina, es una explìcita alusión al sexo anal, actuando como pasivo quien “da la cola”, y como activo quien la “pide”). En fin, por suerte no tuvimos que dar la cola sino que –gracias a la solidaridad del pueblo bolivariano- llegamos esa nochecita a Maracaibo. Nuestro amigo nos dejó en la entrada de un super centro comercial, donde pudimos descubrir lo caras que son las cosas –y lo extraña que es la gente- para quien no tiene un centavo y se ve como un hippie. Sin amilanesarnos ante el panorama, decidimos juntar aunque sea los pesitos necesarios como para ir hasta la terminal, ya que Maracaibo es grandisisísima, como casi todas las ciudades venezolanas, y nuestras mochilas ultimamente estàn pesadìsimas. Ahì nomàs habilitamos el mangueador (para quien desconozca la terminología hippie: mangueador se llama el tubo –en general, forrado de tela- que l@s artesan@s usan para exhibir las pulseras) y nos dispusimos a encajarle pulsera barata a tod@ maracucho o maracucha (gerundio de los habitantes de Maracaibo) que osara cruzarse en nuestro camino. Y ya que estábamos en un gran centro comercial, como les dijera, fueron vari@s.
TODA LA VAINA DE MARACAIBO Asì que luego de un par de horas de ofrecer pulseritas, logramos reunir el dinero necesario para llegar hasta la terminal. Donde tampoco perdimos la oportunidad de seguir atosigando a la gente con pulseritas. Conclusión: pasamos la noche en un motel donde pudimos ducharnos –eso sì, después de las 0 hs, porque antes no había agua…- y dormimos acunando la esperanza de salir a recorrer brevemente la ciudad tempranito al otro dìa, como para que el mediodía no nos agarre haciendo dedo en la ruta. Al otro dìa, a las 8 de la mañana (horario en que debìamos dejar la habitación), dejamos nuestras mochis en custodia a la recepcionista del motel, y contentos porque era tan temprano y seguramente agarrábamos la fresca para poder pasear mejor, nos fuimos a recorrer Maracaibo. A las cuatro cuadras, sudando como carneros bajo un Febo que asomaba achicharrando cràneos sin ninguna sutileza, y luego de descubrir que el “centro” era en realidad un caòtico mercado al mejor estilo nicaragüense, decidimos dar la mediavuelta como dice el bolero. Por supuesto, en nuestra retirada estrepitosa, nos perdimos y recorrimos lo suficiente como para confirmar que Maracaibo es una ciudad CALIEEEEEEEENTEEEEE!!!! Y muy mugrienta. Obviamente, huìmos despavoridos en el primer bus que encontramos. Pero hagámosle justicia a Maracaibo: si bien no vimos mucho –entièndase, los lugares históricos y monumentos de la ciudad- sì tiene un lugar increíble. Es el puente que cruza el lago de Maracaibo, y que se extiende a lo largo de 15 km, una construcción preciosa desde donde se puede observar todo un panorama del lago y las refinerìas. A propósito: este es el lago màs contaminado del país y quizás de latinoamèrica, ya que en sus orillas concentra la mayor cantidad de refinerías de esta parte del mundo; nos contaba un amigo maracucho que èl, cuando era pequeño, iba a jugar al lago y luego debía bañarse porque salìa todo empetrolado, y que cuando pisaba la arena, de esta brotaba el petróleo. En esta parte del viaje, luego de constatar la inmensidad del lago, la enormidad del puente, el exceso de calor, la proliferación de mugre, la concentración de refinerías, comenzó a asaltarnos un sentimiento al que luego le pondrían palabras nuestros amigos de Caracas: VENEZUELA ES INTENSA.
LO QUE HAY DELANTE NUESTRO, ES NUESTRO PASADO (ROJA, ROJITA… CON MATICES) Nunca mejor aplicada esta frase dicha por un indígena boliviano, que define la visión del tiempo en las culturas andinas. En Venezuela, el pasado te salta a la cara y lastima los ojos. Sin dudas, este país SIEMPRE ha tenido una riqueza extraordinaria, por ser uno de los mayores productores de petróleo y por el desarrollo industrial que esto impulsa, cosa que es evidente en el increíble nivel de industrialización de sus ciudades - a un punto que no hemos visto en ningún otro lugar de latinoamèrica. Sin embargo, cuesta creer que –a pesar de los enormes beneficios que la política actual ha traìdo a l@s ciudadan@s, y de los cuales damos fe- en algunos aspectos evidencie la misma pobreza y postergación que un país tan sufrido y pobre como Nicaragua (para quien suscribe, claro ejemplo del choreo masivo que Venezuela sufrió històricamente, y que por supuesto sigue padeciendo, no crea que es tan fácil doña). Por ejemplo: las calles y carreteras amontonan montañas de basura (cosa que se ve hasta en Caracas, la principal ciudad del país, donde los camiones recolectores pasan sòlo tres veces a la semana). El sistema de transporte es en general terriblemente deficiente (hay lugares donde a partir de las 17h ya no conseguís buses, porque los vehículos son privados y a los dueños no les conviene hacer un viaje por 5 o 6 personas). En muchas ciudades, los edificios son viejos y feos (la arquitectura es primordialmente tipo “pajarera”, complejos habitacionales que –segùn nuestro arquitecto asesor Guisasola- han fracasado en todo el mundo ). Y si bien el actual gobierno fomenta claramente la organización ciudadana, la corrupción y la burocracia ahogan muchas veces estos intentos. Como les decía, el gobierno actual ha hecho cosas muy productivas: en un país donde un análisis de sangre común y silvestre cuesta (en un privado) 60 dòlares, y donde una consulta mèdica se cotiza en 120 dòlares, el Estado brinda atención mèdica, medicinas, anteojos (¡!!!!) y todos los estudios TOTALMENTE GRATIS.Valga como ejemplo, el hecho de que Germàn se hizo sus anteojos –que había perdido en Colombia- en un operativo mèdico; y a un amigo que tenía un problema de salud, le hicieron todos los estudios (inclusive una tomografía computada, cosa que en Argentina demanda 2 meses de espera) totalmente gratis y de un dìa para el otro. Don Chàvez también ha tomado una inteligentísima medida que bien podría copiar nuestra querida presi: ha creado una industria alimenticia estatal que incluye productos básicos (porotos –caraotas-, leche, arroz, harinas, azúcar, pescado en lata, pollo, margarina, aceite, etc), a través de la cual regula los precios del mercado; con esta estrategia, ha logrado zafar del boicot que le hicieron los empresarios al principio de su gobierno, creando desabastecimiento e inflación en todo el país. Gracias a esta iniciativa estatal, pudimos alimentarnos a bajo costo durante toda nuestra estadìa. Tambièn ha hecho otras cosas que de sobra conocemos, como nacionalizar el petróleo, con lo cual el precio del litro de gasolina es de centavos de bolívar, por lo cual se puede llenar el tanque con… 2 BOLÌVARES!!! (menos de un dólar!!). Tambièn nacionalizò –en estos últimos meses- el cemento, ya que los precios de la construcción estaban por las nubes por este motivo. Y a pesar de que la corrupción està a la orden del dìa (es que acà hay tanta plata, gente, como ni en Costa Rica ni en Panamà hemos visto!!), es claro su apoyo a los candidatos jóvenes, seguramente en un intento de desarticular todas las mafias que existen entre los “representantes del pueblo” y las empresas privadas (les suena conocida la historieta?). Es decir: la cosa està muy matizada, y si bien aùn persisten muchas cosas negativas, ha habido también muchos cambios positivos. Por ejemplo, mucha gente està contenta de tener por primera vez en la vida, una vivienda propia –otorgada por el estado. Pero resulta que estas construcciones adolecen de “mafiositis”, y por eso son de mala calidad: cuestión, que a los 3 meses ya tienen filtraciones, o no tienen agua potable, etc. Entonces la gente, en general, toma dos posiciones: una, es despotricar contra el presidente y el PSUV (Partido Socialista Unido Venezolano, el oficialista) y ya nunca màs les cree, y dice que son todos corruptos. La otra, totalmente contraria e igual de contraproducente, es decir que el pobre Chavez està rodeado de corruptos, que èl no tiene la culpa, y aguantar una vez màs estoicamente y sin quejarse, ante la culpa de ser “ingratos” con el buen presidente que tienen. En todo caso, desde ninguno de los dos bandos se construye poder popular. El tema es que, en general, nuestr@s herman@s venezolan@s tienen exactamente los mismos defectos que tanto –y tantos- condenan en su presidente: son BOCONES y EXTREMISTAS. Y quizás por eso les cuesta ver tanto los cambios positivos como los remanentes negativos, a cambiar por posteriores gobiernos. Ademàs, si bien hay cosas que corresponden al gobierno, hay infinidad de cuestiones en las cuales l@s ciudadan@s tienen injerencia directa y sin embargo nadie se hace cargo. Algunos de estos aspectos, son la higiene de los lugares públicos (l@s mism@s venezolan@s te dicen, mientras tiran al suelo su lata de cerveza, que “el venezolano es muy cochino”. Ajhà, y usted es marroquí? , dan ganas de preguntarles), la participación política (cuesta muchísimo pero se están organizando de a poco, los Consejos Comunales), la corrupción (que muchas veces salta a la vista en la gente común y corriente) , la tolerancia hacia quienes piensan o actúan diferente. En conclusión: el proceso que se està dando en Venezuela es màs que interesante, dan ganas de vivirlo aquí mismo. Son evidentes los cambios positivos, sobre todo porque ahora el gobierno es nacionalista y es fuerte, la corrupción es visible, y la gente de a poco empieza a empoderarse en distintos ámbitos. Aunque también se perciben dos problemas muy importantes: la dificultad para cambiar la mentalidad de l@s ciudadan@s comunes, y la cantidad exorbitante de dinero que circula en este país.
PRÒXIMO DESTINO: MARACAY, Y LA CLÌNICA NATURISTA DE RECUPERACIÒN DE VIAJEROS Por supuesto que sì nos agarrò el mediodía en la ruta. Y la tarde también. De todas maneras, y aunque el sol no nos diera respiro entreteniéndose con una de esas nubecitas con que suele mojarnos a menudo, seguimos en el camino. Pasado el mediodía, nos levantò nuestro amigo camionero… que iba hasta MARACAY!!! Allì nos esperaba la Lili, amiga y ex suegra de Germàn, que intuìamos nos apapacharìa (como dicen por acà) para recuperarnos de tanto trajín. Luego de invitarnos un almuerzo, este amigo nos fue mostrando hermosos paisajes, y todo el tiempo flasheamos con la cantidad increíble de industrias que tienen las ciudades. Entre otras ciudades, pasamos Barquisimeto, Valencia, y asì por la ruta del centro, llegamos ya tarde a una ciudad llamada Victoria, que queda cerca de Maracay. Nuestro amigo camionero -cuyo nombre darè màs adelante, ya que no lo recuerdo ahora- nos llevò hasta un peaje, pero como para asegurarse de que dormiríamos bajo techo… NOS DEJÒ PLATA PARA EL ALOJAMIENTO!!! Dinero que obviamente destinamos a llenar la panza, ya que contábamos con casi nada en el bolsillo, y que al dìa siguiente invertimos para llegar al terminal de Maracay. De todas maneras, esa noche armamos la carpa al lado de la casilla del peaje ya que el alojamiento disponible excedìa en mucho los fondos restantes luego de la cena. Como les decía, esta zona es MUY industrial. Asì que los camiones no dejaron de pasar ni un segundo durante toda la noche, por lo que permanecimos dentro de la carpa, en posición horizontal, observando nuestra respiración (decir “dormimos” sería mentir descaradamente) entre aceleradas, frenadas, y escapes estridentes, a un promedio de 90 decibeles hasta las 5 de la mañana. Apenas despuntado el dìa, trasnochados, famélicos, con lo que nos quedaba de nuestros nervios deshechos, y por supuesto peleándonos como perro y gato, como solemos hacer en estas circunstancias, tomamos el bus rumbo a Maracay, desde donde salìa el que nos llevaba a Choronì, a la Clìnica de Recuperaciòn Holìstica de la Bruja en Jefe LILI. 10月1日 BELLEZAS DEL CARIBE COLOMBIANO
TAGANGA En nuestro fugaz paso por Santa Marta , nos recibió un aguacero que inundaba todas las calles haciendo colapsar el tránsito de la ciudad. Ante semejante cuadro, siendo casi de noche, y por no tener tampoco ninguna referencia sobre atractivos de la ciudad –que, vale aclarar, es bastante organizada y limpia-, decidimos ir directamente a Taganga. Tomamos un bus en la puerta de la Terminal, y en menos de una hora estábamos en el pueblo. Taganga es bien pequeña y MUY turística, pero esto último solamente se refleja en los precios. El pueblo se preserva muy bien de la pérdida de identidad que adolecen muchos sitios similares: su ritmo es muy tranquilo, sin vida nocturna; casi todas sus calles están sin asfaltar, en su pequeña bahía se amarran los botes de los pescadores (actividad a la que se dedican casi todos los habitantes), y hay sólo unas pocas posadas. Por todos lados hay gring@s, pero l@s lugareñ@s no han cedido el espacio público a los extranjeros, y los bodegones no han devenido “lounges”, sino que siguen siendo lugares en que los parroquianos se juntan a tomar su cervecita o su ron. La impresión que transmite el pueblo es que si un/a turista quiere ser parte, todo bien, pero que a las condiciones las ponen sus habitantes. Como les decía, en los costos queda claro que este es un destino turístico preferido por l@s extranjer@s: todo cotiza a precio dólar. Por lo que, luego de dar algunas vueltas averiguando en lugares supuestamente económicos, decidimos que lo más apropiado para nuestro presupuesto era cenar un atún con pan mirando un fulbito de lugareños, y luego armar la carpa en la playa. Al otro día, los amables polis esperaron que nos despertáramos, para informarnos que está prohibido armar carpas en la playa. Así que luego de pasar una agradable mañana en el mar, admirando la belleza submarina (full snorkel) y nadando en las cálidas aguas, decidimos seguir nuestro camino rumbo al próximo destino: el parque nacional Tayrona.
CALABAZOS Y LA INCREIBLE FILOSOFÍA DE SANDRA: OTRO MUNDO ES POSIBLE De Taganga tomamos el bus otra vez hacia Santa Marta, y de ahí a Calabazos, el pueblito que está antes del Parque Nacional Tayrona. En nuestro corazón albergábamos la firme intención de colarnos al parque. Sí sí, el lema era entrar al parque sin pagar entrada, ya que la tarifa de aproximadamente u$s 22 por persona (sí, leyeron bien: 22 dólares -precio extranjero; en comparación con los u$s 4 precio para nacionales) nos parecía totalmente injusta y excesiva… además de imposible de pagar, obviamente. Pero gracias al asesoramiento del Seba (que ya había ido antes), con datos corroborados por Carlos (el amigo que nos alojó en Barranquilla), sabíamos que existía la “opción rata”. Así que con toda fe en el Seba y el camino, decidimos tomar el bus hasta Calabazos.
Llegamos al pueblo casi al caer la tarde, y nos sentamos en el primer kioskito a ver qué onda. La idea era recopilar información respecto de posibles lugares donde pasar la noche, y mejores horarios –e itinerarios- para colarse al parque. En el kioskito, nos encontramos con la primer yapa de Calabazos: la doña nos regaló mangos!! Es que estábamos en plena época de mangos, y el pueblo está lleno de plantaciones. Al margen: el lugar es hermosísimo, con un paisaje increíble, limpio, y hay sólo un par de hileras de casitas a ambos lados de la ruta. Y la gente es bien sencilla y hospitalaria. Así que en plena ingesta de mangos, conocemos a Sandra, nuestra próxima benefactora. Sandra es nacida y criada en Calabazos, y no cambia su pueblo por nada del mundo. A pesar de que no tiene más de 35 años, ya siente que “está grande y quiere vivir tranquila, porque casi terminó de criar y educar a sus 3 hijos”, como ella dice. Y como buena colombiana, sin siquiera saber nuestro nombre nos invitó a su casa y se ofreció a hospedarnos por esa noche.
La casa de Sandra es otro tema: IMAGÍNENSE UNA CASA CON VENTANAS SIN REJAS NI POSTIGOS, Y CON PUERTAS QUE NO SE TRANCAN JAMÁS!!!! Por supuesto, la vivienda es sencilla, pero está equipada con heladera, cocina sencillita, TV, ventiladores, y demás mobiliario y objetos necesarios. “Seguramente Sandra y flia están en casa todo el tiempo”, pensarán ustedes. Pues no, fíjense que, con bastante frecuencia, se pasan largas semanas en su casa de la montaña, una cabaña que alquilan por día a los turistas. Que –según ella nos contara- no tiene luz eléctrica ni agua potable, pero sí montones de árboles frutales, y un curso de agua que baja pura y fresquita de la montaña, donde se forman “ollas” en las que juegan los chiquis. “Pero probablemente nadie sabe que esta gente pasa tanto tiempo fuera de la casa” retrucarán las escépticas mentes citadinas. Nuevamente se equivocan: los vecinos, que saben que no hay nadie en la casa, entran y salen de la casa –con conocimiento de la familia, obviamente- “como Pancho por su casa”. Por ejemplo, puede que decidan pernoctar en alguna de las camas, cocinar, o inclusive –cosa totalmente habitual- sacar botellas de agua fría de la heladera, que reponen con otras de sus propias casas… o sea que la heladera de Sandra está llena de botellas de diferentes aguas, cada una con su propio concepto de los adjetivos “incolora, inodora e insípida” que nos enseñan deben caracterizar al agua potable. Algunas más turbias, otras más claras; algunas con cierto gusto a tierra, otras con cierto gusto a pescado… y también las que cumplen con la norma ISO –que son minoría. A ver, profundicemos un poco más en la filosofía de tan atípicas personas. Palabras casi textuales de Sandra: “la verdad que yo no estoy acostumbrada a usar dinero, porque acá tenemos casi todo: en la casa de la montaña hay de todas las frutas: aguacate, papaya, piña, naranjas, plátanos… y mi suegro tiene parcela (huerta, sembradío) donde planta maíz, papas y yuca, así que gracias a Dios comida no nos falta. Carne, casi ni comemos; o si queremos comer algún pollito de vez en cuando, compramos a algún vecino; y sino mi esposo sale en la canoa y pesca para todo el mes. Tenemos colmenas, así que miel también hay. Al café lo trae mi suegro de la parcela, y acá mismo lo tostamos para hacer el tinto (“tinto” le dicen en Colombia al café negro). El agua, no te la pueden cortar aunque no la puedas pagar (en Colombia se respeta de esta manera el derecho al agua); y la luz, te voy a decir la verdad, estamos enganchados (colgados), como todo el barrio. Así que de qué nos vamos a quejar? Y acá la gente es sana, nadie roba, gracias a Dios el patrón educó mucho en ese sentido, así que nadie toca nada.” Otro “Sandra dixit”: “mi hija y mi hijo (la nena, de 12 años, y el varón, de 16; los dos estudiando) están ahora en Bogotá, en casa de mis hermanos. Ellos estaban que querían ir a estudiar allá, insistían que querían ir, y bueno, que vayan, pero yo les dije que ni loca me voy a vivir allá. ¡¿Se imaginan que a mí me van a meter en un departamentito de esos, que no podés salir ni a la calle porque te roban, y encima si salís es a respirar ese aire contaminado?! Si de casualidad tengo puertas y techo en la casa, porque no me aguanto estar encerrada, necesito que corra el aire!!! Pero bueno, ellos se querían ir y allá están; ahora me llaman tristes porque extrañan; ellos acá andaban en la calle todo el día, iban a pescar al mar, se metían a la cascada, tenían sus amigos, andaban jugando hasta la noche, nadie les prohibía nada… y allá están que no pueden salir solos porque es peligroso, los amigos ni van a la casa –ni ellos a lo de los amigos- porque la gente allá es desconfiada, así que están que de la casa a la escuela y de la escuela a la casa…Pero yo les digo que aguanten hasta fin de año, que terminan las clases, y después se vuelven”. Creo que estas dos opiniones definen bastante bien a Sandra. A su esposo, Jimmy, lo tratamos muy poco porque no estaba en la casa (había salido a pescar por algunos días), pero también nos pareció muy buena persona. Nuestra nueva amiga, además de alojarnos y alimentarnos, nos ayudó a trazar el plan maestro para colarnos: nos presentó a su suegro, Don Moisés, que justamente al otro día iba a las 5 de la mañana para trabajar su parcelita en el “camino rata” al parque nacional… BINGO!!!
TAYRONA: COLADA EN EL PARQUE NACIONAL, CON PREMEDITACIÓN Y ALEVOSÍA El parque nacional tiene un camino “legal” que lo recorre de punta a punta, y del cual conocíamos lo siguiente: comienza en la entrada del parque, recorre varias hermosas playas, va por la selva, cruza por un pueblito milenario que se llama –justamente- El Pueblito. Una vez pasado este punto, donde está el último “control” del parque, sigue por un camino público en plena selva, que conecta distintas “haciendas” (parcelas cultivadas en medio de la selva, por los campesinos locales), hasta que finalmente sale a la ruta a la altura de Calabazos. Es decir: para zafar de la costosísima entrada, está la opción de hacer el camino a la inversa, entrando por Calabazos, recorriendo el caminito público que pasa por las parcelas, y luego atravesar El Pueblito, y seguir el recorrido “legal” hasta la entrada del parque. Para poder hacer este recorrido, existen cuatro requisitos básicos: UNO, salir antes de que amanezca, para que el “vigía” que vive en una de las casas que está a la entrada del camino, no dé la voz de alarma a los guardaparques; DOS, ir con alguien de la zona, para que te vaya orientando –y de paso, para que el perro del vigía lo reconozca por el olor y no te ladre-; TRES, estar dispuest@ a caminar tres horas, por selva, por arroyos, por un camino muy accidentado, hasta llegar a la primer playa; y CUATRO –esta es decisiva-, NO AMEDRENTARSE CUANDO EL CAMINO (que por otra parte, está bien trazado) SE TERMINA ABRUPTAMENTE, LUEGO DE PUEBLITO: el secreto es pasar por debajo de una gigantesca roca. El asunto se complica porque en este sitio no hay ningún cartel aclarando que por ahí sigue el camino, ya que obviamente este tiene un solo sentido y es el contrario al que llevábamos nosotros. En cuanto a nuestra experiencia, nos tomó aproximadamente una hora descifrar el enigma, y nos cruzamos luego con un par de personajes que ya se habían colado y que en ese sector se fueron literalmente al carajo (y luego estuvieron dos horas hasta dar con el recoveco y encontrar el camino nuevamente). Por ese camino, según nos dijera don Moisés, se ven las cumbres nevadas de la Sierra de Santa Marta cuando el tiempo está despejado (no era ese el caso).
Bueno, el parque en sí es bellísimo –vean sino las fotos- y está formado por varias playas de diferentes características, unidas por el famoso camino entre los árboles, los cocotales, y las piedras. La primer playa viniendo de colados (o la última, entrando con dinero) se llama El Cabo, y tiene un camping que es bastante saladito, y también te alquilan la hamaca para pasar la noche. En esta nos (me) resultó bastante difícil la remojada, ya que el mar no estaba en uno de sus mejores días, y el oleaje me tiraba contra las rocas. De todos modos, Germán pudo snorkelear algo y me dijo que hay una hermosa cantidad de peces y corales. Ah! Antes de esta playa, tomando un desvío, se puede ir a una nudista, que está re buena y donde hay muy poca gente, y el mar es bastante civilizado. Después del Cabo viene la playa “La Piscina”, donde un muro de piedras se interpone entre el oleaje y la costa, y –de ahí su nombre- el mar es super tranquilito. Luego hay dos o tres playitas más –una de ellas, donde se puede surfear- y si seguís caminando te encontrás con la última, que se recorre para poder salir del parque.
Estando en el parque, notamos con preocupación que casi todas las personas portaban unas pulseritas de esas que no se salen (que te dan en las discos o en algunos eventos), y con más preocupación aún corroboramos que se las habían colocado al abonar la entrada… así que como estrategia para zafar de un eventual “chequeo”, decidimos encarar hacia la salida ya avanzada la tarde (como para cruzar el control a la nochecita). Tipo 4.30, y desconociendo el camino exacto, rumbeamos hacia la salida del parque (que imaginábamos “ahicito nomás”). Obviaré detalles de nuestra travesía por el barroso e irregular camino selvático hacia la salida del parque, informándoles que finalmente cruzamos el temido puesto del guardaparque a las 21.30, sí sí, luego de una caminata de 5 horas en la oscuridad más cerrada. Y eso gracias la intercesión a un mototaxi que pasó en plena oscuridad llevando a una persona, y que se comprometió a buscarnos luego de dejar a su pasajero. De otra manera, hubiéramos salido a la medianoche. Y se van a la mierda los que pregunten por las pulseritas!!!!
NARCOTRÁFICO: UN EMPRENDIMIENTO COMUNITARIO, O “COCAÍNA EN FAMILIA” Como a las diez de la noche regresamos a casa de nuestros amigos, donde habíamos dejado las mochilas. Luego de relatarles nuestras peripecias, nos pusimos a preparar la cena (obviamente, ya nos habían ofrecido pasar una noche más en su casa). Y comentario va, comentario viene, departiendo amablemente, el tema derivó hacia mi favorito: la comunidad y sus historias. Así fue como, de manera totalmente natural y desinhibida, mientras cocinábamos y ante la pregunta de “¿y quién es el patrón?”, nuestra querida Sandra nos hizo un pormenorizado relato de la producción y comercio de cocaína en esas benditas tierras. Por supuesto, con todo lujo de detalles en cuanto a roles de cada persona en este proceso, fases de la producción y la comercialización, costos y ganancias, relevancia del “patrón” y sus secuaces en la comunidad, etc etc etc. Afortunadamente, nos dejó filmar su relato. Yo no podía creer estar oyéndolo de boca de una protagonista; me sentía como Ramonet hablando con Marcos en la selva Lacandona. Resumidamente les comento los puntos más interesantes, matizados por los comentarios de Sandra: -la producción de cocaína era una actividad muy extendida y muy redituable en esta parte de Colombia, en la cual participaba toda la comunidad campesina. Tuvo su época dorada en los años noventa, cuando “los gringos venían acá a comprar en sus avionetas privadas, y traían bolsas y bolsas de dólares, algo que yo nunca más he visto”. “La gente tenía mucho dinero, el campesino progresó mucho, pero después empezó a haber problemas porque se sacaban los clientes, o porque uno le robaba al otro, entonces la ambición también arruinó el negocio de todos.” -en este proceso participaba todo el pueblo, cada persona con actividades y responsabilidades de acuerdo a su edad, conocimientos, etc. Y con el tiempo, se volvían especialistas en su tarea. “Por ejemplo: los más jóvenes eran casi siempre “raspadores”, que “raspaban” las hojas de coca (pasaban la mano, envuelta en un trapo, por la ramita; de esta manera arrancaban las hojitas que son las únicas que se usan en el proceso); las mujeres se encargaban de “pisarla” (macerarla con los pies); algunas la “cocinaban”, otros le echaban las distintas sustancias –gasolina, permanganato de potasio, etc-, otras la envasaban, y así.” -las familias campesinas tenían a su cargo las plantaciones de coca; estas pertenecían al “patrón” (el capo narco local), quien además los empleaba en el proceso de síntesis de cocaína. También podían dedicarse a la comercialización de cocaína, sin que esto significara “competencia” para el patrón (este le vendía más bien a los “peces gordos”). -estaba prohibidísimo consumir cocaína: “La merca era para vender. El que quería, podía fumar mota (marihuana) sin problema, pero pobre del que probara la cocaína”. La violación a esta ley se pagaba con la vida. Por supuesto, en general todos tenían también sus plantitas de marihuana. -el “patrón” –al menos, el de esa zona- no sólo se encargaba de dirigir y controlar el proceso de síntesis y comercialización de la cocaína, sino que tenía un importante rol social. Era una especie de Perón del narco: se encargaba de que todos los pibes tuvieran útiles para ir a la escuela, ayudaba a las familias que tenían algún familiar enfermo o algún apuro económico, hasta disciplinaba a los adolescentes rebeldes (“a uno que una vez le robó un vendedor ambulante, lo agarró y lo obligó a correr en calzoncillos por todo el pueblo, mientras sus “ayudantes” le daban de rebencazos cuando lo alcanzaban. Y después tuvo que ir casa por casa, también en calzoncillos, presentándose a la gente y diciéndoles “buenas tardes, yo soy la rata”… ese no se olvidó más de la lección” “ O cuando los padres de un adolescente no podían con él o ella, porque les faltaba el respeto, le decían al patrón, que lo llevaba al chico a trabajar duro al monte durante varios días. Después volvía a la casa hecho una dulzura.”) -por estos motivos, las familias campesinas en general querían mucho al patrón: “Los noticieros dirán lo que digan, que él era un narcotraficante, un delincuente, no sé… pero nosotros lo queremos mucho al patrón, y la televisión miente, porque él era un buen hombre que hizo mucho por nosotros, y que siempre compartió lo que ganaba, y a eso nadie lo cuenta”. -parte del trabajo se pagaba “en especies”, es decir: con cocaína. “Y ahí venía la habilidad de cada uno para hacer su negocio, porque entonces uno iba haciendo acopio, y cuando tenía una buena cantidad vendía todo el cargamento y se sacaba una cantidad de dólares, o si el precio estaba bajo porque todos vendían, entonces se guardaba la merca hasta que subiera un poco el precio”. -el principal motivo que terminó de arruinar todo, fue la ambición: cuando quedó en evidencia el negoción que era el narcotráfico, y todos quisieron sacar su parte de la torta. “Acá todos querían mandar: ejército, paracos, yanquis… y empezaron a pelearse entre todos por el control del negocio”, y ahí se armó la hecatombe. Cuestión, que la CIA terminó metiendo la cuchara, y para poder manejar el asunto con tranquilidad, bajó la oferta, aumentando de esa manera el precio de la producción. -el negocio de la comunidad –y de los patrones- terminó cuando en los ´90 EEUU empezó a presionar a Colombia para que erradicara los cultivos. “Venían y te decían ´les damos dos días para que arranquen esa plantación´, y entonces todo el mundo a arrancar las plantitas de raíz, día y noche sin parar para que no se cumplieran los dos días porque sino te sacaban la parcela, y después venían los del ejército y tiraban un veneno en la tierra que no dejaba que creciera más nada”. “Pero la verdad que yo no sé por qué tienen que venir a meterse acá, por qué mejor no se fijan quiénes compraban, porque acá nosotros hacíamos negocio pero porque ellos venían con millones de dólares y compraban”. -para sostener la ley de erradicación de cultivos, el gobierno empezó a subsidiar y capacitar en diversas actividades: apicultura, turismo, café, etc. “Pero no hay nada que de tanta ganancia como la merca, y por eso muchos campesinos se arruinaron. Además, nosotros tuvimos que aprender a hacer otras cosas, y re organizarnos de la noche a la mañana.” Es decir, se desestructuraron totalmente los mecanismos productivos de las comunidades. -sin embargo, hoy día, todavía hay campesinos que siguen vinculados al negocio “acá todavía hay personas que trabaja en esto (y no solamente como traficantes); por ejemplo, se encargan de cuidar las lanchas de los narcos, porque ellos cargan las lanchas y las dejan ancladas cerca de la costa, entonces necesitan que alguien se las cuide para que no les roben la merca. El gobierno y el ejército a eso lo saben, y por eso se ven los helicópteros sobrevolando la zona a cada rato.”
Flasheamos ante tantas revelaciones juntas. Al otro día, Sandra nos embuchó tupido y nos pertrechó como para llegar hasta Alaska: primero, un desayuno con tinto, arroz, plátanos, etc –como todo desayuno latinoamericano-; luego, frutas, agua fría, miel, etc, para tener comidita de camino. También su vecina nos regaló frutas y flores. Cuestión que salimos con las mochilas pesando una tonelada, cantándole a la vida y agradecidos una vez más… aunque nadie parara a llevarnos, y tuviéramos que tomar el bus.
RIOHACHA Y MAICAO: LA GRAN ESTAFA DE WESTERN UNION Peléandole el precio al bus, llegamos por la tarde a Riohacha, una ciudad que parecía bastante fea. Como era domingo, y teníamos que cobrar unos dólares que mi hermano nos enviara por Western Union, decidimos llegar hasta ahí porque –según consta en la página web de esta empresa- ahí había una oficina abierta los domingos. Craso error. De todas maneras, la opción era Maicao, la ciudad siguiente, ya en la frontera con Venezuela. Por lo que , conocedores de lo que son las ciudades de frontera, decidimos mejor pasar la noche en Riohacha. Alquilamos una habitación que nada tenía que envidiarle a un horno de barro (encendido), e hicimos las averiguaciones del caso: en Riohacha hay una costanera sobre el mar, con un malecón donde los hippies se juntan a parchear (vender) los domingos a la tardecita. Perfecto. Encaramos para la costanera, que al final es bien linda, con una gran playa llena de cocoteros y una linda avenida con malecón, y nos pusimos a vender artesanías. Y aunque solamente vendimos pulseritas, gracias a la caradurez de esta humilde servidora, los pesos que juntamos nos ayudaron a recuperar los gastos de bus y alojamiento.
Al otro día salimos hacia Maicao a primera hora, con la idea de cobrar ahí los benditos dólares. En resumen: WESTERN UNION ES UNA ESTAFA. La deducción es más o menos la siguiente: 10% te cobran para enviar el dinero en dólares, luego te dan el dinero EN MONEDA NACIONAL –siendo que el envío fue en dólares. Luego, si querés dólares tenés que ir al banco a cambiarlos al cambio de la fecha. O sea que perdés aproximadamente el 20% del total enviado (por ejemplo, mi hermano me depositó 300, y yo cobré 240). Dejando de lado que en lugares como la frontera de Colombia con Venezuela, es casi imposible conseguir dólares: no te los venden ni en el banco ni en las casas de cambio, y solamente te queda comprárselos a los que te lo venden en la calle (está lleno de puestitos en la plaza central). En fin, con tanta vuelta, finalmente cruzamos la frontera a las cuatro de la tarde, refunfuñando porque nos sentíamos estafados y dispuestos a no cambiar un centavo de ningún billete de nada. Para colmos, los que te cambian en la frontera nos querían comprar nuestros esforzados dólares al cambio oficial de Venezuela, siendo que –según nos advirtiera nuestro amigo Jesús, de Mérida- el cambio del mercado negro era muy superior. Váyanse todos a la conch…
Así que, sin un céntimo de moneda nacional, entramos a Venezuela dispuestos a sobrevivir cual larva migrans.
finalmente!!!! THE HORMIGA IS BACK
HOLA AMIGUETES Y AMIGUETAS!!! Para vuestra enorme dicha y felicidad, y dado que a nuestro público nos debemos, ejem… VOLVIMOS!!! Siiiiiiiiiiiii luego de un autosecuestro exprés en la selva venezolana, estamos nuevamente en el seno de la civilización (Caracas), en casa de unos amigos que gentilmente nos han alojado, y que TIENEN COMPU CON INTERNET LIBRE!!! Así que pedimos disculpas por habernos colgado tanto tiempo con las respuestas, agradecemos a todos y todas los que nos escribieron preguntándonos por nuestro estado psicofísico y monetario, y prometemos intentar ponernos al día en el menor tiempo posible con los relatos de nuestras aventuras. Y AGUANTE LA PATRIA BOLIVARIANA, VIEJAAAAAAAAA!!!!
7月3日 DE REGRESO A SUDAMÈRICA!!!Panamà fue como una madre para nosotros: si por ella fuera, no nos hubiéramos movido de ahì. El cansancio acumulado a lo largo de Centroamèrica primero, y la falta de plazas para el Aeroperlas que nos llevarìa hasta Puerto Obaldía, después, hicieron que nuestra estadìa se prolongara más de lo que hubiéramos querido. Así que nos resignamos a la espera a fuerza de patacones y jugo de maracujà, nuestra combinación favorita para las tardes mirando películas. De todas maneras, 15 dìas no son tanto, sobre todo si se pasan en compañía de Keyla, Jorge, e Isabel. Keyla tiene todos los atributos físicos y de carácter de una negra dominicana que se precie. Tetona, culona, con un vozarrón, una verborragia y un histrionismo que pueden hacer reír hasta a un monolito; para no contradecir el estereotipo, nuestra amiga tiene un único defecto: la pereza. Isabel es una tìpica colombiana: bonita, femenina, activa, generosa. Madre. Aunque se hace la enojada para mantener “a raya” al factor desestabilizante (Keyla), tiene un humor inquebrantable y trata bien a todas las personas… hasta a aquellas que quizás no lo merecerìan. Isabel ha madurado a golpes, y quizás por eso es más realista que cualquier persona de su edad. Y Jorge es la versión edulcorada de un negro panameño: muy cuidado en su aspecto y en sus cosas, educado, responsable. Capaz de soportar “anything for love”, inclusive el fanatismo por la adopción de felinos vagabundos de su concubina Keyla… y de responsabilizarse por su alimentación y cuidado!! Jorge es el “elemento tierra”, el punto estable de esta familia. Con ellos estuvimos conviviendo casi dos semanas, y cuando ya casi desfallecíamos de tanto sedentarismo… conseguimos pasaje de avión!! Asì que salimos a Puerto Obaldìa, dispuestos a volver por donde vinimos, rumbo al pago. Luego de madrugar para ir al aeropuerto, pagar 20 dòlares de sobrepeso y esperar dos horas por el retraso del avión, una señora muy amablemente nos comunicò que la espera se prolongarìa aùn màs, y nos regaló a todos los pasajeros un ticket para un almuerzo gratis en la cafetería del aeropuerto. Ni un valium hubiera tenido el efecto tranquilizante de ese guacho de mariscos (un arroz con mariscos, tipo guisito) y el bisteck encebollado!! Panza llena corazón contento, nos dispusimos a esperar una hora más. El avión salió finalmente (primera experiencia de vuelo de Germancito!!!), y sacando fotos a diestra y siniestra, llegamos a Puerto Obaldía. Eso fue como llegar a lo de los parientes: todo el mundo nos reconocía y nos saludaba con cariño por la calle, nos preguntaban sobre el viaje, si nos quedábamos, hacia dónde íbamos ahora, etc. Y nos ponían al tanto de las novedades de los últimos tres meses: que un vendaval voló el techo de la policía y de varias casas, que estaban pintando las casas, que ahora por suerte ya no estaba lloviendo tanto. Y una noticia que nos puso algo tristes: que el Dr Nacho había pasado hacía un mes de vuelta hacia Sudamérica… con su moto partida al medio!!!! Parece que la columna de la Juki no resistió dos veces el paso por el archipiélago de San Blas, y el Nacho la tuvo que cargar -quebrada- hasta Colombia. (Nuestras condolencias, estimado!!!!) Eso nos contaba, con el rostro algo sombrío, el negrito que a la ida le había ofrecido un negocio muy ventajoso (para él): comprársela a 200 dólares si no se la dejaban cruzar en barco. ...El mundo es tan pequeño!!!!! PUERTO OBALDÌA-CAPURGANÀ Y LOS OKUPAS DE LA POLICÌA Con cierta nostalgia y bastante alivio (y mucho calorr!!!!) abordamos rápidamente la lancha a Capurganà. Ahì decidimos quedarnos un par de días a acampar en la playa y aprovechar para vender artesanìas, ya que el pueblo estaba lleno de turistas nacionales que aprovechaban el receso escolar. En este sentido, nos fue bastante bien… aunque terminamos invirtiendo el dinero en pagar, otra vez, el sobrepeso de las mochilas (ahora, en la lancha)! Pero algo con lo que no contábamos era el factor climático caribeño: en esta parte del continente, en esta época del año, llueve invariablemente todas las noches. La primera noche, cayó un aguacero de aproximadamente 6 horas, del cual nos salvamos gracias al plástico de nuestro amigo Renè, de Guatemala (GRANDE, RENÈ!!!). A la segunda noche, el temporal había alborotado al mar, que ya amenazaba meterse en nuestra carpita sin invitación. Luego de comer unas deliciosas presas de pollo asado y pescado a la crema, donación de unos amigos colombianos que se estaban hospedando en un hotel cercano, decidimos que mejor sería buscar algún lugar màs a cubierto para dormir tranquilos. Y encaramos pa`l pueblo (en ese momento estábamos acampando en la playa) con todos los bagayos. En el pueblo encontramos un lugar perfecto: la galería de una casa que estaba desocupada, ubicada a dos casas de la policía, con vista al mar. Armamos la carpita, acomodamos las mochilas, y le hicimos “pito catalán” a la tormenta que se avecinaba. A la media hora, un corte de luz generalizado anunció la inminente catástrofe: en plena oscuridad, un vendaval se arrojò contra el pueblo, amenazando con volarnos la carpa. Las varillas crujìan contra el viento cual velamen de fragata pirata. El plástico de Renè flameaba descontrolado. La lluvia nos azotaba de cara al mar, y en menos de media hora todo estuvo empapado, revolcado, amasijado: hasta nuestro temple de acero. Por supuesto, corrimos a refugiarnos en la Policìa. Agarramos lo que pudimos, y con un “buenas noches, permiso” como todo anuncio, nos mandamos en la seccional y empezamos a dejar los bártulos. Los polis, que también se habían inundado, aún no salían de su estupefacción por el corte de luz y la tormenta; así que fueron incapaces de la tìpica reacción milica ante tan descarada irrupciòn. A la media hora, ya les habíamos colgado la carpa y el cubretecho en ambas barandas de la escalera del interior del destacamento, los aislantes flameaban en las rejas de las celdas, y habíamos ocupado la habitación del frente con el plástico, las mochilas mojadas, la sàbana extendida sobre el equipo de música, los calzoncillos colgados en el pomo de la puerta… y por supuesto nosotros, acurrucados contra la pared en una cucha improvisada con las bolsas de dormir (que eran de las pocas cosas que habían quedado secas). Los polis, superados por los acontecimientos, improvisaron un “bueno, està bien, quédense hasta que pase la tormenta, pero después van a tener que ir a buscar otro lugar para dormir”. Pasadas tres horas y la tormenta, y viendo que los okupas roncaban como osos –aùn en semejante estado de desgracia-, nos dejaron dormir hasta que amaneció. A la mañana guardamos todo húmedo como estaba, y nos fuimos a tomar la lancha hacia Turbo para volver a Sudamèrica. TURBO-CARTAGENA El viaje hacia Turbo fue mucho màs tranquilo que a la ida: el mar estaba muy calmo, y la lancha iba deslizándose con suavidad (nada que ver con los azotes de culo que nos pegamos en el otro viaje). Además, por supuesto que tuvimos la precaución de acomodarnos en los asientos de atrás, que son los màs estables. Llegamos a Turbo, perenne en su pestilencia, y luego de averiguar un poco nos tomamos un bus hacia Monterìa, donde supuestamente sería màs fácil hacer dedo/pedir ride-aventòn hacia Sincelejo, donde supuestamente nos esperaba una chica del Hospitality Club. Todos los supuestos fueron diluyéndose a lo largo del camino. Ni conseguimos que nos llevaran “de onda”, ni la susodicha HC tenía un lugar para nosotros. Asì que terminamos invirtiendo el escaso dinero en transporte (que en Colombia es CARÌSIMO) y en alojamiento. De todos modos, en Cartagena nos esperaba la familia de otro chico del HC, que nos tuvo las mochilas para que pudiéramos recorrer la ciudad. CARTAGENA Contrariamente a la idea que tenìamos, Cartagena es una ciudad muy extensa, que casi parece estar en una isla, ya que la rodean lagos, lagunas, y el mar. Su parte céntrica, Bocagrande y la ciudad amurallada, son PRECIOSAS. El resto, es bastante pobre y descuidado. En concreto, no es una ciudad para quedarse, sino para recorrer en uno o dos días, como máximo, y seguir viaje. Vendiendo artesanìas por la playa, nos encontramos a dos argentinos (Lili y Oscar) que nos pusieron al tanto de los sucesos en el terruño. Y luego de pasar una vez màs por “la prueba del fuego y el agua” (la asoleada caribeña recorriendo la ciudad a las 2 de la tarde, con la posterior pasada por agua bajo el caribeño aguacero de las 3), volvimos a buscar las mochilas y nos fuimos a tomar el bus hacia Barranquilla. BARRANQUILLA En Barranquilla nos esperaba nuestro amigo Juan Carlos, que nos alojó en su casa por dos días y nos llevò a recorrer parte de la ciudad. Barranquilla también es una ciudad gigante (màs grande aún que Cartagena) y tiene algunos lugares bonitos, pero su “momento” del año es el carnaval, uno de los más famosos del Caribe. El resto del año, también puede recorrerse en un día. Es digna de conocerse su catedral, una de las más hermosas que he visto por su estilo moderno y original (escapa totalmente al prototipo de iglesia). Y también hay una avenida muy linda, la 72 , y barrios de casas muy pintorescas. Un lugar a donde no pudimos ir, pero que hubiera sido interesante, es Bocas de Ceniza, donde las aguas del río Magdalena se mezclan con las del mar. Barranquilla también tiene un puerto fluvial muy importante, y desde el departamento de Juan veìamos pasar enormes barcos hacia y desde el mar. Ah, y hace un calor in cre ì ble!! En lo de Juan Carlos y José Félix (su papá, un profe con mucho para contar) dormimos, nos bañamos, secamos todo lo que había estado dos días húmedo (se imaginan el olor de la carpa), y recuperamos fuerzas para volver al nomadismo. Y en este momento esamos saliendo rumbo a Taganga, un pueblito que nos recomendaron nuestros amigos Nekane y Robert, cerca de Santa Marta. Pasaremos un dìa ahì, luego iremos al parque nacional Tayrona, y después seguiremos rumbo a Venezuela (a propósito, me dijeron que en Venezuela los traileros te llevan a dedo , y que todas las gasolineras tienen pastito para acampar, y baños limpios… jejejeee!!!). ON THE ROAD AGAIN!!! 6月16日 Y LLEGAMOS A PANAMÀ, ÙLTIMO PAÌS DE LA "VUELTA OLÍMPICA" POR CENTROAMÈRICA!!Por suerte, en la frontera de Bocas de Toro apenas se limitaron a sellarnos los pasaportes: si nos hubieran pedido, como al entrar desde Colombia, los 500 dólares en mano y la reserva del pasaje de salida, nos nacionalizábamos ticos. Es que en Sixaola seguramente no encontraríamos un ciber donde imprimir la reserva aérea falsa, y por supuesto que ni a palos tenemos el capital requerido. Cruzamos la frontera, y seguimos haciendo dedo. Mientras tejíamos pulseritas de macramé esperando nuestro Odiseo sobre ruedas, nos pusimos a conversar en Guabito con los abuelos de una niñita llamada Lisa Mari, que nos convidaron con mangos, naranjas, y las guabas más dulces que hemos comido. Las guabas son unas chauchas/vainas que en su interior tienen una semilla recubierta con una pulpa esponjosa y dulce: se abre la chaucha, y se come la pulpa que rodea a las semillas. Como están todas separaditas, es como comer caramelos de esponja. Luego de unas horas de departir amablemente con ellos, finalmente nos llevó un amigo en su camioneta. Un par de trasbordos más adelante, finalmente llegamos a Almirante, donde está el cruce de la carretera que pasa por David y va hacia la ciudad de Panamá. Mientras esperábamos a que se manifestara la solidaridad de algún conductor, echamos a la panza una lata de frijoles y tres panes. Luego de varias horas, Doña Ebelia, la dueña de la refresquería donde estábamos haciendo dedo, nos regaló agua fría, un par de empanadas, y nos convidó unos cafecitos resucitadores. A las empanadas las guardamos para la cena, ya casi resignados a tener que pasar la noche ahí. Pero gracias a la intercesión de Carmín, una mesera local que conoce a la mayoría de los traileros que pasan por la zona, finalmente conseguimos quién nos llevara hasta David. Y así fue como viajamos hasta pasada la medianoche, con Ana Rosa y Rosana (hermana y sobrina de Carmín, esta última de dos años de edad), César –nuestro benefactor- y su ayudante Carlitos. Luego de comprar pollo frito y patacones (tajadas de plátano verde frito, que acá se venden como papas fritas) con gaseosa PARA TODOS –obsequiándonos nuestra primer comida formal del día- , nuestro amigo trailero emprendió el camino por un lluvioso paisaje de montaña en medio de la noche. Como es costumbre, llegamos en mitad de la noche a un lugar desconocido. Pero con compañía: en la garita en que nos dejó nuestro amigo, se quedaron también Rosana y Ana Rosa, con la idea de hablar con los polis de tránsito para que le consiguieran un camión que fuera hasta Panamá. Luego de intentar sin éxito que nos cargan a los cuatro, finalmente –pasadas las tres de la mañana- un trailero solidario se comidió a llevarlas. Luego de que las chicas se fueran, armamos la carpita bajo un techo (esta vez, no en la gasolinera sino en la policía de tránsito) y dormimos tres horas hasta las 6.30, horario en que nos despertó una camioneta de los polis. Esa mañana, luego de varias horas haciendo dedo, sin haber desayunado y casi durmiéndonos parados, nuevamente un trailero amigo nos llevó… DIRECTO A PANAMÁ CITY!!! ÚLTIMA ESTACIÓN: KEYLA, JORGE E ISABEL (esta vez, sin los gatos) Por suerte, llegamos a Panamá de día. Y sin llamar siquiera, seguros de que seríamos bien recibidos, nos dirigimos con nuestra última energía a la casa de los chicos. Aquí finalmente pudimos cambiar cheques viajero por dólares, lo cual implica COMIDA. Y de a poco estamos recuperándonos de tantas noches de poco dormir. También nos aprovisionamos de artesanías, para rearmar el mangueador que tantas veces nos salvó la situación. Y hemos lavado la ropa, que a causa de haberla guardado húmeda olía a muerto. Aquí estamos desde hace un par de días, con la idea de quedarnos un par más. A pesar del mal tiempo cotidiano (todas las tardes caen unos aguaceros que pa`que te digo), tenemos la firme intención de aprovechar la estadía para salir a vender algo o conseguir algún laburito, ya que el dinero que cambiamos va desapareciendo rápidamente. Y AHORA, QUÉ? Antes de comentarles sobre nuestros planes, quiero aclararles algo. Dado que nuestra economía sigue siendo argentina hasta los caracuces, se imaginarán cuál es el estado actual de las cosas; como diría nuestra amiga Diana: “por la plata no se preocupen, porque no hay” (en realidad, suponemos que la que tenemos nos alcanzará justísimo para llegar a Sao Paulo, donde esperamos conseguir algún trabajo). Por eso queremos aclararles, sobre todo a la familia y amigos/as, que no serán tan frecuentes nuestros mails o nuestras entradas de blog. De hecho, ahora pudimos actualizar el sitio y bajar fotos porque Jorge nos prestó su compu, pero ya llevamos dos días de trabajo. Así que, salvo que estén dispuestos/as a organizar un Teletón como el de los polis nica para solventarnos los gastos de internet, no armen escenas virtuales de celos de idishe mame, ni inventen ataques de asma (ejem!), ni manden mails preguntando si nos secuestró la guerrilla, nos comieron los tiburones o nos arrastró el alud. Y DEJEN DE EMBARAZARSE, MAULAS, QUE NO SÈ DÒNDE CATZO VAMOS A METER TANT@S SOBRIN@S AL REGRESO!!! En cambio, pueden seguir contàndonos còmo va todo por allà y en què andan sus vidas, que en el ratito que podemos acceder a la tecnología lo primero que hacemos es revisar los mails. Y tengan paciencia y fe, que si no les escribimos es pura y simplemente por falta de fondos y no de cariño. En cuanto a los planes a seguir, son los siguientes: volar desde aquí a Puerto Obaldía; desde allí tomar la lancha hasta Capurganá, y luego de Capurganá a Turbo (en Colombia, donde ya hay carreteras). Luego ir por la parte norte de Colombia, pasar rápidamente por Cartagena para conocer la ciudad, y seguir hacia Venezuela. En Venezuela, Germán quiere visitar a una gente amiga, así que luego de algunos días cruzaremos a Brasil. En esta parte de Brasil no hay carreteras hacia el sur, por lo que tendremos que tomar una barcaza que baja cuatro días por el Amazonas hasta Belem do Pará (la primer ciudad con carretera), si es que no hay una mejor opción. Nuestro próximo destino es Sao Paulo, donde el amigo Piernas nos espera: ahí veremos si podemos conseguir algún trabajo que nos permita juntar el dinero necesario para llegar hasta Argentina. Es decir: largo camino les queda todavía a estas hormigas viajeras que, aunque a veces quisieran teletransportarse a la Argentina y mandarlo a Almafuerte a la reverendìsima mierda, son cada vez màs concientes de que –como dijera antes- “EL QUE ANDA, SIEMPRE LLEGA”. CAMINO TICO CON EL LOCO LUIS Y EL "CLUB DE LOS TRAILEROS DE BENEFICENCIA"A la salida de Nicaragua fue lo mismo que a la entrada: también para salir tenés que pagar obligatoriamente dos dólares por persona. Siendo todo nuestro capital de aproximadamente 5 dólares hasta llegar a Panamá (donde finalmente podríamos cambiar los cheques viajeros), conseguimos vender un par de pulseritas con las que solventamos el impuesto migratorio. Entrar a Costa Rica fue como volver a casa. Será porque tan bien nos han tratado los ticos, o porque este país nos ha enamorado con su maravilloso paisaje, o porque no es tan evidente el clima de inseguridad y pobreza de los otros países (Nicaragua, Honduras, Guatemala), la cuestión es que respiramos aliviados una vez que atravesamos la frontera. Y finalmente, el destino nos consintió: Luis iba exactamente por el camino que queríamos tomar, que no es precisamente uno de los más fáciles de Costa Rica (va por el interior, y es en realidad una red de carreteras que interconecta pequeñas ciudades). Así que los tres viajamos durante un por de días por la zona del volcán Arenal, donde –a pesar de ser una de las regiones más lluviosas del país- tuvimos un solo día de lluvia. El loco Luis fue, según su propio relato, amigo personal de Pablo Escobar y otros personajes famosos. Y a pesar de que tiene lo necesario para hacer tanto dinero como para “ser socio de Bill Gates” (cuatro buses que le regaló su tío, más todas las maquinarias para instalar una cementera, y también las necesarias para montar una fundición de hierro) la vida no lo ha favorecido con alguien de confianza que pueda asistirlo en semejantes empresas. De todos modos, su economía es lo suficientemente buena como para darles todos los gustos a su única hija y a la madre de esta, comprarles una casa, y regalarle diecisiete caballos a su niña. Y él, que considera que ya ha vivido más de una aventura riesgosa, en realidad se siente más a gusto así, siendo trailero y viviendo con su madre. Nuestro querido amigo llevaba un cargamento de tejas más pesado de lo debido y más largo de lo conveniente, considerando las dimensiones de los puentecitos de esas carreteras de pueblo. De todas maneras, el hombre es precavido así que avanzábamos despacio, lo cual nos permitió sacar fotos a gusto. En medio de la noche y en una de estas angostas carreteras de montaña, Luis casi se nos intoxica con gasolina por un problema mecánico, cuando tuvo que pasarla de uno de los tanques al otro (por si no lo sabían, los camiones tienen dos tanques interconectados). El problema se resolvió y nuestro chofer decidió que era suficiente por esa noche, por lo que –armando la carpita dentro del furgón con tejas- descansamos un poco para retomar viaje por la mañana. Aunque al otro día él seguía eructando gasoil, lo superó rápidamente luego de un opíparo desayuno de huevos revueltos y frijoles con arroz (“gallo pinto”, el típico desayuno tico) en medio de un paisaje de postal del lago, irreal de tan lindo… ES QUE COSTA RICA ES LA ANGELINA JOLIE DE CENTROAMÉRICA!!! Luis también tuvo la amabilidad de, además de llevarnos en su trailer, invitarnos a cenar y a desayunar… y promocionar nuestras pulseritas entre las dueñas del restaurante, Janneth y su hija Marianeth, que con sus adquisiciones nos ayudaron a seguir avanzando. Cuando nos despedimos de nuestro amigo trailero, nos dio una cosita en el alma. BAJO LA LLUVIA POR COSTA RICA Luego de que Luis nos dejara a la entrada del camino al volcán, hicimos varios trasbordos bajo la lluvia… ¿o se pensaban que iba a durar mucho el buen tiempo?. El agüita del cielo, además de aguarnos los planes de conocer al volcán más de cerca, nos lo ocultó todo el tiempo: recién pudimos verle la cara a la mañana del otro día. El viaje en esta parte se puso bastante lento, porque había que ir tomando por distintas carreteras, así que se lo debemos a varias personas: entre ellas, una familia francesa que nos permitió amontonarnos con las mochilas, confirmando que quien no te lleva no es por falta de espacio… y con la que pude descubrir mi sorpresiva soltura para hablar el idioma. Bueno, la cuestión es que luego de la recorrida que fue ardua pero cortita, llegamos en un contexto que –dada su reiteración en el relato, y a fin de minimizar la sensación de autoplagio- de aquí en más nombraremos como “JA!”, abreviatura cínico-optimista de Jodidos y Anegados. Jodidos, porque arribábamos a un lugar desconocido en medio de la noche, y Anegados porque veníamos de largos km bajo el aguacero, y seguía lloviendo(nos). Entonces: llegamos muy JA! a un lugar desconocido, por supuesto, pero como siempre recurrimos a la infaltable gasolinera donde armamos la carpita, bien cubierta con el glorioso plástico que nos regalara el amigo René de Guatemala (que ya venía salvándonos de la mojadera reiteradamente). Chochos de la vida porque en el lugar había una ducha que era una maravilla, nos dimos un bañito desmalaondizador y nos acostamos a dormir oliendo a jabón. Al otro día, finalmente pudimos fotografiar al volcán Arenal echando humito: si a la noche no hubiera estado tan nublado, hubiéramos podido ver también la lava, porque el susodicho está en plena erupción. Tanto, que unos pocos días antes habían tenido que cerrar al turismo una parte de la reserva que lo rodea. La hermosa mañana reincidió, unos pocos km más adelante, en el habitual aguacero. Así que luego de viajar bajo la tormenta que arreciaba, en un jeep que el día anterior había estado a punto de incendiarse porque los fusibles se fundieron cuando les entró el agua, sin limpiaparabrisas y con el techo que se llovía… llegamos a una gasolinera!! Con el espíritu ya templado con tanta agua, decidimos que de aquí en más nos importaría un bledo la incontinencia de la nube. Así que ahí nomás preparamos el almuerzo aprovechando que la gasolinera tenía una pileta con agua corriente y jabón, y luego de engullirlo con cara de “me río de Janeiro” nos pusimos a tejer pulseritas de macramé. JA! Cuando la lluvia menguó salimos, como siempre, a hacer dedo. Y Eric, que se había quedado bloqueado porque más adelante estaba cortada la ruta, se comedió a llevarnos en su camioneta. Así que, envolviendo las mochilas con el plástico de René, nos sentamos adelante sintiéndonos los más capos del mundo. Pero no contábamos con que más adelante, la nube estaba en plena crisis histérica: durante 40 minutos, la lluvia nos redujo la visibilidad a dos metros. Obviamente, cuando Eric nos dejó en… (adivinan?) SIIII!!! LA GASOLINERA!!! nuestras mochilas estaban flotando en el charquito que se les había armado dentro del plástico. Un fiasco total: acá sí que se nos mojó TODO, al menos a mí –a pesar de que tenía todas las cosas en bolsas, como corresponde. Así que, luego de despedimos de Eric, nos dispusimos a armar una especie de stand bajo el techito de la estación, con todas nuestras mojadas pertenencias: calzones, Cd´s, bolsas de dormir, etc etc. Lo único que nos faltaba eran colitas para el pelo: lástima, porque una señora –al ver semejante despliegue- pensó que éramos un mercadito ambulante y vino a preguntarme si tenía algunas para venderle, para su bebé. Los muchachos de la gasolinera nos dejaron armar la carpa, y con las bolsas de dormir y sábana algo húmedas pasamos la noche. Al otro día, un increíble sol nos dio el tiempo suficiente para colgar TODAS las cosas, esperar que se secaran y seguir viaje hacia Limón. Ese día prácticamente no llovió, así que luego de viajar con dos traileros amigos –uno de ellos Giovanni, que nos llevó casi hasta la frontera- pudimos llegar a la zona típicamente bananera de Costa Rica. PAÍS BANANERO En esta parte del país por supuesto no hay “condos” de extranjeros adinerados: casi todas las aguas están contaminadas con pesticidas, y permanentemente surcan el aire los zumbidos de los aviones fumigadores. Largas extensiones de platanales, con sus cachos cubiertos con bolsas azules (para que no los piquen los pajaritos) se ven a los lados de la ruta, y los obreros y obreras van y vienen con sus machetes y sus botas de goma. También van y vienen los vehículos cargadísimos de plátanos. Lo único que parece moverse acá en dirección exclusivamente divergente, es el dinero: las casitas son bien humildes, y la zona de la frontera, en Sixaola, no tiene nada que envidiarle a las zonas pobres de Nicaragua. Por supuesto, la población es mayoritariamente negra. Como nadie nos llevaba por esta carretera bastante desolada, decidimos invertir fuerte una vez más, y pagar un dólar de bus hasta la misma frontera. Llegamos a migraciones a las 17.15: una pena, a las 17 EN PUNTO se va la señora que sella los pasaportes… es decir que literalmente CIERRA la oficina de migraciones en la frontera, lo cual suele dejar varada a gran cantidad de turistas (sin dudas para beneficio de los hospedajes y comederos del lugar). Con sólo dos dólares en el bolsillo, e intuyendo que una vez más la vida nos regalaba la posibilidad de comprobar la bondad intrínseca de los seres humanos, decidimos recurrir a quien nos facilitara un lugar para pasar la noche. ¿La policía? Imposible, estaban muy ocupados. ¿Los bomberos? Tampoco, en este pueblo no hay bomberos. ¿ La Cruz Roja? Ja ja. Recordando a los chapines y a mi hermana, depositamos nuestra fe en Dios y fuimos a golpearle la puerta a doña Clarita, la responsable del Templo Bautista de Sixaola. Doña Clarita nos facilitó la llave del templo y del baño, y nos reforzó la fe con un par de espirales, una botella con agua potable, papel higiénico y un tupper con comida. Así que, luego de lavar ropa, bañarnos y cenar, armamos nuestra camita en el piso con… COLCHONETAS!!!! (quienes conocen de estos trajines, saben que una colchoneta que se precie es el equivalente nómada de un somier). Si no fuera porque los zancudos/mosquitos tenían tanta hambre como nosotros, hubiéramos dormido como angelitos. Pero ya sabemos, la nostalgia está a la vuelta de la esquina: en medio de los zumbidos que desafiaban al humo de los espirales cual aviones kamikazes, el recuerdo de Santa Fe se recortaba en nuestra mente como una sombra en el pleno mediodía.Al otro día, limados de cansancio, finalmente conseguimos cruzar la frontera. NICARAGUA NO ES PA´TODOS… O “EL TELETÓN DE LA FRONTERA Y LA INCREÍBLE AVENTURA DE LOS HIPPIES INFILTRADOS”Luego de un camino bastante arduo –nos tomó casi 6 horas recorrer 20 km- llegamos a la parte más difícil del viaje por Centroamérica: el cruce hacia Nicaragua. Hagamos cuentas: al momento, contábamos con 10 dólares en efectivo -todo lo que nos había quedado desde el hotel en Guatemala, y habiendo descontado un par de buses (en San Salvador y en Tegucigalpa). Para entrar a Nicaragua, tenés que pagar un impuesto obligatorio de 7 dólares por persona. Y para cruzar hacia Costa Rica, el único camino es pasando por Nicaragua. Esperanzados en que pudiera hacerse una excepción, intenté explicarles la situación a los policías de migraciones de Nicaragua que están apostados en la frontera. Pero Germán me ganó de mano con su diplomacia, e intuyendo la negativa de estos a dejarnos pasar, comenzó a insultar a los nicas y a Nicaragua, diciendo que no pensaba pagar un centavo para ver basura en la calle todo el tiempo, que todo es una mugre, que te chorean, que nunca más en su vida piensa venir a este lugar inmundo y que él mismo se va a encargar de decirle a todo el mundo la mugre que es Nicaragua, etc etc. Adivinen qué. A la media hora, con la cola entre las patas luego de confirmar la negativa en la ventanilla en que sellan los pasaportes (donde por supuesto el energúmeno siguió insultando, embrollando cada vez más todo el asunto), tuvo que volver a pedirles disculpas a los polis y rogarles que nos ayudaran para poder cruzar. Los polis, que por suerte son gente, entendieron la situación y nos ayudaron a hacer la vaca… o el Teletón, como le dicen acá a la colecta anual que se organiza entre distintas entidades, con fines benéficos. Así que gracias a la bondadosa intercesión de los Gerardo y Alcides –que además de manguear en nuestro nombre a los automovilistas, nos compraron pulseritas de a dólar- logramos reunir los 14 dólares para entrar a Nicaragua… más 5 dólares de yapa!!! Además de este solidario gesto, los polis NOS UBICARON EN UN BUS QUE IBA DIRECTO A MANAGUA. Así que luego de todo este episodio, emprendimos el largo viaje hacia Managua… CON LA SELECCIÓN NACIONAL DE BEISBOL DE EL SALVADOR!!! Viajamos con los muchachos (que iban a jugar un amistoso al otro día) en medio de uno de esos aguaceros tan típicos de Nicaragua, donde durante 15 minutos pareciera inminente el Armageddon. Y llegamos algún lugar de Managua (a donde iban los chicos)… ya entrada la noche, en medio del aguacero, y sin un lugar donde dormir. ¿Escena repetida? Noooo, qué va: el famoso tiempo circular de los incas!! Pero como siempre, el lado bueno de la humanidad salió en nuestra ayuda: la señora del polideportivo donde se alojaron los muchachos, nos habilitó una habitación con baño!!! Así que, tras la seguidilla de sucesos de la tarde, terminamos durmiendo en el polideportivo del estadio nacional de beisbol de Managua, duchados, comidos, y en una cama. Al otro día, salimos rumbo a la frontera con Costa Rica. De ida y de vuelta, la misma historia con el histriónico carácter del clima nica. Luego de sudar como esclavos bajo un sol abrasador, una nubecita sospechosa empezó a cubrir la imagen del volcán de la isla Ometepe en el lago (estropeándonos la foto). A los 10 minutos, empezó a soplar el típico vientito de tormenta; 5 minutos después, un recio aguacero acompañado de toda su parafernalia de rayos y truenos nos obligó a esperar que escampe. A los 20 minutos, el sol salía nuevamente. Moraleja número uno: nunca te confíes de un día soleado en Nicaragua. Moraleja número dos: en Nicaragua, cuando pensás “parece que va a llover”… ya es demasiado tarde. Moraleja número tres: si te agarró la lluvia, ni te molestes en correr -sentate y esperá que pase, y aprovechá a ponerte filtro solar porque en media hora te estás achicharrando de nuevo. En Rivas, una vez que pasara la lluviecita, el loco Luis (apodado así cariñosamente por nosotros), nuestro trailero amigo, nos llevó… HACIA LA FRONTERA, Y MÁS ALLÁ!!! HONDURAS A LA VUELTA Y NUESTROS AMIGOS SALVADORESA pesar de que nuestra intención fue siempre tomar la ruta litoral, o del Pacífico, para atravesar Centroamérica de regreso, el destino se empecinó en llevarnos nuevamente por la Panamericana. Llegar a la frontera ya casi de noche y con apenas 5 dólares, fue una de sus maneras de persuadirnos: eso era un tumulto de camiones entrando y saliendo, gente vendiendo cosas, y barro. Pero ya casi deshauciados por la falta de un lugar donde armar la carpa, tuvimos la suerte de que Juan nos llevara en su camioneta. El sueño de Juan es recorrer con sus amigos toda Sudamérica hasta Argentina, en moto (tiene una Harley Davidson 800cc, si mal no recuerdo). Así que todo el viaje vinimos hablando de las formas en que podría concretar su sueño, y de los obstáculos que podría encontrar de camino. Juan estuvo haciendo una pasantía en Chile y se quedó con ganas de recorrer Argentina, ya que sólo pudo conocer Mendoza. El amigo iba hasta la misma Tegucigalpa, con lo cual se desviaba de la ruta litoral. Finalmente, decidimos seguir con él, ya que tan bien veníamos charlando (en realidad, venían charlando con Germán, ya que yo a esa altura estaba exhausta de tantas noches maldormidas y con un estado nauseoso más que interesante de tanta natilla y frijol refrito). Admitámoslo, amigos, amigas: no sólo la carpa está sintiendo el trajín del camino. También nosotros, luego de casi un año de nomadismo, empezamos a añorar un lugar donde apoyar nuestros culos durante más de una semana, una cama limpia donde dormir todas las noches, un baño con ducha asegurada todos los días, un vaso de agua fría cada vez que hace calor. Y es que una cosa es viajar en bus, sentarse a comer tres veces al día y dormir en hoteles, y otra muy distinta es viajar confiando en la buena predisposición de la gente (que muchas veces tarda más de un par de horas en manifestarse), comer cuando donde y como se puede, y pasar la noche al aire libre (“dormir” generalmente suena muy pretencioso, ya que a las 5 de la mañana comienzan a encenderse los motores de los camiones a nuestro alrededor). La ventaja de esta última modalidad es que REALMENTE se empieza a valorar al agua potable como un bien preciado, a la comida como algo sagrado, y a la caridad del ser humano como lo que verdaderamente nos salva diariamente de perecer, o nos da esperanzas para seguir adelante. Considerando esto, no es de extrañar que decidiéramos desviarnos dos horas para ir a dormir a donde sabíamos que estarían contentos de recibirnos: a lo de Luis y Mildred, nuestros queridos amigos del Hospitality Club en Tegucigalpa. Evidentemente, nuestras caras lo decían todo; apenas llegados, Luis me preparó un tecito de manzanilla que me curó automáticamente de todos los malestares digestivos, y –en un gesto de suprema solidaridad- el amigo y compañero de dpto. de Luis (cuyo nombre nos olvidamos, muy mal) nos ofreció su cama para que podamos recuperar nuestras horas de sueño. Así que esa noche… DORMIMOS EN UN SOMMIER!!!! Al otro día, ya bastante recuperados, volvimos a retomar la ruta rumbo a Nicaragua. La carretera desde Tegucigalpa hasta el cruce con la ruta del Pacífico es de sólo 100 km, pero los buses no tienen aquí ningún apuro. Es más, los pasajeros locales se tomaban el viaje con un espíritu tan de excursión a la playa, que ni siquiera sentía una que tuviera argumento para reclamarle al chofer por las cuatro horas de camino y la parada “a descansar”. Así que mordiéndonos los codos y con el estómago retorcido de la ansiedad, llegamos a la ruta casi de tardecita… cuando cualquier mochilero sabe que es casi un principio ético no viajar de noche. Por suerte, un señor muy amable que venía en su camioneta nos llevó hasta una gasolinera a 20 km de la frontera, donde decidimos bajarnos de urgencia ante la tormentaza que se avecinaba. Ahí por suerte tenían techito, y las chicas del drugstore nos regalaron agua caliente y azúcar para tomar unos tecitos de cena. Así que una vez más, zafamos del aguacero y pasamos la noche, despertando al otro día en medio de los bocinazos enfermizos de los buses que comenzaban a salir. AL FIN: POR EL SOL (DE EL) SALVADOR...Al otro día, obviamente bajo la lluvia, salimos rumbo a El Salvador. Es que no queríamos dejar Centroamérica sin conocer este país, aunque en realidad no hemos conocido todos ya que nos faltó Belice ( dicho sea de paso, y perdoname gordi por la ignorancia, hasta hace un mes ni siquiera contábamos con que existía un país con ese nombre en Centroamérica). Luego de un inconveniente geográfico –el típico comedido que al final te deja re a trasmano de la carretera que tenés que tomar- nos levantó nuestro amigo trailero, Juan José. El Juanjo, además de llevarnos hasta la frontera bajo un aguacero constante , nos salvó la noche: luego de invitarnos a cenar, nos ofreció para dormir el camarote de su camión (un Freightliner con cama cucheta) ya que era imposible conseguir un lugar seco para armar la carpa. Al otro día, nos despedimos de Juanjo y seguimos nuestro camino. VOLVIENDO AL MUNDO DEL SOL Ya entrados en El Salvador, el horizonte se nos despejó en el sentido más literal: un hermoso cielo azul nos acompañó durante todo el camino, inclusive hasta cruzar Honduras. De todos modos, apenas si nos detuvimos en un mercado al borde de la ruta, a la altura del desvío a San Vicente, para almorzar una panzada de…. PUPUSAS SALVADOREÑAS!!! Antes de contarles lo que son las pupusas, debo aclararles que de la frontera con Bolivia hacia el norte, ya es evidente la importancia del maíz en la cultura latinoamericana. En Bolivia y Perú se cuece el grano para acompañar los chicharrones (carne refrita), generalmente de chancho, o directamente se vende como CHOCLO en los buses; se fermenta con agua para hacer la CHICHA –bebida alcohólica infaltable en todas las fiestas; se cocina como crema dulce en forma de API (maíz morado), o TOJORÍ–una especie de mazamorra bastante líquida; se muele y se cuece envuelto en hojas de parra, luego de rellenarlos con carne, para hacer los TAMALES; se emplea la HARINA para amasar panecillos, galletas o masa de empanadas. En Colombia ya casi no se utiliza de esta manera salvo los TAMALES DULCES O SALADOS y los ELOTES (choclos), pero en cambio sí se utiliza la harina de maíz para preparar unas tortillitas gruesas (de 1 o 2 cm de alto) que se asan y luego se rellenan con queso, y se acompañan con carnita y café negro: son las AREPAS, típica comidita colombiana. En Colombia también se prepara una bebida con sabor a chocolate (como cacao) pero hecha con maíz tostado. Ya en Centroamérica, la harina de maíz se utiliza para hacer ATOL DULCE O SALADO (ver entrada de blog de Honduras), y TORTILLAS -una especie de panqueque de maíz con el que se acompaña todo tipo de comida, a manera del pan en Argentina. Estas tortillas también se rellenan con distintos ingredientes (carne, ensalada, queso, encurtidos, frijoles) para preparar TACOS, BURRITOS , ENCHILADAS, y EMPANADAS como las que nos invitó a comer el Edgard en Guatemala . En El Salvador, la típica comida con maíz son las PUPUSAS: una especie de arepa muy amasada, cocida al fogón o frita, que se rellena con frijoles, queso, o chicharrón, más “encurtido” ( una especie de ensalada de repollo con bastante vinagre). Las pupusas, además de riquísimas y sanitas, son super baratas y llenadoras: 25 ctvos de dólar cada una, y con tres de ellas te podés dar por almorzada. Otra de las geniales ideas culinarias latinoamericanas que incorporaremos a nuestra dieta en cuanto tengamos una cocina que no sea portátil. Retomando el hilo del relato: pasamos por San Salvador en bus (desde donde nos dejó el trailero amigo, hacia la otra salida a la carretera, para seguir haciendo dedo) así que no fue mucho lo que conocimos. De todas maneras, es evidente que El Salvador está un poco mejor que Nicaragua, y la ciudad es bastante bonita y llena de árboles. Luego del fugaz paso por tierras salvadoreñas, cruzamos nuevamente a Honduras. GUATEMALA A LA VUELTA: NUESTRO NORTE ES EL SUR!!Recapitulemos: el “modus operandi” del viaje, sobre todo en este momento, es viajar a dedo y dormir en la carpa. Y llovía. Pero sólo serían tres o cuatro días más, hasta que pasara la tormenta-huracán Alma. Con lo que no contaban nuestras húmedas Esperanzas era con que el Caribe también tiene sus exabruptos: Arthur vino a dejarlas como unas estúpidas, haciéndolas aún más similares a las hermosamente descriptas por Cortázar (bibliografía recomendada: Historias de Cronopios y de Famas). Es decir: desde que salimos de Guate, JAMÁS DEJÓ DE LLOVER(nos) EN GUATEMALA. Y si bien no pudimos disfrutar del “ser” chapín, sí disfrutamos en cambio del “ser” más acabado del clima centroamericano, y pudimos intuir con mayor certeza lo que es un huracán. Amigos y amigas santafesinas, retrotraigámonos a mediados de abril del 2003. Pero en vez de lentos ríos de llanura como el Salado o el Paraná, que discurren entre planicies sin dobles intenciones… ambientemos la geografía con cauces que vienen bajando de 3000 metros de altura y laderas que se recortan en ángulo recto sobre las carreteras. Ergo: el caos era total. Caminos cortados, derrumbes por todas partes, gente evacuada, ríos que se tragan todo lo que encuentran a su paso. Afortunadamente, nuestra catástrofe personal, de tinte económico, ya nos había obligado a descartar la visita al lago Atitlán: el periódico del día mostraba una foto en la que una gigantesca cascada (de esas que cuando no es temporada de lluvias parecen residencia de ninfas, rodeadas de florecillas y trinos de aves) se engullía la carretera que lleva hacia el lago. Aguerridamente, cuando la lluvia daba algún respiro salíamos a la ruta a hacer dedo. En una de estas oportunidades, un mecánico llamado Alex que en este momento ya debe estar en Los Ángeles (viajaba en los próximos días), se identificó con nuestra situación y NOS REGALÓ PLATA!!! (sí, nosotros tampoco podíamos creerlo) para tomar un bus antes de la siguiente catarsis del cúmulo nimbo. De todas maneras, tuvimos la suerte de que a poco nos levantaran, así que Alex terminó auspiciando nuestras dos siguientes comidas. Trasbordando reiteradamente, volvimos una vez más por la “carretera de la muerte” y pasamos otra vez por “Alaska” bajo un aguacero aún peor de lo que había sido a la ida, y en plena noche. Quien nos condujo por tan macabro paisaje fue el valiente René González, a quien debemos además nuestra noche de hotel. En el viaje, las mochilas –que iban en la parte de atrás de la camioneta- sufrieron su primer gran chapuzón. Sumado al estado de mojadez absoluta, el hecho de que llegamos a destino a la medianoche sensibilizó a nuestro benefactor: el buenazo de René nos acompañó a buscar hotel –que no fue nada fácil a esa hora, con esa lluvia, y en un pueblo como Amatitlán (al que optamos por ir, para saltear la caótica Guate). Y también nos regaló un gigantesco plástico negro, que nos salvó de la mojadera el resto del viaje. No conforme con tantos gestos de buena voluntad, René terminó pagándonos el hotel, ya que el señor que nos atendió no estaba en absoluto dispuesto a cambiarnos los 10 dólares que nos quedaban. Sin palabras. DESTINO FINAL...MÈXICO!!Recuperados de la volcánica aventura, retomamos el caminito de hormiga. Y aquí viene la parte más asombrosa de nuestro viaje, donde empezamos a comprobar hasta què punto mienten las noticias, y de què manera se ha instaurado el temor en la gente... que no es capaz de ver el lado bueno de los seres humanos!! Haciendo dedo en Quetzaltenango, un señor que no podía llevarnos paró a REGALARNOS DINERO para que nos tomemos el cole, argumentando que ese lugar es muy inseguro porque roban bastante. Aceptando del regalo de la Divina Providencia, tomamos un bus por toda la plata... que nos dio el señor, ya que en ese momento nuestro efectivo –al margen de la donación- rondaba los 50 dólares para llegar hasta Chiapas. Bajo la lluvia, para variar, seguimos haciendo dedo como pudimos. A las dos horas, bastante deshauciados ya, pasó finalmente NUESTRO TRAILERO AMIGO!!! Con él hicimos la ruta más parecida a la famosa “ruta de la muerte” de los Yungas, en Bolivia: una carretera de montaña casi sin señalización, a 3600 metros de altura, con una neblina que no permitía ver a tres metros y un fresquete que te calaba los huesos. Es que pasábamos por un sector ilustrativamente conocido como “Alaska”, la parte más fría de la carretera más peligrosa de Guatemala, donde el asfalto de los sectores más altos está permanentemente en reparación, deshecho por los frecuentes deslaves, y la carretera se transforma en lodo. Entrada ya la noche, y bajo el aguacero que no daba tregua, nuestro trailero nos dejó en la gasolinera a la entrada de Huehuetenango. Allí, doña Gabriela nos permitió cocinarnos nuestra sopita en el drugstore (se imaginan que no pasaba absolutamente nadie) y nos habilitó las duchas de los empleados para armar la carpita y pasar la noche. Así que pasamos la noche… EN UN BAÑO!!!! Por suerte, porque sino nos hubiéramos congelado con el frío húmedo de la madrugada. Y es que Guatemala, a pesar de estar en Centroamérica, es bien fría en su zona central, debido a la altura (es muy montañosa); cosa que nos obligó a habilitar nuevamente los pulóveres, medias, y gorritos de lana. La lluvia no descansó en toda la noche. De acuerdo a lo que contaban los periódicos, la tormenta tropical Alma, que asolaba a Nicaragua y Honduras con terribles inundaciones, había mutado en huracán grado 1… pero también decían que el tiempo estaría malo por tres o cuatro días más, por lo que la esperanza de un futuro luminoso –literalmente- nos acompañaba en el camino. Así que, mojados y todo, seguimos haciendo dedo. Tras varios trasbordos, arribamos finalmente a La Mesilla, ciudad fronteriza entre México –Chiapas- y Guatemala. La idea era llegar a San Cristóbal de las Casas, donde nuestros amigos Damián y Fede (con quienes convivimos náufragamente en Puerto Obaldía) están trabajando y ganando buen dinerillo. Pero México, como Panamá y Nicaragua, no tiene abiertas sus puertas a todos los ciudadanos del mundo. REBOTÍ, REBOTÁ Y FINALMENTE LLEGAMOS A MÉXICO, PRIMERA PARADA DEL CAMINITO DE HORMIGA!!!!! (recuerden que la hormiga pega la vuelta por el Este) Una vez completada la forma de migraciones, el señor mexicano nos dice en el familiar tono matón de todo burocratita mediocre: “cuando salgan deben abonar 23 dólares cada uno en concepto de DNI” ¡¡¡¿¿¿¿23 DÓLARES CADA UNO, DIJO???!!! ¿¿¿ EN CONCEPTO DE QUÉ??? “De DNI, no lee acaso en el papel?” PERO… QUÉ SIGNIFICA PARA USTEDES DNI?? “Declaración de No Inmigrante, señorita” AAAAAAAHHHH…. En Argentina, son las siglas de Documento Nacional de Identidad… Sea lo que fuere, había que pagar y no teníamos cómo. Así que ahí nomás le dijimos al susodicho que pare las rotativas, anule nomás la entrada, hasta aquí llegó mi amor, si te he visto no me acuerdo, a otra cosa mariposa, cada carancho a su rancho (para los lectores extranjeros: estas son todas frases argentinas que significan “ya fue”, otra modalidad argentina para indicar rechazo por una situación y/o desentendimiento de ella). Cual María Marta Serra Lima, o Luis Miguel (según la preferencia del público), dimos La Mediavuelta y nos fuimos como el sol cuando muere la tarde. Previa documentación fotográfica del suceso, obviamente, tampoco es cuestión de que no quede asentado que llegar, llegamos. Y volvimos a los caminos de Guatemala: como para ir viendo por dónde, en la frontera nos expropiaron 10 dólares de multa por entrar otra vez sin que se hayan cumplido las 72 hs de salir del país. GUATEMALA A LA IDAGUATEMALA A LA IDA
Con el corazón contento por haber podido conocer las ruinas de Copán, y sobre todo porque había sol, emprendimos el camino hacia Guatemala, el país de los mayas contemporáneos. (Y tanto, que en muchos lugares aún se hablan diferentes dialectos derivados del idioma de los antiguos mayas.)
A poco de encarar la ruta nos llevó el amigo Edgar, un trailero guatemalteco que regresaba a su casa en la capital. Edgar es amante del fútbol (deporte no muy común en centroamérica, donde se practica más el beisbol), y sobre todo del fútbol argentino: su sueño es ir a la Argentina a ver un partido en la bombonera. Así que ahí nomás hicieron amistad con mi cumpa, y a poco de viajar nos invitó a comer un par de “empanadas guatemaltecas” (una especie de tortilla de maíz rellenas con queso o con frijoles volteados –preparados con cebolla y tocino-, y bañadas con salsa picante). Manjar que nuestros estómagos engañados vilmente con un medio almuerzo cada uno, recibieron como Moisés al maná. Así que, mientras yo me dedicaba a roncar en el camarote con la panza llena y el corazón contento, piloto y copiloto departían amistosamente acerca de todos los chusmeríos de la AFA.
Eran casi las 9 de la noche, lloviznaba, había refrescado muchísimo, y ya ibamos entrando en la capital de Guatemala (Guate, para los “chapines” –apodo de los guatemaltecos, como “ticos” para los costarricenses, o “nicas” para los nicaragüenses). Germán y yo no teníamos ni donde caernos muertos, literalmente. Y el buenazo de Edgard, atento a la situación, nos ofreció pasar la noche en su casa y presentarnos a su familia: llamó a su esposa, Erica, y le encargó que cocine “unos frijolitos volteados y unas tortillitas con huevos estrellados y natilla” (típica cena chapina). Otro caso de gente copada: levantar en la ruta a dos mochileros extranjeros, darles de comer, llevarlos a destino, y encima invitarlos a conocer su familia y a pernoctar en su casa... Y DESPUÉS NOS QUIEREN ASUSTAR CON QUE LA RUTA ES PELIGROSA!!!
Después de cenar y charlar con su esposa e hijito (David), nos bañamos y dormimos calentitos y seguros, y al otro día llamamos a nuestro supuesto anfitrión del Hospitality Club… pero no todas son rosas en el HC. Y nuestro anfitrión desapareció rápidamente, dejándonos en banda. Así es que ooooooootra noche nos quedamos en lo de Edgard.
Lamentablemente, por culpa de la tecnología que no siempre està al servicio de la humanidad, se nos perdieron las fotos de esta maravillosa familia!!! UFAAAA!!! L
Al otro día, pegamos una breve recorridita por el centro de Guatemala para sacar algunas fotos, y desayunamos en el mercado. Pedimos un atol , pero triste fue nuestra sorpresa al constatar que el atol chapín es una especie de sopa de maíz con chile, a diferencia del atol nica que es –como les contara- una crema de maíz dulce cocida con canela y clavo de olor. Y como corresponde, lo acompañamos con un chuchito, que es nada más ni nada menos que un tamalito con carne de pollo. Luego de tan autóctono desayuno, recorrimos un poco el centro, que tiene algunos lugares bonitos, y volviendo en el bus aprovechamos para conocer más la ciudad.
A propósito: Guate es gigante; a semejanza de las otras capitales de centroamérica, el peligro sísmico la ha hecho crecer más en extensión que en altura, por lo que el paisaje es de casas entre los cerros. Y esto ha hecho también que termine por fagocitar a otras ciudades pequeñas de alrededor, como la zona de Mixco (cerca de donde vive Edgard), donde el clima es bastante frío, diferente al de la propia capital.
LOS VIAJEROS DEL TIEMPO: HACIA GUATEMALA ANTIGUA Y UN OSCURO PASADO
Desde Guate rumbeamos a Antigua Guatemala, la ex capital del país que debió ser mudada por el parkinson telúrico (léase: terremotos), lo cual fue una suerte para la arquitectura del lugar, que fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Al igual que otras ciudades con similar espíritu, como Sucre, conserva intactos sus edificios más viejos. Es más: para hacer una reforma en cualquier casa, primero hay que consultar a un equipo de arqueólogos, arquitectos, historiadores y hasta al mismo Apolo.
A semejanza de otras ciudades, decíamos, también está toda cuidadita y ambientada con lugares especialmente destinados a los turistas (restaurantes, casas de souvenirs, barcitos, posadas, etc). Da gusto pasear por sus callecitas pintorescas, ver pasar las camionetas de negros cantando a capella y acompañándose de maracas y tambores, o escuchar en la plaza a la banda del pueblo tocando al atardecer para los paseantes. También aquí está lleno de turistas pero, a diferencia de Cuzco (por ejemplo) el espíritu es más tranqui, menos frenético, más de relajarse y departir que de embriagarse y juerguear.
Como turistas de bajo presupuesto, el único inconveniente que nos presentan estos sitios es que no tenemos dónde armar la carpa, lo cual significa gastos de alojamiento obligatorios. Por suerte, entre tantos lugares tan caros, encontramos uno super barato (ATTENTI LILI!!!): la Posada Ruiz, que tiene habitaciones dobles con baño compartido a 5 dólares la noche, y donde se puede lavar la ropa (a mano, obvio), cocinar, y… DUCHARSE CON AGUA CALIENTE!!!!
En Antigua nos enteramos del oscuro pasado de Guatemala: una profunda sangría de los campesinos, mediante una guerrilla que –al igual que el ejército nacional- les robaba las tierras, los masacraba o, en última instancia, los obligaba a enrolarse o morir. Todo esto, con el auspicio de UFCO (United Fruits COmpany), una poderosa compañía frutera que subvencionó sendos gobiernos militares chupaculos, y cuyo capital era de origen…. A VER, QUE EN ESTA SE PUEDEN GANAR EL VIAJE A BARILOCHE!!! Adivinan??? SIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!! ESTADOUNIDENSE!!!! (Mierda con estos gringos dañinos, les juro que hasta ahora una venía ejercitando el espíritu zen, pero acá empecé a odiar a esta lacra humana.)
Y no hace falta mucha sagacidad para darse cuenta de que Guatemala ES los campesinos: la principal producción en todo el país es frutihortícola. Recorriendo su geografía es evidente la ausencia de industrias de gran envergadura –salvo en Guate, pero salta a la vista la extensión de los cultivos (sobre todo, de maíz y caña de azúcar, y de hortalizas), al menos en los lugares por donde anduvimos nosotros. Obviamente, en Guatemala los campesinos son -como en el resto de Latinoamérica, salvo en Argentina- de origen indígena. Lo cual implica que esta guerra civil que desangró al país durante décadas, fue dirigida fundamentalmente hacia los propietarios de las tierras y de la riqueza cultural del país.
Como suele ocurrir, este conocimiento nos ayudó a resignificar otros: Guatemala es el único país donde encontramos un organismo oficial llamado “Secretaría de la Paz”, y la invocación a Dios es una constante. Paseando por Guate, es posible ver tres iglesias por cuadra (les juro que no estoy exagerando en absoluto), por supuesto en su mayoría evangelistas o protestantes o testigos de Jehová, y TODOS los vehículos tienen pegada al frente, en el parabrisas, una calcomanía con frases tipo “REGALO DE DIOS” “GRANDE, SOLO DIOS” “JESUCRISTO ES VIDA” “DIOS ME ACOMPAÑA” “JEHOVÁ ES MI PASTOR” etc etc etc. Da la impresión de que la religión ha sido a esta gente (salvando las abismales diferencias en cuanto medios) lo que la política ha sido a los nicas: la posibilidad de superar la guerra y la opresión, reconstruir al país, y reconstruírse.
En Guatemala, nos acostumbramos a agradecerle a la gente diciendo “que Dios lo/a bendiga”, desearles a los traileros (camioneros) “que Dios los acompañe”, comentar que “Dios proveerá” y pensar que “será lo que Dios quiera”.
LAVA A LA VISTA!!!
Como les contaba, Antigua debe su pasado movidito - del cual quedan pintorescas ruinas por toda la ciudad- a los reiterados terremotos. Y estos deben su origen a la inquieta actividad volcánica: baste con decirles que en sus cercanías hay dos volcanes en actividad; el Pacaya y el volcán de Fuego (a este último no se puede acceder porque está en erupción). Cosa que decidimos comprobar con nuestros propios ojos; es más: nos empecinamos en que queríamos ver lava, qué tanto. Y es que no podíamos irnos de la vulcánica Guatemala (que tiene la mayor cantidad de volcanes en actividad de toda América, si es que no me equivoco) sin conocer un volcán!!
Así que decidimos invertir fuerte (jejeje) y pagar un tour (u$s 7 cada uno, más 4 de entrada al parque) para hacer algo que nunca me hubiera imaginado que haría en mi vida: ESCALAR UN VOLCÁN EN ACTIVIDAD!!!
Todo muy lindo: pagada la platita, el minibús te busca por la puerta del hotel, y en medio de una mayoría angloparlante hacés un viaje de una hora y media hacia la reserva del volcán Pacaya. Ahí un guía (o un enjambre de niños al bajar del bus) trata de convencerte de que alquiles un palo (tal como les digo!!!), un simple y descascarado palo pelado, para subir al volcán. En realidad esto parece una engaña pichanga, en términos argentinos, pero en definitiva es útil ya que el camino es MUY duro (aunque en realidad conviene alquilárselos a los pibitos, que lo cobran cuatro veces menos que el guía del bus).
Nosotros elegimos ir con el grupo de la tarde (hay dos horarios: a la mañana bien temprano, para ver amanecer en el volcán, y a la tarde, para ver atardecer). Decisión no muy inteligente, ya que se nos pasó por alto que acá SIEMPRE LLUEVE POR LA TARDE. Es decir que a menos de media hora de caminata por una cuesta ascendente a 60° de 3km de largo, una lloviznita tenaz nos advirtió que todavía faltaba lo mejor. De todas maneras, somos gente prevenida: sacamos pilotín, arremangamos los pantalones, y seguimos caminandito cuesta arriba, escoltados por los locales a caballo que ofrecían su montura a la voz de “TAXI, TAXI!”.
A los 40 minutos, nuestra dignidad de caminantes internacionales estaba chorreante de sudor y lluvia helada, y revolcada en el barro que se mezclaba con la pura mierda equina; al kilómetro y medio decidimos descartarla para aligerar el peso y parar a descansar. Pero nuestros pulmones apenas si tenían oxígeno para las piernas, lo cual nos sumía en un estado de semi-descerebración donde sólo había un objetivo: caminar. Todo era camino por la jungla; bah, “camino” es un decir, ya que en realidad por donde había una senda marcada, ahora corrían sendos arroyos creados por la lluvia torrencial.
Con el último suspiro, finalmente llegamos a la zona volcánica propiamente dicha. Menos mal: Germancito, hombre epicúreo y de adrenalina abundante, ya comenzaba a bardearlo al guía porque el oxígeno le escaseaba, los pantalones le chorreaban, las patas se le resbalaban (se había ido en sandalias, el único calzado sano con que cuenta al momento[1]) y la lava no aparecía. Y vuestra servidora se encontraba en una especie de nirvana de la anoxia, sintiendo que el corazón y los pulmones se le desprendían del cuerpo y que en lugar de gemelos ahora tenía dos sólidas rocas. Pero a unos escasos 200 metros EN DESCENSO!!! se veía un neblinoso páramo de piedra volcánica oscura e irregular. Hacia allí nos dirigimos con renovado entusiasmo.
La piedra volcánica, sépanlo, es una especie de cúmulos de vidrio molido y luego pegoteado; es decir: si la tocas, te punza o te corta (no demasiado, pero lo suficiente) y ni te digo si llegás a resbalarte y pegar con una parte del cuerpo descubierta –entiéndase rodilla, codo, etc. Recordemos que Germacito estaba en sandalias, y ninguno de los dos había considerado conveniente invertir en el alquiler del famoso palo.
A nuestro paso, las piedras crujían pero no por nuestras pisadas: es que debajo de la piedra, si uno metía el palo, podía descubrir lava hirviendo. Lo mejor de todo es que, muertos de frío como veníamos, empezamos a recuperar un poco de temperatura. Pero a la vez esto dificultaba la orientación: la lluvia se evaporaba apenas caída, transformándose en una niebla que a veces hacía difícil ver a 2 metros de distancia.
Y así, caminandito y tratando de no limarnos -en el sentido más literal- con las piedras de vidrio molido negro, llegamos a la mejor parte: una gigantesca roca que se deslizaba a velocidad de tortuga, desprendiendo a su paso material incandescente. Y más arriba, un arroyito de lava al que no te podías acercar a menos de 5 metros, tanto era el calor que irradiaba. El resto, véanlo en las fotos.
Cual chino en vacaciones, los tapes se colgaron tres horas a sacar fotos y filmar. Cuando nos dimos cuenta, ya no veíamos ni al guía, ni a los compañeros, ni mucho menos nos dábamos una idea, en ese páramo, de cuál sería el camino de regreso. Por suerte pudimos ubicar a los gritos a unos compañeros, y emprendimos el regreso. Ni les digo lo que fue, luego de cruzar penosamente el pedrerío filoso, la subidita de 200 metros que una hora antes había sido una felíz bajada.
En definitiva: ya casi de noche, tanteándonos entre el aguacero, resignados al barro, las patas limadas por las piedras en las zapatillas o en el camino y sumergidas hasta los tobillos en el barro con caca de caballo, los derrapes con culipatín en los senderos inundados, y la incertidumbre acerca del camino correcto (recuerden que habíamos perdido al guía), avanzando como pudimos fuimos llegando a destino.
NOTA PARA TODOS LOS VIAJEROS QUE VAYAN AL VOLCÁN PACAYA (Lili, para vos!!):
TRATEN DE IR FUERA DE ÉPOCA LLUVIOSA. LLEVEN PILOTÍN O PILOTO O CAPA, LINTERNA, CALZADO CERRADO Y CON BUENA SUELA, CARAMELOS Y BOTELLITA DE AGUA (para recuperar energía por el camino). ALQUILENLE UN PALO A LOS CHIQUIS DEL PUEBLO. Y RECUERDEN QUE EL QUE ANDA, SIEMPRE LLEGA. Si van en época no lluviosa, lleven repelente y protección para el sol.
En el viaje nos hicimos amigos de Lucca, un italiano compañero de hotel que viajaba junto a Danielle, otro italiano que –muy apropiadamente- decidió quedarse a leer y a dibujar (estudia arquitectura) en vez de ir al volcán. Luego de darnos un baño de agua caliente que fue una bendición, y ya oliendo a jabón y con la ropa seca, entre los cuatro nos tomamos un sopón resucitador digno del Dr Frankestein. Estar con ellos fue casi lo mismo que estar con compatriotas, y nos sirvió para darnos cuenta de nuestra verdadera identidad.
Al otro día nos dedicamos a dormir, inspirados por el aguacero que no aflojó en todo el día. Y a la mañana siguiente, antes de que se despertara la nube, salimos otra vez a la ruta con la intención de conocer el lago Atitlán de paso para Mexico.
[1] Exceptuando un par de zapatos de cuero crudo, que tiene para vestirse de gente. 6月9日 LA HORMIGA DE LAS HONDURASAlma, una tormenta tropical que a los pocos días se transformaría en un huracán grado uno, fue nuestra fuente de inspiración para retomar con ansias el camino. Una persistente lloviznita primero - con diferentes intensidades según el día-, y un desolador aguacero después, nos acompañarían todo a lo largo de la panamericana hasta México. Pero gracias a la solidaridad de la gente, en general pudimos mantenernos en un estado que no llegó nunca a “pollo mojado”, sino que osciló apenas entre “húmedos” y “medios mojados”. Desde que salimos de Managua, la imprevisibilidad corrió pareja a nuestro poder adquisitivo en una relación inversamente proporcional, llevando nuestro espíritu zen –o nihilista, según el día- a su máxima expresión. Pero también la solidaridad de la gente se fue acrecentando a medida que disminuían nuestras reservas económicas, y eso ha hecho que este trayecto del viaje sea para nosotros un claro ejemplo de que las noticias mienten. Y vaya de esto el primer ejemplo: a poco de salir de Managua, un trailero (camionero) que iba hacia Honduras nos invitó a merendar un atol de maíz, que es una especie de polenta de maíz blanco, preparada con leche, canela, clavo de olor y azúcar (RECOMENDADA!!!). Y esa misma noche, una bondadosa gente nos salvó de la inminente pasada por agua facilitándonos, para pernoctar, una casa casi abandonada que compartimos con 400 pollitos y su cuidador. Mientras nuestros 401 momentáneos convivientes permanecieron en la habitación contigua, nosotros armamos la carpa en el comedor, y así dormimos todos calentitos, seguros y secos. También pudimos ver otras caras de Nicaragua: el paisaje del norte de que es sumamente seco, y ahí se hace evidente lo difícil que es la supervivencia en esa zona. Y la gente que aún comenta con tono triste “Lamentablemente, en Nicaragua nunca habrá otro hombre como él” (¿Como Sandino?, preguntamos inocentemente) “Como Somoza”, completa devastadoramente nuestro interlocutor. Y agrega “En esa época sí que estábamos bien, todos marchaban derechito, la juventud era educada…” (“pero Somoza dejó una tasa de analfabetismo de casi el 50%”, refutamos tímidamente). “Y bueno, pero todo andaba bien, además, tampoco se le puede pedir todo al gobierno”. Ajhá. ¿Les suena a los clamores por “mano dura” de nuestra derecha nacional, o al “acá tendrían que volver los milicos” de algunos argentinos sesentones? EL REINO DE LAS HONDURAS Llegamos a Honduras gracias a un amigo que nos llevó a Tegucigalpa, y que en camino tuvo la onda de esperarnos como una hora hasta que los del banco decidieran cambiarnos un cheque viajero (no se imaginan la aventura que puede ser un trámite bancario tan simple, en algunos países). Honduras debe su nombre a su montañosa geografía, donde las “honduras” y las “alturas” hacen una sierra continua llena de pinares (ocotales) en el sur, y de selva en el norte. Como nos dijera un trailero, aquí “los barcos chocan con los trenes, y los aviones con los autos” (cosa sobradamente confirmada por un reciente accidente en el aeropuerto de Tocontín, donde un avión de Taca aplastó a varios vehículos). Pero Tegucigalpa tiene un espíritu similar al de la mayoría de las grandes ciudades latinas: ruidosa (estruendosa!!!!), contaminada, media feota, neurótica. Fue arrasada en gran parte por el huracán Mitch hace un par de años, por lo que muchos edificios históricos se han perdido, así que no es mucho lo que queda por ver. Por suerte, en Tegu nos esperaban nuestros amigos Luis (del Hospitality Club) y Mildred, futuros viajeros por latinoamérica (pero de norte a sur). Ellos nos hospedaron durante un par de noches, y Luis aprovechó a practicar trekking con mi mochila, como para ir templando el espíritu. Luego de recuperar fuerzas y bañarnos, partimos con rumbo al Caribe hondureño. En el camino, pasamos por el lago de Yojoa: ahí nos dejó nuestro trailero de ocasión, siguiéndose de largo unos cuantos km de su destino. Luego de un tour que nos improvisara otro señor de la zona, donde nos mostró los miradores más lindos, almorzamos frente a una vista preciosa del susodicho lago y los volcanes. A diferencia del lago, el Caribe fue un fiasco: apenas si llegamos hasta una de las ciudades más grandes (Tela), que tiene unas playas sin ningún atractivo. Pero dada nuestra falta de dinero, no pudimos visitar las playas más lindas, el parque nacional, las aldeas garífunas (donde viven los descendientes de los africanos), ni las islas, todas ellas paradisíacas según nos comentara la gente que nos llevaba. Para peor, no había siquiera un lugar donde armar la carpa (lo cual nos obligó a invertir nuestro escaso efectivo en un cuartucho de morondanga), y el aguacero estaba cada vez más entusiasta. LAS RUINAS DE COPÁN Con tantos motivos para seguir viaje, rumbeamos hacia las ruinas mayas de Copán. Llegamos de noche, obviamente con lluvia, y –en el que sería el debut de un novedoso modus operandi- pasamos nuestra primera noche de “carpa bajo techo” en una gasolinera (estación de servicio). Y QUE ME PERDONE LA JESI, pero debo confesarlo: la carpa también está sufriendo los efectos del prolongado nomadismo. Ya se han quebrado varias varillas –por supuesto, vueltas a restaurar gracias a la oportuna intervención del Dr Nacho- y perdido varias estacas; también han perecido los cierres con el salitre de la brisa marina –Germán los arregló, para zafar del dengue y la malaria. Y todo esto hace que nuestra vivienda sea especialmente vulnerable a los aguaceros tropicales. En Copán, el arquéologo Oscar Cruz, director del complejo, tuvo la bondad de dejarnos entrar a precio local (100 lempiras -5 dólares-, frente a los 25 dólares del precio para extranjeros). Y gracias a eso pudimos conocer este lugar increíble, que –según Germán- les pasa el trapo 10 veces a las ruinas incas. La escultura y arquitectura de Copán son im pre sio nan tes (y se los dice alguien que solamente ve piedras donde el resto de la gente ve “un maravilloso vestigio de una civilización increíble”). El sitio está muy bien organizado, limpio, tranquilo, con sobradas referencias sobre los monumentos, con infraestructura suficiente para el visitante (baños, bar, lugares para sentarse, etc), y tiene una orientación claramente ambientalista y conservacionista . En ese lugar se preserva a las guacamayas, que son alimentadas para que no se vayan –son super mansitas- y también a las estructuras talladas –se han sacado muchas para ponerlas bajo techo en el museo, y en su lugar a la intemperie, se han puesto réplicas. Y es que parece que Copán pereció como centro urbano maya debido a la superpoblación: la tala de todos sus bosques para hacer leña, y la gran cantidad de gente que se había asentado en la zona, hizo que el suelo se erosionara y ya no produjera. Y así es que se tuvieron que mudar. Una cosa interesante es el hecho de que en Copán hay varias ciudades literalmente “superpuestas”: aparentemente, cada rey (vitalicio, obviamente) hacía construir otra ciudad sobre la ciudad anterior, y así es que los arquéologos se encontraron con varias canchas de pelota superpuestas una sobre las ruinas de otra, y lo mismo con la mayoría de los edificios. El único que zafó fue el templo bautizado como Rosalila, que se había erigido en honor al maíz, y que por eso decidieron no enterrar sino incluirlo dentro de otro templo (los arqueólogos se lo encontraron armadito perfectamente). Y otra es que los mayas cubrían la piedra de los edificios con estuco, y los pintaban de colores brillantes (imitando a las guacamayas, que para ellos representaba al dios del Sol). Así que revisen las fotos, e imagínense esos edificios pintados como el templo Rosalila… un festival pa´ la vista!!! A propósito: el partido de pelota no era como un fulbito cualquiera, en equipo y con destreza, y con la copa para el ganador. Era a morir, había que “pelotear” unas estructuras puestas arriba, a los lados de la cancha (con forma de cabeza de guacamaya), y al ganador … lo sacrificaban en honor a los dioses. Cuác. Chochos de la vida de habernos encontrado con los mayas, seguimos por el caminito rumbo a la verdadera tierra maya… Guatemala!!! 5月24日 LAS DOCE DE CENICIENTA -DE REGRESO A LATINOAMÉRICALa entrada a Nicaragua fue casi un shock cultural. Acostumbrados ya a la ostentación de los condominios y los vehículos último modelo, los restaurantes y bares preciosamente decorados para el turista, los grandes carteles ofertando en inglés propiedades ribereñas con magníficas vistas, las ciudades restauradas para la fotografía, los hipermercados y centros comerciales –en fin, el glamour “hollywoodense-tropical” de las costas de Panamá y Costa Rica… Volvimos a los mercados caóticos, las doñas sirviendo almuerzo en la calle, la mugre inveterada en los espacios públicos, la pobreza , y -lo realmente bueno- el presente de un pueblo que, a pesar de todo, sigue resistiendo. En la frontera con Costa Rica ya es evidente el cambio: la pobreza salta a los ojos, y no es una pobreza de casa semiderruída pero en pleno casco histórico, como en Panamá, o de pueblo pescador. Es una pobreza de ranchos y basural, como la que exhibimos en Argentina. Aunque vale una salvedad: triste “pobrezómetro” argentino, los chiquis aspirando bolsitas con pegamento tampoco acá se ven, afortunadamente (casi estoy llegando a creer que es una “exclusividad” de nuestras grandes ciudades). Saltándonos el turismo de Granada y Masaya –quedan para el regreso-, fuimos directamente a Managua. Managua es caótica y sórdida como toda capital latinoamericana, extremadamente caliente y lluviosa, pero llena de una historia dura y digna: a diferencia de sus vecinos del sur, Nicaragua tiene un pueblo que resistió firmemente la invasión –diplomática, militar, comercial, etc- de los estadounidenses. En la tierra de Rubén Darío, la Madre y la Patria son valores eternos e intocables.
LAS LUCHAS DE LOS NICAS El famoso Augusto César Sandino –un campesino-obrero, traicionado y asesinado a fines de los ´40- es el héroe de esta lucha sostenida básicamente por las familias campesinas, donde los combatientes trabajaban el campo de día y de noche combatían en la montaña, descalzos y con granadas hechas de latitas de sardinas… y el enemigo era el mismo ejército nacional con armas provistas –cuándo no- por los estadounidenses. En definitiva: otro capítulo más de la historieta “pacificadora y unificadora” de los gringos contra los pueblos pacíficos y unidos. Por supuesto que esto determinó el masivo éxodo de los campesinos hacia los barrios pobres de las grandes ciudades, derivando en un presente de carencias y desempleo. Todos conocemos de memoria cuál es el destino de los “bandoleros” (término que lucía una foto, al pie de la cabeza de un sandinista que colgaba en manos de un general yanqui) que no aceptan vivir democráticamente, como los justos gobiernos estadounidenses imponen.
LA MODA DEL TERREMOTO No suficiente con esta hemorragia interna, Managua fue también epicentro del célebre terremoto de 1972, cuyas consecuencias son todavía evidentes: grandes espacios verdes son lo que queda de las antiguas zonas céntricas de una moderna ciudad que parecía indestructible, y una catedral totalmente rajada (uno de los 3 edificios que resistieron el terremoto) da cuenta de esto en el viejo casco. 60000 edificios destruidos y 10000 muertos, y la gran tarea de la reconstrucción: todo, en 60 segundos. Las personas afectadas pasaron a vivir en ranchos y casuchas… les resulta similar a la reciente historia de Pisco, en Perú, o de los inundados santafesinos? PERO NO, NO SEAN IMAGINATIVOS!!!
EL PUEBLO BOLIVARIANO A PLENO!!! En nuestro paseíto por lo que queda de la antigua ciudad, nos encontramos con una escena conocida pero casi olvidada: cientos de ranchos improvisados frente al Palacio de la Presidencia, con gigantescas ollas humeantes, y grupos de hombres muy humildes conversando entre ellos. Virtual ausencia de mujeres. Ante nuestra interrogación, los hombres nos cuentan que son campesinos afectados por pesticidas ilegales (en los países ricos, no así en las republiquetas sudacas de gente descartable) utilizados por las bananeras en los ’90, que llevan 12 años de lucha y un año de presencia en ese lugar para que se les reconozcan las correspondientes indemnizaciones, que hubo gente que murió, cáncer, malformaciones, enfermedades respiratorias y de la piel, etc, que se contaminaron ríos y tierras, que los gobiernos anteriores los dejaron solos frente al poder de las bananeras, y que por suerte parece que este gobierno les va a dar una mano porque está más cerca del pueblo… También esta historia les parece conocida? Peeerooo!! No me van a decir que le ven alguna relación con las curtiembres del norte santafesino, porque cualquier semejanza con Nicaragua seguramente es pura coincidencia!! Todo esto, sembrado de carteles de ong´s sobre la igualdad de género, la prevención del VIH, y el uso del condón… Margaritas a los chanchos. En el hotelito donde nos alojamos -que en realidad era un telo (tema aparte los personajes y ambientes de este lugar, una preciosura para la escena, el sainete perfecto!!)- un viejo desdentado y rengo con una camiseta de color imposible que provocaba “Who cares about status?” (“A quién le interesa el status?”), nos empapó en política nacional y nos contó sobre su participación en el ejército revolucionario. Es que tanto duró la guerra en este país (la última, casi 10 años) que seguramente todos, de manera directa o indirecta, han estado luchando. Y se percibe que en general, las y los nicas están bastante politizados. Una historia de supervivencia, la de esta gente. Con otra muestra en nuestro camino hacia el norte, donde nos encontramos con un paisaje desolador de tan seco, y fuimos alojados por un en una casa del pueblo de Ocotal, por una gente que se las rebusca criando pollos (mención teatral a la pernoctada en compañía de 400 pollitos bebé y su cuidador). Luego de semejante chapuzón de resistencia antiimperialista, con renacido fervor bolivariano seguimos nuestro camino hacia Honduras.
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